En tres tiempos se divide la vida: En presente, pasado y futuro; de éstos el presente es brevísimo, el futuro dudoso y el pasado cierto... (Lucio Anneo Séneca)

miércoles, 29 de febrero de 2012

D. Alonso de Aguilar y su muerte hecha romance







En los primeros meses del año 1500, los Reyes, todavía no tenían claro qué hacer con sus vasallos musulmanes.
Así que lo más importante en ese momento era reprimir los focos de rebelión surgidos tanto en la Alpujarra como en otros lugares de la sierra andaluza.

Todas esas revuelta ocurrieron a causa del bautizo de los vecinos del Albaicín  en Granada, incluyendo ahora a los musulmanes residentes en las alquerías de la Vega y a los rebeldes de Guéjar, que estaban obligando por la fuerza, y ésto fue principalmente lo que hizo prender la hoguera de la rebelión...

Por esas mismas fechas, el corregidor de Ronda prohíbe a los vecinos de la ciudad que se desplacen a la Serranía ya que los moros del Albaicín habían enviado mensajeros a tierras de Málaga para instigar a los mudéjares a que se levantaran contra los cristianos, aunque demasiado tarde ya que la revuelta había prendido en varios puntos de la comarca rondeña.

Por ello, El rey Fernando, ordena al conde de Cifuentes, que marche a la serranía de Ronda en compañía de don Alonso de Aguilar,  nuestro ilustre paisano, y el conde de Ureña, con tropas de las casas respectivas y las milicias de Sevilla, Jerez y su comarca; organizando una batida por la sierra creyendo que sólo con su presencia todo quedaría desbaratado...

El campamento del ejército cristiano se instala en Monarda, junto a un gran arroyo que lo separaba de los moros rebeldes... El desastre sobreviene al anochecer del martes 18 de marzo de 1501...
La personalidad de D.Alonso de Aguilar y que en este blog dejamos su historia,  y los acontecimientos que sucedieron aquella noche con el resultado de su muerte darían lugar a un romance.
Según cuentan:
Se dio orden de que nadie cruzara el arroyo porque era ya noche oscura y la sierra poco conocida por ellos... Unos cuentan que fueron provocados por los mahometanos con gritos que llegaban hasta el arroyo cuando dos o tres hombres toman una bandera y cruzan el arroyo para subir en busca de los moros que aguardaban en la ladera opuesta.
Otros, sin embargo cuentan, que algunos de los cristianos se dispersaron para robar los enseres de los sublevados... Realmente, nunca sabremos que fue lo que ocurrió aquella noche y por qué algunos hombres desatendieron las ordenes dadas.
El caso es que tras ellos fueron D. Alonso de Aguilar con sus hombre, Don Pedro Girón y la gente de Morón...
Hicieron los moros tal estrago que don Pedro Giron y otros, se volvieron hacia el campamento ya que en éste habían encendido hogueras para que pudieran dirigirse de nuevo a él sin perderse, por ser noche tan cerrada, dejando a D. Alonso y sus hombre solos.
En la refriega perecen el de Aguilar y la mayoría de sus hombre, que se vieron acorralados por los rebeldes y sin ayuda de sus compañeros.

Fueron muchos los que culparon al conde por no haber socorrido a Don Alonso que hasta una copla le cantaban:
                                                Decidme conde de Ureña
                                              ¿Don Alonso dónde queda?

Su muerte también quedó reflejada en el libro de "Catalogo de los Obispos" cordobeses constando así:
Los moros de Granada se revelaron y el Alcayde de los Donceles y D. Alonso de Aguilar corrieron pronto a sosegarlos.
Esta empresa fue fatal para D. Alonso, pues queriendo socorrer a unos cristianos, entró en sitio muy estrecho de Sierra Bermeja y aunque obligó a retirarse a los mahometanos, le cogió la noche en la sierra.
Los enemigos sabían que tenia pocos hombres y como se conocían aquellas montañas, le acometieron por todas parte. Incluso, algunos de sus hombres, le aconsejaron que se retirarse, pero su invencible ánimo escogió morir antes batallando que volver la espalda con deshonor a su gloria militar... Y así le dieron tantas heridas que quedó su cuerpo desfigurado y a penas se pudo conocer el cuerpo al día siguiente.
Sucedió la desgracia de éste héroe tan famoso el dieciocho de Marzo de 1501 mientras que su hermano, el Gran Capitán. triunfa en Nápoles con imponderable valor y fama.

Éste es uno de los romance del Señor de Aguilar, un hombre intrépido y osado con nada que envidiar a su hermano, don Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán.

