En tres tiempos se divide la vida: En presente, pasado y futuro; de éstos el presente es brevísimo, el futuro dudoso y el pasado cierto... (Lucio Anneo Séneca)

domingo, 4 de abril de 2010

Lucio Anneo Séneca

Filósofo por destino




"Hace falta una vida para aprender a vivir"
                              (Séneca)



Tal vez si a Séneca le hubieran dado la oportunidad de vivir otra vida, jamás se hubiera acercado a la corte romana donde la inmoralidad, deslealtad y envidias estaba al orden del día.
Este gran filósofo nace en Córdoba y muere en Roma. Su nombre completo es Lucio Anneo Séneca, hijo del orador Marco Anneo Séneca y Helvia, única hija de una de las familias más importantes de la oligarquía bética..

A lo largo de su vida desarrolla una intensa y accidentada carrera como político y filósofo.
Su origen noble le permite acercarse a los gobernantes romanos y a la corte imperial.
Los primeros años de su vida parece ser que los pasó en Córdoba aunque marcha para estudiar a Roma bajo la protección de la hermanastra de su madre, su tía Marcia, tiempo en el que algunos historiadores dicen que vivió con humildad en una habitación en el piso de arriba de un baño público, algo probablemente falso ya que Marcia era una persona acaudalada.
El emperador Calígula lo nombra senador, y cuentan que era tan elocuente defendiendo pleito en el senado que empezó a ganarse la antipatía del propio Emperador.
Después de la caída de Calígula, entra Claudio como nuevo emperador,y como decía R.Molina, lástima que llevara consigo como una maldición el lastre de una esposa monstruosa llamada Mesalina que enemistada con Séneca lo acusa de mantener "amores ilícitos" con la hermana de Calígula, Julia... Claudio destierra al filósofo a la isla de Córcega
El destierro fue muy duro y largo... En ese tiempo se dedica a escribir su trabajo es extenso: tragedias y tratados filosóficos. 
Propiedad de Carlos S
Séneca en la Puerta Almodovar
Desarrolla sus tragedias Medea, Fedra, Tiestes, Edipo, Troades, Phoenissae, Agamenón y la furia de Hércules en forma análoga a las piezas de los clásicos griegos Esquilo, Sófocles y Eurípides.
Pasados ocho años, regresa a Roma donde Agripina, que había intercedido ante Claudio para que Seneca volviera, lo hace tutor de su hijo Nerón cuando apenas contaba once años - cuenta Ambrosio de Morales - que la misma noche que fue nombrado tutor, Seneca soñó que enseñaba a Calígula y no fue vano el sueño pues su discípulo aún peor.
Su concepción filosófica es estoica, ya que el tema principal es la ética ¡Aunque creo que la ética que enseñaba no le sirvió mucho a su discípulo Nerón!

En el año 59, la gran valedora de Séneca, Agripina, fue asesinada por su propio hijo Nerón, marcando el principio del fin de Séneca...
Para su propia desgracia, tanto él como Burro, prefecto del pretorio y asesor de Nerón, tuvieron que llevar a cabo una campaña de lavado de imagen pública del emperador a fin de minimizar el impacto que pudiera tener el crimen de su propia madre.
Séneca escribió la famosa carta al Senado en la que justificaba a Nerón explicando cómo Agripina había conspirado en contra de su hijo...
Este hecho fue un arma de doble filo para él ya que ha sido muy criticado con posterioridad, y fue el germen frecuente de las acusaciones de hipocresía contra Séneca.
Cuando, el general pretoriano Burro murió según cuentan envenenado, la situación de Séneca en el poder se volvió insostenible, al haber perdido buena parte de su capital y de sus apoyos políticos.
La campaña de desprestigio, además, le privó de la cercanía del emperador, el cuál, rodeado de aduladores y gente sin escrúpulos, pronto comenzaría a hablar de desembarazarse de su viejo tutor.
Así, ese mismo año Séneca pidió a Nerón retirarse de la vida pública, y ofreció toda su fortuna al emperador. El retiro le fue concedido tácitamente, aunque la fortuna no le fue aceptada hasta años después. De esta manera, Séneca consiguió retirarse de la cada vez más peligrosa corte romana, y comenzó a pasar su tiempo viajando con su segunda esposa, Paulina, por el sur de Italia.
Pero Séneca no consiguió desembarazarse del todo de la obsesiva persecución de su antiguo pupilo... ya que sufrió un intento de envenenamiento, frustrado gracias a la sencilla dieta que el filósofo había adoptado previendo un ataque de este tipo.
Sea como fuere, en el año 65 se le acusó de estar implicado en la famosa conjura de Pisón para asesinar a Nerón y aunque no existieron pruebas firmes en su contra, la conjura de Pisón sirvió a Nerón como pretexto para purgar a la sociedad romana de muchos patricios y caballeros que consideraba subversivos o peligrosos, y entre ellos se encontraba el propio Séneca. Que junto con muchos otros, fue condenado a muerte víctima de la conjura fracasada...
Muerte de Séneca
de
Manuel Domínguez




