Él, un aguacil mayor de nombre Luis, un Venegas de cuya familia hablamos en este blog.
Hijo del señor de Luque, D. Pedro Venegas y de doña Inés de Solier hija de Martin Fernández de Córdoba señor de Lucena y Espejo.
Ella, de nombre Mencía, una Gutiérrez de los Ríos ¡Nada más y nada menos! Hija del caballero veinticuatro D. Diego Gutiérrez de los Ríos, descendiente de uno de los conquistadores de la ciudad y de doña Juana de Quesada y Bocanegra.
Ambos casados y sin descendencia reconocida se disponen a fundar en 1499 un convento en parte de las casas donde vivían en el barrio de San Pedro, recibiendo el nombre de "Regina Coeli, Reina de los cielos" fundado por las dominicas.
El convento se vio sacudido por multitud de acontecimientos a lo largo de los años que iremos contando aquí, ¡Pero empecemos por el principio!
Ese mismo año dispusieron testamento nombrándose recíprocamente albaceas junto con el Prior del convento de San Pablo. disponiendo ser enterrados en el convento de Regina Coeli con el habito de Santo Domingo. ¡Para su mantenimiento! Dejó unas casas en los marmolejos
Una superficie de 1440m², hace esquina con la calles Regina y la Palma, dotándolo para su mantenimiento de unas casas que dejarían en alquiler en la calle Marmolejos, la que hoy se llama Rodríguez Marín.
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| Convento visto desde el cielo Fotografía propiedad de Paco Muñoz |
Como doña Aldonza de Caycedo, de la nobilísima casa de Caicedo en Vizcaya, y emparentada con la fundadora del convento, viuda del noveno señor de Torres Cabrera, profesó en Regina Coeli y también dos de sus hijas: Leonor y María.
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| Fuente del patio |
Fueron comprando casas linderas para ampliarlo como se demuestra en las notas que existen en los archivos del monasterio de los Jerónimos...
Por ejemplo el 28 de junio de 1510 doña Teresa de Godoy, priora de las monjas dominicas hacen un trueque, bajo el beneplácito del prior de San Pablo fray Domingo Melgarejo, de unas casas situadas en la calle Valderrama con el caballero Alonso Diaz de Vargas a fin de que éste le otorgue unas casas que lindan al convento.
También profesó María de Torquemada, hija de Luis Hernández de Ayllón y de Leonor de Torquemada, vecina en Santo Domingo, puesto que es su voluntad ser monja profesa en el monasterio de Regina Coeli, otorga a la priora Catalina de la Cuerda como dote unas casas en calle de la Feria entre los Caldereros.
También recibirán ingresos por tierras y casas que fueron alquilando para sufragar sus gastos: Como el 11 de Enero de 1517 la priora del monasterio Catalina de Siena, y las monjas, arriendan a Antón Martínez, aladrero y vecino en San Lorenzo, unas casas en dicha collación, calle de Buenosvinos por 600 maravedíes y un par de gallinas vivas de renta anual.
El 19 de agosto de 1517, Alonso López de la Cal Maestra y su mujer Leonor Jiménez de Alcázar, vecinos de Santa Marina, venden al monasterio de Regina Coeli unas casas en la collación de San Andrés, calle de los Cedros, por 21.000 maravedíes.
En 1532 recibía Regina Coeli por doña Leonor de las Infantas 140 fanegas aproximadamente, en el cortijo de Pradena, en la campiña de Córdoba, cerca de Castro del Río.
O como muestra la cantidad de pagos, rezos y regalos que recibían. Las monjas de Regina Coeli habrían de rezar a diario y perpetuamente los salmos de penitencia por las almas de los fundadores, sus padres y antepasados; además, después de la misa mayor diaria, debían decir un responso sobre las sepulturas de ambos fundadores. Como por ejemplo por D. Pedro Gonzalez de Hoces, señor de la Albaida, veinticuatro y vecino de San Andrés que ¡Qué por lo que se ve! No tenía muy claro el ir al cielo porque dispuso en su testamento:
" (...) le recen los salmos un año en Santa Isabel de los Ángeles, otro en Santa Clara, otro en Santa Inés, otro en Santa Cruz, otro en Santa María de las Dueñas, otro en Regina Coeli, otro en la Concepción, otro que se los rece sor Ángela, monja en Santa María de Gracia, otro en ese mismo monasterio las religiosas (...)