                                                                         ***


Estando el rey don Fernando en conquista de Granada,

donde están duques y condes y otros señores de salva,
con valientes capitanes de la nobleza de España,
desque la hubo ganado, a sus capitanes llama.
 Cuando los tuviera juntos, de esta manera les habla:
-¿Cuál de vosotros, amigos, irá a la sierra mañana
 a poner el mi pendón encima del Alpujarra?-
Mirábanse unos a otros, y ninguno el sí le daba,
 que la ida es peligrosa y dudosa la tornada,
y con el temor que tienen, a todos tiembla la barba,
 si no fuera a don Alonso que de Aguilar se llamaba.
Levántose en pie ante el rey; de esta manera le habla:
-Aquesta empresa, señor, para mí estaba guardada,
que mi señora la reina ya me la tiene mandada.
- Alegróse mucho el rey por la oferta que le daba.
Aun no era amanecido don Alonso ya cabalga
 con quinientos de a caballo, y mil infantes llevaba.
Comienza a subir la sierra que llamaban la Nevada.
 Los moros que lo supieron ordenaron gran batalla,
y entre ramblas y mil cuestas se pusieron en parada.
La batalla se comienza muy cruel y ensangrentada;
porque los moros son muchos, tienen la cuesta ganada
aquí la caballería no podía hacer nada,
y ansí con grandes peñascos fue en un punto destrozada.
Los que escaparon de aquí vuelven huyendo a Granada.
Don Alonso y sus infantes subieron a una llanada;
aunque quedan muchos muertos en una rambla y cañada,
tantos cargan de los moros, que a los cristianos mataban.
Solo queda don Alonso, su compaña es acabada:
pelea como un león, mas su esfuerzo vale nada
 porque los moros son muchos y ningún vagar le daban.
En mil partes ya herido no puede mover la espada;
 de la sangre que ha perdido don Alonso se desmaya.
Al fin cayó muerto en tierra, a Dios rindiendo su alma;
 no se tiene por buen moro el que no le da lanzada.
Lleváronle a un lugar que es Ojicar la nombrada;
allí le vienen a ver como a cosa señalada.
Mírale moros y moras, de su muerte se holgaban.
Llorábale una cautiva, una cautiva cristiana,
que de chiquito en la cuna a sus pechos le criara.
 A las palabras que dice, cualquiera mora lloraba:
-Don Alonso, don Alonso, Dios perdone la tu alma,
que te mataron los moros, los moros de la Alpujarra.
no se tiene por buen moro quien no te daba lanzada.
Lloren todos como yo, lloren tu muerte temprana,
llórete el rey don Fernando, tu vida poco lograda,
llore Aguilar y Montilla tal señor como le matan,
lloren todos los cristianos pérdida tan lastimada,
llore ese gran capitán pérdida tan señalada,
que muerte de tal hermano razón es, la gima y plaña:
que tu esfuerzo tan crecido esta muerte te causara.
Dechado tomen los buenos para tomar noble fama,
pues murió como valiente, y no en regalos de damas;
murió como caballero matando gente pagana.
Y estas palabras diciendo otra vez se traspasaba.
Llegó allí un moro viejo, la barba crecida y cana:
-No quiera Alá-, dijo a voces -a ti más ofensa se haga.-
Echó mano a un alfange, la cabeza le cortara,
tomóla por los cabellos, para su rey la llevaba, diciendo:
-Tal caballero esforzado y de tal fama,
no es justo siendo muerto, que tal baldón se le haga.-
El rey moro que lo vido, gran pesar de ello cobrara;
el cuerpo manda traer de allí donde muerto estaba.
Enviólo al rey don Fernando, y la cabeza cortada;
el rey hubo gran placer en que muerto le cobraba,
que puesto que allí muriera, su fama siempre volaba.


Y aquí termina la historia de nuestro insigne caballero don Alonso de Aguilar eclipsado por la figura heroica de su hermano.

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día


Fuente:
La "Conversión general" en el Obispado de Málaga  (1500-1501) de José Enrique López de Castañer - Juan del Encina- D. Alonso de Aguilar de J Edwards-Fotografía recogida de Internet de el blog de acebedo - Romance recogido en depts.washington.edu/hisprom/optional/balladaction.phpigrh)

miércoles, 22 de febrero de 2012

D. Alonso de Aguilar, el contestatario cordobés.






Mientras Navarra, Aragón y Castilla luchaban por los derechos dinásticos, nacía en Montilla pueblo de la provincia de Córdoba D. Alonso de Aguilar el primogénito de la unión de Pedro Fernández de Córdoba y Aguilar V señor de Aguilar de la Frontera y de Priego de Córdoba y una de las hija del señor de Pedraza de la Sierra, doña Elvira de Herrera y Enríquez, sobrina de Juana Enríquez  segunda esposa del rey D. Juan de Aragón.

Eran muy pequeños los tres hermanos: Alonso, Leonor y Gonzalo cuando sufrieron la perdida de su padre, quedándose doña Elvira con la tutela de sus hijos y de su patrimonio declarándose dueña en nombre de sus hijos de las casas familiares dando poder a Ruy Fernández de Peñalosa para que tomase posesión en su nombre de las Villas de Aguilar, Montilla, Priego, Cañete, Castillo de Anzur, Monturque y Barcas y para instalar en sus Castillos alcaides leales.
D. Alonso con apenas 8 años de edad, tomó posesión directa el 2 de Mayo de 1455 de Montilla y su Castillo con su madre como administradora de las propiedades de la Casa de Aguilar y tutor en su educación su tío D. Pedro Fernández de Cárcamo, señor de Aguilarejo y esposo de su tía materna doña María de Herrera.
Cuando muere su madre doña Elvira apenas tiene 17 años el señor de Aguilar cuando se encontró con una enorme herencia señorial... 
Poseyendo además de las casas de Córdoba, Cañete, Paterna, Aguilar, Monturque, Priego, Castillo de Anzur, Montilla, Víllar de Don Lázaro, Castro Gonzalo, Belvís y Ovieco, grandes olivares, viñedos, y molinos de pan y de aceite, hornos de pan, tintes, tiendas, mesones, ventas, casas, silos, bodegas, lagares, caballerizas, etc...  Lo que le hizo tener un gran poder adquisitivo y político.