Que otro al poder aspire,
y aspire a la realeza;
yo solo paz anhelo

                      (Séneca)







Sobre la muerte de Séneca, cuentan que el tribuno Silvano fue encomendado para darle la noticia al filósofo, pero siendo aquél uno de los que conjuraron contra Nerón, y sintiendo una gran vergüenza por lo que le habían hecho, le ordenó a otro tribuno que le llevara la notificación del Emperador.
De un patricio como Séneca se esperaba el suicidio antes que esperar a la ejecución y cuando recibió la misiva, ponderó con calma la situación, lo habló con su esposa, y pidió permiso para redactar su propio testamento, lo cuál le fue denegado, pues la ley romana preveía en esos caso que todos los bienes del conjurado pasaran al patrimonio imperial.
Sabiendo, Séneca, que Nerón actuaría con crueldad sobre él y su familia, decidió suicidarse junto con su esposa cortándose las venas.
Séneca, viendo que su muerte no llegaba lo rápido que el deseaba, ya que la vejez había hecho de sus venas hilos demasiados pequeños para desangrarse rápido, pidió a su médico que le suministrase cicuta, veneno que bebió antes de entrar en su baño de agua caliente donde murió al poco rato.
Al suicidio de Séneca lo siguieron, además, el de sus dos hermanos y el de su sobrino Lucano, sabedores de que pronto la crueldad de Nerón recaería también sobre ellos.
Propiedad de Carlos S
Séneca en la Puerta Almodovar
La obra que nos dejó Seneca se puede dividir en cuatro partes: Los tratados morales, las tragedias, los epigramas y las cartas.
Los tratados morales a su vez se dividen en diferentes temas como el de "La providencia" dedicado a Lucilio hijo, "La vida bienaventurada o felicidad" dedicado a su hermano Galión, de "La serenidad del alma", de la constancia del sabio, de la brevedad de la vida, de la consolación dedicado a Helvia su madre, de la pobreza y el de la ira dedicado a su hermano Nonato, todas se encuentran conservadas en la biblioteca Ambrosiana de Milán
Las tragedia compuesta de once obras: Hércules furioso, las troyanas, Medea, Hipólito, Fedra, Edipo, Agamenón, Tiestes, Hércules en el eta, Las fenicias y Octavia 
Libros de los que habla de minería, oceanografía y meteorología muy populares durante la Edad Media.
Y las cartas en las que cabe destacar las dirigidas a Lucilio que constan de 124.
También existen unas cartas mantenidas entre Séneca y San Pablo de las que se les llaman apócrifas.