Entre 1661 y 1663 el convento de Regina Coeli se vio implicado, junto con otros conventos cordobeses, en la acuñación de monedas falsas. Resulta muy llamativo que el único imputado fuera un niño llamado Joaquín de tan solo diez años. Este hecho surgiere la influencia y protección de la que gozaban las ordenes religiosas y que aún perdura.
En 1804 la epidemia de fiebre amarilla en la ciudad fue una catástrofe con la muerte de más de 1500 personas en Córdoba, obligando a tapiar calles y casas con la gente dentro...
En aquellos tiempos se conocía como vómito negro, originaria de Suramérica, entraba por los puertos marítimos en los moquitos que venían escondidos en las mercancías...
El punto cero estuvo en una familia que vivía en la Calle Almonas, hoy Gutiérrez de los Ríos, recordemos que era una de las arterias comerciales de la ciudad.
Visto como se propagaba la enfermedad, el alcalde de la ciudad, Agustín Guajardo Fajardo, no "se anduvo con chiquitas" envió a algunos hombres para que tapiaran a "Cal y canto" ¡Nunca mejor dicho! Ya que realmente eran las calles tapidas con cantos de piedra y luego encalados para aislar la enfermedad... Dejando a los habitantes confinados asistiéndolos con comida que les era entregada por unos tornos. ¡¡Para que hablen la gente del coronavirus!!
En el convento de Regina Coeli murieron 14 monjas y las restantes fueron trasladadas al convento Scala Coeli, situado en la sierra cordobesa, hasta que de nuevo las calles fueron abiertas.
Hasta que en 1804 por disposición del obispo Trevilla ¡¡El que prohibió la Semana Santa en la ciudad!! (Pero eso ya lo contaremos otro día)
El convento es desocupado, ampliado y dedicado a hospicio y casa de misericordia y posteriormente queda como cuartel de la Guardia Civil.
Años después es creado la primera Escuela Subalterna de Veterinaria, cuyo director fue D. Enrique Martín Gutiérrez, embrión de la maravillosa facultad que tenemos hoy en día.
Más tarde, parte del convento y ya trasladada la escuela veterinaria, se convirtió en casa de vecinos llegando a albergar la iglesia una fabrica de telas, almacén de tocinos y hasta bodega.
Al acercarse a la iglesia, el visitante accede por una sencilla puerta situada en el muro norte. Aunque hoy se encuentra bastante deteriorada, la portada aún deja ver su antigua riqueza decorativa: un arco con pequeñas figuras y motivos vegetales que evocan el estilo renacentista. Sobre él, dos pequeños ángeles parecen resistir el paso del tiempo.
El interior sorprende por su sobriedad. La iglesia tiene una sola nave rectangular, encalada en blanco, aunque en su origen estuvo cubierta de pinturas, de las que todavía quedan leves restos. A los pies se encuentra el coro alto, separado por una delicada celosía de madera. Antiguamente se accedía a él por una estrecha escalera de caracol, hoy muy deteriorada.
Si se observa con atención la portada, aún pueden distinguirse dos escudos con la cruz de la orden dominica, recordando que este convento perteneció a una comunidad femenina de dicha orden. Entre ellos, un pequeño nicho vacío sugiere que en otro tiempo albergó una imagen.
Uno de los elementos más llamativos es la cubierta de madera. Se trata de una armadura de tradición mudéjar, ricamente decorada con formas geométricas basadas en estrellas de ocho puntas. Este tipo de decoración, minuciosa y repetitiva, crea un efecto visual muy característico, donde se entrelazan influencias islámicas y renacentistas.
En la parte superior de los muros, aún se conservan restos de decoración pintada: rosetas y cartelas de vivos colores que nos hablan del aspecto original del templo en el siglo XVI. En la cabecera destaca una cartela mayor con la cruz de Santo Domingo, reforzando la identidad del lugar.
Finalmente, una inscripción recorre parte del edificio, aunque el paso del tiempo ha borrado muchas de sus letras, dejando su mensaje incompleto y envuelto en misterio.
El Convento fue inscrito como Bien de Interés Cultural (BIC) en el Catálogo del Patrimonio Inmueble de Andalucía en 1979.
Fuentes consultada:
Falsificación de monedas en conventos cordobeses en 1661 por Javier de Santiago Fernández 1997 *Universidad Complutense- Fundaciones conventuales femeninas y Querella de las Mujeres en la ciudad del siglo XV por María del Mar Graña Cid-Monasterio los Jerónimos B.- AHPC, Clero, leg. 3592. Inserto en el nº 2025-





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