En aquellos tiempos recaía por ley toda la herencia y bienes en el primogénito de los hijos, en este caso a don Alonso de Aguilar que sabiendo que sus padres faltaban fue generoso con sus hermanos...
A doña Leonor le procuró un buen casamiento con su primo Martín Fernández de Córdoba y de cuyo matrimonio nació Diego, el primer marqués de Comares y también famoso por ser el que capturó a Boabdil "El Chico". Pero eso déjame que te lo cuente otro día.
A su hermano D. Gonzalo con apenas quince años lo envió a la Corte de Ávila sufragando todos sus gastos, le hizo paje del Arzobispo Carrillo que por aquel entonces se encontraba aliado de Isabel la Católica; en la corte de la Princesa Isabel, destacó en los juegos y con las armas y nada hacía prever Gonzalo eclipsaría su trayectoria personal.

El de Aguilar fue hombre de carácter indómito entre otros cargos fue Alcalde mayor y Alcaide de Córdoba, de Alcalá la Real y de Antequera, asimismo participó en todos los hechos más importantes en su época.
Durante toda su vida D. Alonso de Aguilar mantuvo una gran rivalidad, herededada desde luego de su padre con su tío el Conde de Cabra.
Por lo visto la rivalidad comenzó cuando su tío, el hermano de su padre, D. Alfonso IV señor de Aguilar, casado con Leonor de Arellano murió sin descendencia, dejando el señorío de Aguilar en herencia a su padre que todavía era un niño y que su tío reclamaba como suyo.
Los dos representaban ramas principales de la frondosa casa señorial de los Fernández de Córdoba y llevaban años disputándose villas cordobesas que entendían que eran suyas y no del contrario, y para rematar mucho más la inquina que ambos se tenían, ésta se avivó a causa de un casamiento frustrado...
Don Alonso estuvo a punto de casarse con la octava hija de su tío, llamada doña Francisca Carrillo de Córdoba pero la boda se deshizo por influencias de don Pedro Girón , maestre de Calatrava y al final se casó con doña Catalina Pacheco, hija del Marqués de Villena.
La alianza de Alonso de Aguilar y los Pacheco fue de importancia para la explicación de los conflictos de después vendrían entre las diversas ramas de la Casa de Córdoba.
Un motivo más de enemistad del Conde de Cabra hacia su sobrino ya que había dejado a su hija compuesta y sin novio...
Alonso contrae matrimonio a los 29 años con Catalina Pacheco con quien tuvo cinco hijos: Pedro, que llegaría a ser Marqués de Priego; Francisco, Señor de Almunia; Luisa, de la que no se sabe nada, Elvira y María, ambas religiosas.
Aunque también tuvo varios hijos ilegítimos que los historiadores sepan, al menos cuatro a los que más tarde le daría su apellido, como en el caso de Pedro Nuñez de Herrera, hijo bastardo que don Alonso de Aguilar y una esclava morisca que daría mucho que hablar, al llegar a ser el primer Bailío de Lora y dueño de la casa del Bailío. Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.

Durante años se cristalizó en intensificadas luchas de poder entre ambos rivales, originando un verdadero estado de guerra entre los súbditos de estos señores los cuales cometieron mutuamente, toda clase de robos y atropellos...
Con los conflictos de sucesión de Enrique IV gran sector de la nobleza descontenta con sus acciones forzaron a éste a proclamar a su medio hermano el heredero y por lo tanto príncipe de Asturias a pesar de desposeer de ese derecho a su única hija Juana de Castilla, llamada por sus enemigos "La Beltraneja" ya que decían que el rey Enrique era impotente y por lo tanto le achacaron el embarazado a Beltrán  de la Cueva valido del rey.
A pasar del movimiento del rey la nobleza seguía descontenta y en 1465 las cortes se reunieron en Ávila derrocando a Enrique IV y proclamando a Alfonso que no era más que un niño con apenas doce años.
Y como era de esperar Córdoba, al igual que todo el reino, se dividieron en dos bandos. Siguiendo a Alfonso se encontraba Don Alonso de Aguilar, Luis Méndez de Sotomayor, señor de El Carpio, el Alcaide de los Donceles, y el hijo de Luis Portocarrero, señor de Palma del Rio, además del bando de Don Alonso lo componían representantes de la pequeña nobleza cordobesa, los Cárcamo, de las Infantas, Hoces, Páez de Castillejo, Angulo y parte de los Aguayo con sus escudero y criados.
Quedaron leales a Don Enrique, el Conde de Cabra, el mismo Luis Portocarrero, Martín Alfonso de Montemayor, Señor de Alcaudete, el Obispo de Córdoba,  Elga Venegas, señor de Luque y Fernando de los Ríos.
Los alfonsistas controlaban la misma Córdoba, Aguilar, El Carpio, Belmez, Fuenteovejuna, Lucena, Espejo, Chillón y Santa Eufemia.
Lo seguidores del rey Enrique dominaban Cabra, Iznájar, Rute, Zambra, Castro del Río, Montoro, Montemayor, Villa del Rio. Pedro Abad, Almodóvar del Río y Palma del Río.