Fuente:

Wikipedia- Seneca, revista de humanidades Sarasuati junio 2009- Sobre la brevedad de la vida de de Francisco Socas Gavilán -La crónica general de España que continua Ambrosio de Morales-Filosofía senequista en la vida cordobesa por M. Medina Gonzalez Diario de Córdoba 18/02/1948- Séneca un filosofo por vocación y destino de Ricardo Molina Diario de Córdoba 01/11/1952- El destierro a Córcega de R. Molina Diario de Córdoba 16/11/1952 La muerte de Séneca de R. Molina Diario de Córdoba 18/11/1952-De la tranquilidad a la paz:Doctrina Séneca diario de Córdoba 23/04/1965-Séneca hombre de estado de R. Diario Córdoba 08/12/1964- - Fotos recogida de Internet siegburg.de y elcotidiano.es


domingo, 28 de marzo de 2010

El califa Abderramán V

 " El breve "







Cuarenta y siete días fue lo que estuvo en el poder este nuevo bisnieto del gran Califa Abd al-Rahman III.
Tras la expulsión del Califa hammudí al-Qasim ibn Hammud, los cordobeses decidieron confiar de nuevo sus destinos en un príncipe de origen Omeya y tres eran los posibles candidatos.
Mientras que los nobles cordobeses debatían cual sería el más idóneo de los tres pretendientes al Califato, Abd al-Rahman hizo una entrada espectacular en Córdoba...
 Sus tropas ataviadas con sus mejores galas dejaron impresionados a todos los cordobeses, luego dirigiéndose a la Mezquita Aljama, se proclamó Califa con el título de al-Mustazhir bi-llah "El que implora el socorro de Alá".

A pesar de la buena voluntad del nuevo Califa de intentar hacer las cosas bien y dejar bien alta su dinastía, heredó una Califato con el Tesoro Público totalmente arruinado...

Las escasas rentas que pudo recaudar apenas llegaban para pagar a la mitad de todos los funcionarios que había reclutado.
Semejante panorama lo indujo en contra de sus propios principios y voluntad, a iniciar una serie de expediciones ilegales para recabar dinero lo que le granjeó la enemistad de los estamentos más perjudicados, cosa que no gustó nada a los cordobeses que junto con la adquisición por parte del Califa de un escuadrón bereber fue un caldo de cultivo que supo aprovechar muy bien su primo Muhammad que junto a los nobles, formó una conspiración en la ciudad y los amotinados asaltan el Palacio matando a la guardia y aunque el Califa alertado por el ruido salta de la cama y se defiende empuñando una daga cae despedazado por los tumultuosos que con armas ensangrentadas, recorren la ciudad proclamando como nuevo Califa a Muhammad III.

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.



Fuentes consultadas: 
Recuerdos y Bellezas de España de P. de Madrazo- Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy -Saladino por Julio Reyes Rubio- Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- La otra Córdoba de Galisteo Roger- Foto recogida de internet-

miércoles, 17 de marzo de 2010

Hisam III al-Mu'tadd bi-llah, "El Vividor"







   Un caudal sin fin de lágrimas es poco
    si lloras por Córdoba la perdida

(Poesía andalusí)




Córdoba había dejado de ser una presa codiciable para cualquier príncipe, Omeya o no, que aspirase a un trono vacante.
Todo aquel que se instalaba en el Alcázar de los descendientes del Inmigrado, sabían que exponía su propia vida por un título despojado de toda su gloria y esplendor del pasado.
Eso debió pensar Hisam ben Muhammad ben Abd al-Malik, cuando los nobles cordobeses le ofrecieron proclamarlo Califa de Córdoba.

Tras la expulsión de Córdoba del último Califa hammudí, Yahya ben Ali ben Hammud, gracias a la colaboración algunos Reyezuelos de algunas ciudades, la nobleza cordobesa, liderada por un miembro de la vieja familia de los Banu Abda intentó por última vez restaurar el Califato, pensando en un nuevo miembro de la dinastía Omeya.

Los notables cordobeses acordaron como requisito para entronizar un candidato que fuera reconocido por los numerosos jefecillos que pululaban por todo al Andalus, con el fin de presentarlo como la cabeza visible nacional en la lucha contra el enemigo común, los bereberes, considerados como la única fuente de todos los males que venía sufriendo al-Andalus desde la caída de los amiríes .