Entretanto y con motivo de la elección del nuevo Obispo de Córdoba D. Pedro de Córdoba y Solier, aquel que fue hermano de los comendadores que murieron a manos de un marido celoso de lo que ya hablamos hace tiempo en este blog, y que era partidario de Don Enrique IV y por lo tanto rival de la Casa de Aguilar, los hijos del Conde de Cabra, Diego y Sancho, y todos los canónigos que reunidos en el Cabildo estaban festejando la elección del nuevo Obispo D. Pedro.
Al enterarse D. Alonso de la celebración y con la excusa de que el Obispo era partidario del Rey Enrique y el Conde de Cabra, irrumpió en el Cabildo apresó a los hijos del Conde y a algunos canónigos mandando a sus hombres que los llevaran a su fortaleza de Cañete de las Torres. 
Al Obispo, D. Pedro de Córdoba y Solier, lo montó en una mula y tomando las riendas lo sacó de la ciudad, mandando que cerrasen las puertas... El Obispo no tuvo otra, que marcharse al convento de Los Jerónimo.
Don Diego de Cabra al conocer la situación de sus hijos, tomó las puertas de la ciudad y puso sitio al Alcázar y la Calahorra únicos lugares ajenos a su autoridad. Movilizando sus fuerzas para atacar Cañete... Don Alonso, carente de recursos con los que sostener ese Castillo por muchos días, trasladó a los prisioneros a Córdoba donde apareció con ellos enjaulados y amenazó al Conde que en ese momento tenía en su poder el Alcázar, que si no entregaba la Calahorra y donde él se encontraba, su hijos y los canónigos, serían utilizados como proyectiles contra los muros del Alcázar...
El Conde de Cabra tuvo que ceder a sus pretensiones, acordándose la entrega de diversas posesiones, lo que otorgó por escrito y firmó junto a sus hijos y otros miembros relevantes de su linaje, entregando el Alcázar y la Calahorra a las gentes de don Alonso y los prisioneros fueron liberados.
De esta hazaña el de Aguilar salió excomulgado por el nuevo Obispo que en su carta daba las causas para la excomunión:

Por haber entrado en armas, por haber prendido a seis canónigos, por haber tenido la iglesia encastillada, por el quebrantamiento y quema de las casas del Obispo, por poner imposición a los Clerigos, por haber maltratado a los criados del Obispo, por haber desterrado al Obispo de la Ciudad, etc, etc... 

¡Desde luego el Obispo se cuidó muy mucho de nombrar la mula con la que fue expulsado!
D. Alonso apeló ante el tribunal Arzobispal Toledano que dictó a su favor quedando liberado de la excomunión.
Mientras en Castilla, el descontento de la nobleza no disminuyó y en junio de 1465 la liga nobiliaria se reunió en Ávila, derrocaron a Enrique y proclamaron Rey de Castilla a Alfonso, un niño de tan solo 12 años y que lo hicieron subir al trono, con el nombre de Alfonso XII de Castilla. 
Estalló entonces la guerra abierta entre los partidarios de Enrique y los de Alfonso que había instalado su Corte en Arévalo y llegó a reinar de hecho durante los tres años que duró su vida.
A principios de julio de 1468, perdieron los aguilaristas su símbolo nacional, el príncipe Alfonso, con su oscura muerte al parecer envenenado, su hermanastro Enrique IV otorga una amnistía general a la nobleza auspiciando así una etapa de tranquilidad entre ambos contrincantes..
Sin embargo, los enriqueños de la región cordobesa sacaron del Rey algunas ventajas del conflicto, como por ejemplo el conde de Cabra que ganó la posesión legal de Rute, Zambra e Iznájar; Luis de Portocarrero que  como premio de su lealtad al rey Enrique, recibía el señorío de La Puebla de los Infantes.
Estás "Recompensas" molestaron mucho a D. Alonso, a pesar que el Rey le había dejado la Rambla y Santaella, le obligó a entregar el Alcázar al Conde de Cabra y la Calahorra al de Alcaudete y Montemayor. Este fue el motivo por la que la calma entre ambos parientes se fue tensando en una paz irreal e inquieta.
Sin embargo el pacto de Guisando del 19 de septiembre de 1468, entre Enrique e Isabel, cambió inmediatamente el giro de la política nacional y tambien local, hacia una concordia diplomática.
En Córdoba, los dos bandos llegaron a un "teórico acuerdo" a causa de la supuesta reconciliación entre el Rey y el Marqués de Villena.
Enrique IV que vino a Córdoba acompañado del marqués en 1469 para intentar reconciliar a ambos nobles intentando zanjar el problema, el Rey entró en la ciudad acompañado por el conde de Cabra, y propuso una reconciliación formal de los dos familiares enemistados y como prueba ordenó que se devolvieran las villas y fortalezas que entre ellos se habían quitado, consiguiendo que se abrazaran ambos en su presencia en la iglesia de San Francisco en un día del Corpus.
Comenzó el Conde de Cabra que le tuvo que entregar a D. Alonso, Castro del Río y Montoro.
D. Alonso le tenía que entregar al Conde de Cabra, Santaella y la Rambla...
Pero a pesar de que el Conde de Cabra fue el primero que entregó las Villas no hizo lo mismo don Alonso, alegando ante el Rey que esas villas habían sido suyas siempre y que no las iba a entregar... 
El pusilánime de Enrique IV, no le interesaba indisponerse abiertamente a Don Alonso, tal vez por su débil carácter o porque se indispondría con Pedro Pacheco gran apoyo para él.
Así, que cuando pasaban los días e incluso semanas el Conde de Cabra se sintió ofendido al ver que el Rey no obligaba a D. Alonso a entregar las villas con las que habían pactado, pero ya no podía echarse atrás en sus entregas pues D. Alonso las había tomado como suyas.
Aunque ¡claro!, el Conde de Cabra no se quedó quieto ante tamaño perjuicio hacía su persona.
El caso es que D. Diego había estado abasteciendo secretamente el Alcázar de gente, armas y municiones por lo que D. Alonso de Aguilar vio peligrar su posición en Córdoba y decidió adelantarse a las maniobras de su rival.
En octubre del año 1469, fiándose de una paz que durante casi un año mantenían su padre, el Conde con el el señor de Aguilar, fue Diego Fernández de Córdoba, hijo del Conde de Cabra, invitado por don Alonso de Ángulo para asistir al acto de toma de posesión de una venticuatria obtenida por el señor de Palma. A ésta acudió don Diego, sin saber que era el de Aguilar el que estaba detrás de todo y en el mismo festín fue preso y conducido a una torre por Diego Carrillo, caballero calatrava y parcial de Don Alonso.
Al cabo de unos meses concedió D. Alonso libertad al preso a cambio del juramento de que volvería a prisión si no convencía a su padre el Conde, de cumplir ciertas estipulaciones pretendidas desde hacía tiempo y era la entrega de Alcalá la Real, el Alcázar con toda el arsenal, que entendía que la usurpaba y la Calahorra.
Las estipulaciones fueron firmadas por D. Diego y por su propio padre, dando incluso fecha de la entrega. Aunque lograda su libertad D. Diego no perdió el tiempo en informar al Rey del agravio que se había cometido en su persona. 
Enrique IV se lo tomó bastante mal, liberándolo de ese compromiso y autorizando al Conde de Cabra a no cumplir el juramento y de no tener que volver a la cárcel su hijo imponiendo pena leve a quien exigiese su cumplimiento.

Libre D. Diego del acatamiento, éste da rienda suelta a su enojo y manda una carta a Don Alonso llamándole alevoso y proponiendo un combate de caballero a caballero, a la vez de escribirle al Rey pidiéndole licencia y campo seguro para tal combate.
El Rey le negó la licencia y entonces se dirigió al Rey de Granada solicitando palenque en su corte.
El Granadino entendiendo de honor les preparó a los dos caballeros, ricos aposentos donde alojarse y un espacioso lugar donde realizar el duelo.
D. Diego emplazó entonces a su contrario el de Aguilar con día y hora para la pelea...
Llegó el día crítico y el pueblo y señorío de la corte incluidas doncellas moras e incluso de Rey granadino, acudieron con impaciencia a las gradas del palenque pero no aparecía D. Alonso...
D. Diego armado y montado en un caballo arrogante salió a la hora precisa con gentil postura... Paseó el palenque sin que apareciera D. Alonso y mandó a uno de sus escuderos que lo llamara a viva voz. Y aunque éste lo llamó muchas veces no sonó trompeta que anunciara la llegada del competidor...
Continuaron los llamamientos toda la tarde hasta llegar la noche, en que salió otro escudero pero esta vez con un cuadro en el que Don Alonso aparecía pintado, ató el retrato a la cola del caballo de D. Diego que hincó la espuela al caballo y arrastró con deshonor la figura del señor de Aguilar hasta hacer el cuadro astillas.
Diciendo:

"Este es el alevoso D. Alonso que citándole para un torneo no vino al plazo señalado"

Todos aplaudían y el Rey granadino dio como vencedor al hijo del Conde de Cabra.

Un caballero de los que allí se encontraba y amigo de don Alonso, entregó una carta que poseía de éste a D. Diego, fechada con días anteriores al duelo, en la que le escribía al hijo del Conde, alegando que no se fiaba de la palabra del rey nazarí, indicando que era el enemigo y que por tanto no podía determinarse como juez de tal duelo. Por lo cuál no viajaría a Granada y no se produciría finalmente un combate real considerando que en el caso de que fuera proclamado vencedor por su ausencia, no tendría ningún valor.
Dejando así, con un palmo de narices al rey granadino y al hijo de su gran rival.


En 1470, en que muerto el rey Enrique comienza la pugna por el trono entre la princesa Isabel de Castilla y su sobrina Juana, acontecimientos que avivan nuevamente las rivalidades entre el Conde de Cabra y a D. Alonso.
La facción encabezada por el señor de Aguilar, junto con su cuñado el marqués de Villena que en ese momento había perdido poder con Isabel, toman partido por la Beltraneja, mientras el conde de Cabra con sus seguidores se alineaba en el partido de Isabel.

En 1473 se añadió una dimensión anti-judía entre los dos bandos, D. Alonso había favorecido el acceso de cristianos nuevos a cargos públicos, cosa que sus rivales no estaban dispuestos a  consentir, aumentando el odio hacía éstos...  Desde luego ya se estaba gestando lo que una década después sucedería en esta ciudad de la mano del inquisidor Lucero.
Don Alonso de Aguilar se vio implicado como el protector de los cristianos nuevos de la ciudad a causa de unas revueltas que hubo contra los conversos, causa que les hizo a sus enemigos de acusarlo de alborotador.
Los hechos ocurrieron cuando una procesión de la Virgen salió del convento de los Franciscanos, cuando bajaba la imagen llevada por los cofrades por la calle de la Feria. Por lo visto una chiquilla echó agua por el balcón sin darse cuenta que iba pasando la imagen en aquel momento y cayendo sobre ella...  En aquella casa vivía una familia de "cristianos nuevos" e inmediatamente fueron acusados de herejía siendo la reacción fue inmediata:
Un herrero de la collación de San Lorenzo llamado Alonso Rodríguez se hizo jefe de los indignados cristianos viejos que empezaron enseguida un asalto de las casas de los conversos incendiándolas.
Degraciadamente la ciudad se dividió en dos bandos: Los "Aguilaristas" a favor de la defensa de los conversos y los "Cabristas" los que estaban a favor de echarlos de la ciudad.
El "Aguilarista" Pedro de Torreblanca con algunos hombres intentó por todos los medios detenerlos pero fue herido por el herrero que se refugió en la misma iglesia de San Francisco, de donde el señor de Aguilar lo sacó y lo mató en la misma puerta.
Durante tres días, los "grupos" que se encargó de alborotar Pedro de Aguayo, un noblecillo de segunda y familiar del Obispo, que en el fondo con aquel pretexto se desquitaba con los Fernández de Córdoba por haber expulsado al Obispo de la ciudad y en tan bochornosa situación como montado en una mula, no dejaran de robar y quemar casas.