El candidato, que vivía desde los primeros tiempos de la fitna en el castillo de Alpuente, al noroeste de Valencia, hospedado por el señor de la fortaleza, no manifestó ninguna prisa por tomar posesión de un trono tan peligroso y problemático como era el cordobés.
Hisham, parece que se lo pensó mejor y accedió al requerimiento que se le hacía y fue proclamado Califa con el título de al-Mutadd bi-llah "El que confía en Alá" aunque continuó viviendo en Alpuente, mientras esperaba que se aplacaran por completo las susceptibilidades que su nombramiento había provocado en Córdoba por ser el hermano mayor del malogrado Califa Abd al-Rahman IV al-Murtada

Al cabo de dos años y medio de su proclamación, Hisham III hizo su aparición en Córdoba, a la cabeza de un pequeño y anodino séquito, se instaló en el imponente Alcázar heredado de sus mayores. 
La impresión que causó a sus nuevos súbditos, no pudo ser más decepcionante y hacia presagiar lo que habría de ser su reinado, el nuevo Califa, tal y como sospechaban los cordobeses fue tan mediocre e incapaz para gobernar como sus predecesores.
Hisham III, recordando los tiempos del Califato de Hisham II, delegó el gobierno en su primer ministro, Hakam ben Said, un advenedizo intrigante amigo de francachelas, al que confirió plenos poderes, mientras que él se preocupaba únicamente de disfrutar con todos los lujos posibles la dorada existencia que le habían procurado los cordobeses.
Hakam asumió el verdadero mando de la nave del Estado, con una actitud arrogante que desembocó en una sucesión interminable de abusos de todo tipo, sobre todo económicos, hasta el punto de que el Tesoro Público fue sangrado hasta su último dinar...
Hakam despidió a casi todos los funcionarios de la Corte, cuyos puestos cubrió con jóvenes libertinos menos escrupulosos si cabe que el visir y el Califa...
Para paliar la ausencia del dinero en las arcas públicas, Hakam impuso una serie de impuestos contrarios a la ley con los que pudo recabar el dinero suficiente para cubrir los gastos derrochadores de una Corte abandonada por completo a la lujuria constante.
Ante las lógicas protestas de los juristas coránicos,  tanto el Califa como el visir amenazaron a éstos con iniciar una represión sangrienta en contra de todo aquel que osara enfrentarse a su poder.
Semejante episodio colmó la paciencia de la aristocracia cordobesa y selló el principio del fin, tanto del reinado de Hisham III como de la propia institución del Califato en Al-Andalus. 
Para ello provocaron un levantamiento de la población, liderado por otro familiar de la dinastía Omeya, Umayya ben Abd al-Rahman, que reunió a un nutrido grupo de partidarios descontentos y se apostó con ellos en la calle por la que pasaba el visir para ir a palacio. 

Hakam fue literalmente despedazado, mientras que su cabeza era paseada por la ciudad en el extremo de una pica ante la general alegría de todos los cordobeses.

Una vez calmados los ánimos, el infeliz Umayya fue "invitado" a abandonar la ciudad lo antes posibles, bajo pena de muerte.
Hisham III, al darse cuenta de lo que sucedía, se refugió junto con sus mujeres,  en una dependencia de la Mezquita, aprovechando un pasadizo que unía ésta con el Alcázar. Allí lo encontraron rodeados de sus mujeres llorando.
A la caída de la noche convocaron los visires a los nobles de Córdoba, el veredicto de la asamblea fue la pena de muerte si no renunciaba o pena del destierro para el Califa destronado.
Aunque Hisham III fue encerrado en las mazmorras de un Castillo.
Cuentan que al cabo de mucho tiempo logró escapar y que se exilió en Lérida, donde encontró asilo político bajo la protección de su reyezuelo, Sulayman ben Hud. Nada más se supo de él, quedó olvidado muriendo en aquellas tierras, de manera oscura.

Con este lejano y poco glorioso descendiente de Abd al-Rahman I , finalizó para siempre la larga nómina de príncipes andalusíes que reinaron en al-Andalus. 
Desaparecida la institución Califal, hizo su aparición el período de los Reyes de Taifas.