Don Alonso de Aguilar y su hermano Gonzalo Fernández de Córdoba, el "Gran Capitán" que se encontraba en la ciudad pues iba a casarse, se sintieron obligados a encerrarse en el Alcázar con los conversos que pudieron llegar allí para defenderlos.
El Conde de Cabra junto con el Obispo Pedro de Córdoba y Solier, Martín Alfonso de Montemayor y Egas Venegas acusaron a D. Alonso de Aguilar de ser "amigo de conversos" y de haber fomentado toda la violencia de los últimos meses, y como consecuencia de todos estos acontecimientos fue la implantación por el Cabildo Municipal de un estatuto de limpieza de sangre, venciendo el bando "Cabrista".
D. Alonso tuvo que acatar las ordenes del Consejo de la Ciudad en el que se desterraba de Córdoba a la mayoría de los conversos, cosa que sin duda el de Aguilar anuló moviendo sus hilos ante los Reyes y recordándoles que sus hombres más leales eran judíos conversos y aunque fue demasiado tarde, fue toda una afrenta para su mayor enemigo el Conde de Cabra.

Como la venganza se sirve fría, el Conde de Cabra no tuvo nada más que esperar que D. Gonzalo se casara, su hermano D. Alonso le regaló la Alcaldia de Santaella, la gente del Conde de Cabra asaltó el Castillo raptando a Gonzalo y su esposa, recién casados, junto a todo su servicio y sus bienes los llevaron encerrandolos en el Castillo de Baena, hasta su liberación por intercesión de la Reina Isabel la Católica.
Ella sabía de antemano, que con la liberación de D. Gonzalo tendría a D. Alonso de su parte.
¡Y así fue! La liberación de su hermano hizo pasarse al bando de la Católica, que la defendió hasta el último día de su vida.

El comportamiento de los Reyes fue decisivo en la pacificación de Córdoba y a punto de finalizar la contienda sucesoria decidieron que había llegado el momento de hacerse con el poder en Andalucía, acabando con las rencillas de los nobles de las ciudades, y para ello emprendieron un viaje a la región, que comenzó con la llegada a Sevilla en julio de 1477.
En ese mismo año, los Reyes Católicos habían dado comisión al Conde de Cabra para que ajustase treguas con el Rey de Granada, nombrándole al mismo tiempo Capitán General del reino de Córdoba.
Como era de esperar, Don Alonso de Aguilar se enfadó mucho con la decisión de los Reyes sobre el privilegio que le habían dado a su mayor enemigo y junto con el enojo que le tenía al Granadino desde que se alió con el hijo de su adversario en aquel duelo en el que nunca se presentó... Cogió a sus hombres y asaltó el feudo granadino quemando todos los campos que encontró a sus paso, de vuelta de la incursión contra los moros pasó por el estado del Conde y nuevo Capitán General, e hizo lo mismo enconando mucho más las antiguas rencillas.
Al saber la reina de estos daños y alborotos mandó a Diego de Merlo como nuevo Corregidor de la ciudad para que apaciguarse a aquellos señores y solicitando a D. Alonso la satisfacción de sus agravios consiguiendo que éste le entregase Monturque por prenda hasta satisfacer al Conde de Cabra.
¡Lo tuvo que hacer! Entregar Monturque pero eso no significó su olvido de las rencillas con su tío ni que el "Tal Merlo" viniera nombrando a nuevo alcalde con la arrogancia y prepotencia a la que era su ciudad.

Pronto pudo satisfacer la antipatía que le ocasionaba el nuevo Corregidor ya que a los pocos meses llevaba el alcalde mayor dos homicidas presos cuando un tumulto de gente salieron a quitárselos.
Al enterarse el nuevo Corregidor Merlo salió al encuentro del disturbio clamando:
-"Favor al Rey y la Justicia"
Pero concurrió tanta gente en defensa de los reos, que para salvar su vida tuvo que refugiarse en la Iglesia de San Lorenzo cerrando las puertas.
Vino D. Alonso a los ecos de la trifulca y viendo que los refugiados no querían abrir las puertas de la iglesia solicitó a la gente que las quebrantasen, aunque la gente opinando que era un sacrilegio no hizo nada...
Así que mandó llamar a setenta de sus criados que las hicieron pedazos, sacando a Merlo al que envió a su Castillo de Aguilar.
La reina se contentó con que le diera libertad a Diego de Merlo y él a cambio consiguió de nuevo Monturque.


A Córdoba no llegaron los Reyes hasta el otoño del año 1478, pero desde la ciudad cercana fueron ordenando ciertas medidas, que demostraban sus propósitos e ir apaciguando los ánimos del Aguilar...
Así, el 4 de octubre de 1477 dirigieron una real cédula a don Alonso en la que le ordenaban entregar el Alcázar y la Calahorra a su enviado Pedro del Castillo, a cambio le ofrecieron que no tendrían en cuenta ningún hecho delictivo que hubiera ocurrido durante el reinado de Enrique IV o años posteriores, cosa que al final aceptó Don Alonso poniéndose a disposición de los Reyes.
Los monarcas enviaron a Córdoba a sus aposentadores y advirtieron a don Alonso que diera las instrucciones precisas para que todo estuviera listo a su llegada...
No obstante, el recelo con que don Alonso acudió a esperarlos era tan grande que decidió vendarse los pies con vendas de tafetán simulando un padecimiento para no tener que descender de la montura al saludarles y poder salir huyendo si la situación lo requería.