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.


Fuentes consultadas: 
Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy - Saladino por Julio Reyes Rubio- Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- La otra Córdoba de Galisteo Roger- Foto recogida de internet segundarepublica.com

jueves, 11 de marzo de 2010

La campana de San Antonio y la guerra de Cuba












Según el estudio realizado por A . Muñoz, la campana de San Antonio que se encuentra situada en la sala primera de campana es una de las menos buenas de la Catedral de Córdoba.
A pesar de ello creo que es digna de mención, no ya por la campana en sí, sino por hablar del obispo que mandó fundirla.
¡Pero empecemos por la campana!
Pesa 545 kilos y tiene un diámetro de 101 cm.
Consta en ella el Santo de su dedicación así como el nombre del Obispo, D. Sebastián Herrero y Espinosa de los Monteros, pero no recoge ni el nombre ni otra marca que permita identificar, a su fabricante.
 Solo consta la inscripción: 
                                                                        "SAN ANTONI".


Hay un escudo episcopal con su nombre en relieve en torno al mismo y un anagrama de María, mientras que la divisa está incisa, es decir grabada a posterioridad:

"DR. D. SEBASTIANUS HERRERO ET ESPINOSA DE LOS MONTEROS DEI ET A. S. GRATIA EPISCOPUS CORDUBENSIS + AM CHARITAS CHRISTI URGET NOS. AÑO 1885"



Como bien dice la inscripción fue mandada fundir en el año 1885 en tiempos del Obispo jerezano Sebastián Herrero y Espinosa de los Monteros, conocido como el prelado poeta. 
De familia "con posibles" pues su madre era descendiente de los marqueses de Monte Olivar, y sin duda fue detonante de tener una amplia y brillante trayectoria episcopal. 
En 1883 se hizo cargo de la Diócesis de Córdoba aunque ya venía de obispados como Cuenca y  Vitoria.

25 de abril de 1898,  la ciudad se encontraba D. Sebastián, cuando Estados Unidos le declaraba oficialmente la guerra a España con la excusa de la explosión y hundimiento del Maine.
Los comentarios triunfalistas de la prensa antes de Mayo de 1898 en nada ayudaron a la sociedad cordobesa a la autentica realidad del conflicto que se avecinaba, reinando un levantado espíritu de patriotismo incluido en el Obispo.
Muchos fueron los cordobeses que fueron a aquella guerra; ya que en aquellos tiempos recordemos que el servicio Militar era obligatorio salvo para aquellos que tenían las cerca de 2.000 pesetas para pagar la "redención" para no ir... 
Desgraciadamente, a las filas del ejercito solo iban gente humilde ya que sus familias no disponían de esa cantidad para librar al mozo.
Córdoba se volcó en las ayudas destinadas a la guerra y hasta en la Feria de la Salud se había recaudado nada menos que 3.000 pesetas para ayudar a los gastos de la misma.
El discurso optimista del Obispo en la Mezquita Catedral con motivo de la partida del escuadrón de Regimiento cordobés del Cuartel Alfonso XII denominado después de Lepanto en el Marrubial:

"¡A la mar! ¡A cuba! Solados españoles. A aquellas apartadas regiones llevareis la bendición del cielo y la protección de la Virgen María, vuestra patrona, con la medalla santa que os pende del cuello. 
Yo espero que volveréis triunfantes, contando con la protección divina porque pertenecéis a un gran ejercito cristiano que salió victorioso en Covadonga, en las Navas, en Córdoba y en cien batallas... 
Amados hijos: Yo os prometo que mientras exponéis la vida elevaremos al cielo nuestras plegarias..." 

No hubo protección divina y como en Trafalgar, menos de un siglo antes, los navíos españoles fueron echados de nuevo a pique, esta vez en Santiago de Cuba.
El poderío militar de los EEUU, la obsoleta flota española, el imparable proceso independentista cubano decantaron la balanza rápidamente… El Tratado de París de 1898, firmado el 10 de diciembre, terminó con el desastre de 1898.
Mediante dicho tratado España abandonó sus demandas sobre Cuba y declaró su independencia. ¡Llegando la cruda realidad!... La derrota y el momento de traer a los repatriados.