Don Alonso de Aguilar vio que los Reyes cumplían su palabra al ofrecimiento que le habían hecho al cambio de su entrega de las torres, lo que le hizo aplacar su arrojo "guerriles" contra su tío el Conde de Cabra y se mantuvo bajo las ordenes de los Reyes Católicos luchando contra la rebelión de los moros de la Alpujarra y de Sierra Bermeja, donde corrió a manos de infieles la heroica sangre de D. Alonso de Aguilar en 1501. Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.

Y aquí acabó la vida de D. Alonso Fernández de Córdoba, señor de Aguilar... Un caballero épico cuya vida trascurrió entre la rebeldía y la bravura cordobesa, revelándose en las crónicas históricas como un hombre intrépido, osado, resuelto, valeroso y a veces por qué no decirlo, insensato... Que pasó a la historia como el hermano mayor de Don Gonzalo Fernández de Córdoba "El Gran Capitán", a pesar de ser uno de los personajes más poderoso de Córdoba en la segunda mitad del siglo XV.



Fuentes Consultadas:
Diccionario geográfico - estadístico- histórico de España y sus... de Pascual Madoz , P. Sagastis Madoz 1830-En la frontera de Granada por Juan de Mata Carriazo- Descripción genealógica de la Casa de Aguayo (Árbol de Costados de doña Juana de Cárcamo) página 29- La monarquía como conflicto en la corona castellano-leonesa (c. 1230-1504) escrito por José Manuel Nieto Soria pag 233 - Otra historia de Córdoba de Galisteo Roger- Recuerdo y bellezas de España  de P. de Madrazo pag 259- Casa de los Aguilar de Rafael Castejón  Diario de Córdoba 19/04/1967- El Catálogo de los Obispos de Córdoba - Nobleza y Religión de Johll Edwords- Los Fernández de Córdoba- Revista de Ciencias Sociales y humanidades de la Campiña Alta Cordobesa por John Edwards Universidad de Oxford- El problema converso en Córdoba, el incidente de la Cruz de rastro por Margarita Cabrera Universidad de Córdoba- Cordobapedía y Wikipedia- Fotos recogidas de Internet.


martes, 14 de febrero de 2012

Fuente de la calle La Feria

Fuente de la calle la feria









Situada en la fachada de la vivienda número 29 de la calle San Fernando, antigua calle la Feria, una de las calles más principales de antaño confluían varios gremios en su entorno como los calceteros, los zapateros y toneleros...
Donde tenía residencia y establecimiento el relojero suizo que fue reflejado por Pío Baroja en su novela "La feria de los discretos".
La fuente data, al menos del siglo XV y por lo visto fue erigida con motivo de la visita del monarca Carlos IV.
Ya que desde ese siglo es mencionada en protocolos notariales y donde aparece siempre mencionada por el nombre de "Fuente del pilar de San Francisco " tal vez por la proximidad que existe del convento.

Actualmente la fuente está formada por un frontón de piedra azul, de sección rectangular y rematado en pináculo, presidido por un escudo de la ciudad labrado en mármol.
En la parte inferior del frontón, y en sus dos laterales, se abren dos caños de latón amarillo que vierten, desde dos semiesferas de piedra, sobre un pilar de planta oval.

Hasta 1796, sirvió como abrevadero para las bestias, fecha en que el corregidor don José de Eguíluz cambió el antiguo pilar por otro circular de mármol, costando la no despreciable suma de 5.000 reales.
Este corregidor aunque estuvo en el puesto poco tiempo hizo bastantes cosas como ampliar la alameda del paseo de la victoria que ya habían empezado el anterior corregidor D. Francisco Carvajal y Mendoza; para ello tuvo que allanar el terreno quitando parte de desnivel que afeaban aquel campo. También hizo quitar y limpiar todos los muladares permanentes de las rinconadas y callejas.

La actual taza barroca de mármol azul, procedente del patio del antiguo Ayuntamiento, sustituyó al pilar circular que aun se aprecia en fotografías antiguas a mediados del siglo XX



Foto antigua de la fuente
Sobre los caños y bajo el escudo, en la parte central del frontón, puede leerse la siguiente inscripción:

“IN TRANSITE REGIS CAROLI IV CUN REGALI FAMA ANNO 1796. PENA DE QUATRO DUCADOS AL QUE ATE BESTIAS, DE GOLPES O AGA DAÑO A ESTA FUENTE”.


La fuente estuvo surtida desde época medieval por el venero de Santo Domingo de Silos, actualmente lo está con aguas de la red de agua potable de la ciudad. 




Biografía consultadas: 
Conoce tus fuentes- Documentada en descripción facilitada por R. Córdoba de la Llave. Universidad de Córdoba- Indicador cordobés: o sea manueçal histórico-topográfico de la ciudad de Córdoba Escrito por Luis María Ramírez y de las Casa-Deza

lunes, 6 de febrero de 2012

Faustina la Menor, emperatriz con sangre cordobesa



"Vivimos por un instante, sólo para caer en el completo olvido y el vacío infinito de tiempo de esta parte de nuestra existencia." 