Los cordobeses contribuyeron de nuevo a sufragar los gastos de esa guerra para traer a sus vecinos de nuevo a casa.
Hasta el propio Obispo contribuyó a la repatriación con 2.000 pesetas de su propio bolsillo, el casino Militar con 10.000, el Ayuntamiento de Obejo  con 1.000 y el Ayuntamiento de Córdoba con 5.000 entre otras... Aunque la que verdaderamente ayudó a que volvieran nuestros paisanos fue la recién creada Cruz Roja que repartió alimentos y organizando un albergue en la misma estación para los enfermos...
El Obispo siguió ayudando a su manera y para animar la caridad de sus feligreses concedió 40 días de "indulgencias" a todos aquellos que con sus limosnas y auxilios personales colaboraran a la obra de consolar y endulzar la triste suerte de los soldados enfermos y heridos que estaban muriendo de paludismo, tuberculosis y disentería...

Este obispo más tarde fue destinado a Valencia como Arzobispo terminando de Cardenal.


Fuentes Consultadas: 

Autores de fotos e información de la campana ÁLVARO MUÑOZ, Mari Carmen; LLOP i BAYO, Francesc y libro de Andalucía y los repatriados de la guerra de 1889-Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España Volumen 6 por Pascual Madoz,P. y Sagasti Madoz-- El Catalogo de los Obispos de Córdoba

jueves, 4 de marzo de 2010

Doña Leonor López de Córdoba

No corresponde al personaje real
La valida de la Reina



La historia de la vida de Leonor nos invita a asomarnos a unos de los momentos más convulsos de Castilla, la de la guerra fratricida de dos medios hermanos: Pedro I llamado el Cruel y su medio hermano Enrique II al que apodaron el Trastámara.

Leonor López de Córdoba nació en Córdoba en 1363 y estaba emparentada con familias de la alta alcurnia cordobesa y castellana, su madre Doña Sancha Alfonso Carrillo hija de muy rico hombre de Castilla y sobrina de Alfonso XI llamado "El Onceno" que está enterrado en la Iglesia de San Hipólito de nuestra ciudad.
Su padre, llamado Martín López de Córdoba, era sobrino carnal de Domingo Muñoz, conquistador de Córdoba y por línea materna nieto de un hermano del infante Juan Manuel. 
La vida de Leonor no fue nada fácil, su madre muere a los pocos años de nacer ella y su padre la casa con siete años con Ruy Gutiérrez de Hinestrosa y de Haro como ella misma cuenta en las memorias que escribió: 

" (...) Sancha Carrillo, sobrina del señor rey don Alfonso, de mui esclarezida memoria, que Dios dé santo paraiso, padre del dicho rey don pedro. Y mi madre fallezió mui temprano y me casó mi padre de siete años con Ruy Gutiérrez de Henestrosa, hijo de Juan Ferrández de Henestrosa, camarero mayor del señor rey don Pedro y su Chanziller mayor del sello de la puridad, y mayordomo mayor de la reyna doña Blanca su muger, el qual casó con doña María de Haro, señora de Haro y los Cameros; y a mi marido quedáronle muchos vienes de su padre y muchos lugares, y alcanzaba treszientos de a cavallo suyos, a quarenta madejas de aljófar, tan grueso como garvanzos, a quinientos moros e moras y dos mill marcos de plata en bajilla; y las joyas y preseas de su casa no las pudieran escrevir en dos pliegos de papel; y esto le cupo del dicho su padre y madre porque otro fijo y heredero non tenían: a mí me dio mi padre veinte mill doblas en casamiento y residíamos en Carmona con las fijas del señor rey don Pedro, mi marido y yo e mis cuñados, maridos de mis hermanas, y un hermano mío que se llamaba don Lope López de Córdoba Carrillo "

(texto del libro)

En una Castilla donde existían dos bandos enfrentados, sus tíos maternos Gonzalo Díaz Carrillo y Diego Carrillo, se pasaron al bando del Trastámara por lo que fueron represaliados por "El Cruel" no así pasó con su padre, D. Martín López de Córdoba que apoyó al Rey Pedro I, permitiendole en un principio ascender rápidamente llegando a ser Maestre de las Órdenes de Calatrava y de Alcántara.