(Marco Aurelio- Emperador Romano)




La sangre cordobesa seguía en Roma desde que la ucubitana, Faustina la Mayor, se casó con el emperador Antonino Pío. 
La familia Vero proveniente de la Colonia Patricia se había hecho fuerte y no solo dio emperatrices sino también un emperador.
Annia Galeria Faustina, llamada Faustina la Menor, fue  la única hija de Antonino Pío XVI el  Emperador de Roma y de Faustina la Mayor.
El matrimonio tuvo varios hijos además de la pequeña pero todos murieron, a pesar de ello, la pequeña estaba destinada a ser emperatriz...
Cuentan, los historiadores de la época, que era de gran belleza, llegando a ser el referente en el que la niñas del imperio se miraban, de hecho en los ajuares funerarios hispanos se incluían pequeños bustos de terracota que la representaban, y que eran elementos de emulación del universo femenino que se deseaba.
Con apenas ocho años de edad fue prometida con Lucio Vero, hijo adoptivo de Adriano y esperado emperador; pero su madre, Faustina la Mayor, tenía claro que el destino de su hija iría unido al de su sobrino, Marco Aurelio.
Así que intentó por todos los medios convencer a su esposo Antonino para casarla con su primo hermano que huérfano de padre prematuramente, fue quien asumió su educación.
A él le agradecerá más tarde su educación virtuosa en la austeridad, en la sencillez y en la honradez incuestionable.

La buena armonía que existía entre Antonino y Marco quedó patente en los más de 20 años que compartieron el cargo de Emperador y heredero; en primer lugar, Antonino había perdido a sus dos hijos varones y veía en Marco Aurelio, no ya a su sobrino-yerno, sino a su propio hijo.


En el año 145 se casaron, él tenía 24 años y ella 15, dos años después de su matrimonio, nació el primero de sus trece hijos, de los cuales la mayoría murieron en la niñez... 
En una ocasión la Emperatriz parió gemelos, uno de esos gemelos, sería el Emperador Cómodo
El emperador procuró que las nupcias fueran celebradas por todo el mundo: Una moneda recuerda el matrimonio, y se entregó un donativo extraordinario al pueblo y a los soldados.
A pesar de más de treinta años de matrimonio la relación entre Faustina y Marco Aurelio no fue como aparece en la historia... Y las desavenencias conyugales no tardaron en llegar.
Marco Aurelio, gran mujeriego en su juventud, cuando escasamente se ganaba la vida como maestro de filosofía moral en la isla de Rodas ya le conocían demasiado bien las "enamoradas" de Roma.
Luego a los veintidós años se amancebó con su querida Bohemia, a la que tuvo de amante durante largos años a pesar de estar casado ya con Faustina y a la que a la que repudió e insulta de mala manera cuando ésta desea acompañarle en una empresa militar.
Bohemia, herida en lo más profundo de su dignidad  femenina, pasa a un contraataque implacable, que no calla acusando a Faustina de infiel y sembrando la duda en el emperador:

"Para vengarme yo de tu persona no he menester yo más de verte casado con Faustina... Pues yo te juro que los hijos de Faustina aunque tú mueras no quedaran huérfanos"

¡Desde luego que a la tal Bohemia "Mala baba" no le faltaba!


La duda estaba sembrada y empieza una serie de reproches por parte del emperador hacia Faustina reprendiendo su conducta de atrevida.
Un claro ejemplo es cuando el Emperador le dice a su esposa arrepentido de haber cedido a sus ruegos de traer a Roma a su hija Lucila para tenerla a su lado en la fiesta de los triunfos con que los romanos obsequiaban en el mes de enero a sus emperadores.

"Porque veo que llevas a tu hija a los teatros y la subes al Capitolio, la fías entre los gladiatores, la dexas ver de los pantomimos. E sobre todo no te acordando que ella es moca e tú no eres vieja "

Se sabe que hubo "ataques de celos" por parte de ambos durante sus más de treinta años de casados...
Es el caso en el que Marco Aurelio se había reservado, allá en lo más recóndito de su palacio, un cuarto de estudio donde poder encerrarse con sus libros sin ser molestado por nadie.
Faustina, que sabía de más las andanzas de su marido, se presenta un día ante su esposo para pedirle la llave que le permita inspeccionar aquel rincón vedado, bajo la amenaza de malparir si su curiosidad no es allí mismo satisfecha. Y sólo al final sale a flote la más poderosa razón de su interés, que no es otro sino el de cerciorarse de que el emperador no tiene escondida alguna amante en ese estudio.

Cuando muere el gemelo de Cómodo, el virtuoso "infante" Veríssimo, que por su primogenitura era al que le correspondía el Imperio, el pobre chiquillo murió a los siete años de edad de un tumor que le salió bajo la oreja derecha, según refiere Lampridio en uno de sus escritos.
Ambos cónyuges no podían soportar tanto dolor por la muerte de su querido hijo y parece que este lamentable hecho los hace unirse, empezando a compartir ampliamente la vida en todas sus facetas...
Faustina acompañó a su esposo en las campañas militares, ganándose el favor de los soldados que la llamaban "Mater Castrorum" es decir, Madre del Campo de Batalla.

Faustina "La Menor",  murió a los 46 años de unas fiebres que solo duraron cuatro días, fue embalsamada y llevada a Roma y el Senado decretó su veneración en el catálogo de los Dioses. 
Roto de dolor mandó levantar en su honor un templo en Halala, villa que se rebautizó como Faustinópolis.


Fuentes consultadas: 
Wikipedía-Tratado de las miserias de los cortesanos - Rostros de la Córdoba Romana-Immaturi et Innupti Escrito por Desiderio Vaquerizo Gil- Primera foto recogida de internet de www.fansshare. no corresponde a Faustina la menor -Antonio de Guevara y Europa Escrito por Simón A. Vosters 8 pag edb -Foto escultura recogida personajes de Roma- Marco Aurelio y Faustina de Francisco Marquez Villanueva-