En 1357, el rey Pedro I decidió recompensar su fidelidad a D. Martin concediéndole, en concepto de señorío, la villa de Monturque, que con Montilla y Aguilar, había formado parte del señorío perteneciente hasta unos años antes a Alfonso Fernández Coronel que tras la rebeldía de este último y su ajusticiamiento por mandato del rey, todas esas tierras habían pasado a la Corona. 
Pero eso déjame que te lo cuente otro día


Al año siguiente el monarca le otorga la heredad muy cerca de córdoba llamada el Cascajar que a partir de ese momento pasó a denominase Villafranca.
Su extremada fidelidad al Cruel dejó a la familia en una situación lamentable tras la instauración de la dinastía Trastámara supuso la desgracia de la familia al estar contra Enrique II .
Su padre murió decapitado en Sevilla cuando Leonor apenas contaba con ocho años de edad, esto ocasionó la confiscación de todos los bienes familiares y la encarcelación de todos los miembros durante nueve años en las Atarazanas sevillana, sufriendo los rigores de prisión que concluye con el perdón del rey.

Leonor, mientras su marido trata de recuperar los bienes confiscados, se instala en Córdoba en la casa de su única tía.
Por aquel entonces los canónigos de la Colegiata de San Hipólito vendían para solares parte de la huerta aneja a la iglesia y doña Leonor pide a su tía que la ayude. Así que con el dinero que ambas reúnen compra unos terrenos donde hace palacete, una huerta y dos o tres casas más para servicio. 
Por estas fechas daría a luz a su primogénito al que llamaron Juan, a los que en años sucesivos siguieron dos varones más llamados Gutierre Ruy y Martin. 
Años más tarde nacería una hija, a la que llamó también Leonor y la que se casaría con Juan de Guzman llamado el Postumo iniciando la casa de los Guzmanes en Córdoba. 

Las epidemias de peste que se extendían por toda la geografía castellana llegaron a Córdoba alrededor de 1400 lo que provocó la marcha de Dª. Leonor y su familia hacia Santaella y posteriormente hacia Aguilar donde su hijo Juan, moriría infectado por la peste al cuidar una noche incitado por su madre, de Alonso un huérfano judio recogido por doña Leonor en 1391.
La muerte de su primogénito de doce años provoca un enorme escándalo, sobre todo porque cuidaba a un "hereje "... Causando el retorno de la familia a Córdoba y que transformará la vida de Leonor.
A comienzos del siglo XV, fue nombrada camarera mayor de la reina Catalina de Lancaster, nieta de Pedro I a la que casaron con Enrique III
A la muerte de éste y conforme a los deseos del rey, catalina fue nombrada regente de su hijo, aún niño, Juan II junto con su cuñado el futuro rey Fernando I de Aragón.
La vida de Leonor  en aquel momento cambiaría ya que como privada de la reina regente y del infante, supuso convertirse en una de las personas principales del reino de Castilla con amplias influencias políticas al llegar a ser sus opiniones cuyas opiniones más considerados que la de nobles y clérigos. 

Las tensiones internas e intrigas en torno a la corona castellana y el hecho de que una mujer hubiera adquirido tanto poder político en la corte provocó el recelo de nobles, que instigaron contra ella a la propia reina convirtiendo los afectuosos sentimientos que había manifestado hacia Leonor en desconfianza hacía ella.
En 1412 la reina prescindirá de los servicios de la que había sido su consejera regresando de inmediato a Córdoba junto con toda su familia.


Tumba de Doña Leonor
Iglesia de San Pablo Córdoba


A partir de esta fecha, Leonor desaparece de la corte refugiándose en Córdoba donde pasaría los últimos años de su vida y donde escribió sus memorias y avatares familiares en los que tuvo que enfrentarse en un periodo transcendental en nuestra historia.

Murió y fue enterrada, en una capilla erigida por ella en la iglesia de San Pablo.
Testó:
"Que la vistieran con el hábito de la orden de Calatrava y que la tuvieran en su casa hasta la noche, en una alcoba donde nadie la viera excepto dos buenas mujeres que la guardarán; que a la noche la llevaran a la iglesia de Santa María acompañada de doce antorchas y que luego la llevaran a San Pablo enterrándola en el arco de la derecha de la capilla de la Trinidad, junto a su marido Ruy Gutierre de Hinestrosa que será sepultado a su lado derecho  al lado de donde está sepultado el de su hijo Gutierre Ruy de Hinestrosa y que sus nietas doña Beatriz y doña Catalina de Guzman sean sepultadas en su misma sepultura, que cuando muera su hijo Martin Lopez de HInestrosa mayor de Castilla sea sepultado a la cabecera de su padre. Que su hija doña Leonor sea sepultada, cuando muera, a la cabecera de su madre (...)"
(Recogido de Libro de Casa de Cabrera en Córdoba)



Fuentes consultadas: 
En torno a la memoria de Leonor López de Córdoba: Una aproximación Lingüistica de Barbara Hinger- Fondos digitales-La última etapa de Leonor López de Córdoba de la memoria y sus disposiciones testamentarias de María Jesus Lacarra- La nobleza andaluza de finales de la Edad Media: los Guzmanes de Córdoba de Margarita Cabrera Sánchez- Aportación histórica al cancionero de Baena por Nieto Cumplido archivero de la Catedral de Córdoba-Casa de Cabrera en Cordoba: obra genealógica histórica, dedicada a el señor ... Escrito por Francisco Ruano- Foto recogida de Internet no corresponde a doña Leonor.

jueves, 25 de febrero de 2010

Abderramán IV al-Murtada "El desventurado"









Cuando los cordobeses creyeron haberse desecho de la dinastía Hammudí con el asesinato de Alí ben Hamud, buscaron a un nuevo pretendiente Omeya para el cetro cordobés...
Desde tiempos del Califa Hisham II, muchos fueron los Omeyas que se retiraron de la corte cordobesa, buscando un exilio dorado en otras partes de Al Andalus.
Entre ellos, Abderramán ben Muhammad que en un principio no tenía ningún deseo de volver a la Capital que tanto esplendor le dio su bisabuelo Abd al-Rahman III.
Pero de nuevo quiso ponerse Córdoba en manos Omeyas, así que todos los nobles cordobeses en connivencia con Jayran de Almería y Mundhir ben Yahya de Zaragoza e incluso el Conde de Barcelona que envió para que dispusiera de ellas un importante contingente de hombres, y así poder organizar un ejercito disponible con el objetivo de derrocar a la dinastía hammudí reinante en Córdoba.
Aunque su interés no era sólo la de alzar a un Omeya al gobierno cordobés, querían un Omeya lo bastante sumiso para poder manejarlo...

Las fuerzas rebeldes se concentraron en Játiva, lugar al que acudió el pretendiente Omeya para encabezar el grueso del ejército que debía dirigirse a Córdoba, pasando primero por Jaén para conquistarla y establecer una cabeza de puente que controlara los accesos y rutas hacia el sur.

Al frente de un poderoso ejército, cuando Abderramán se disponía a marchar contra Córdoba, tras haber conquistado Jaen, cuando conoció la noticia de que Alí ben Hamud había sido asesinado y que sus partidarios habían reclamado al hermano de éste, Qasim, para que ocupara el trono vacante.
Los seguidores de los Omeyas reaccionaron, proclamando a Abderramán como séptimo Califa de la dinastía Omeya, adoptando el título de al-Murtada "El que goza de la satisfacción divina". 

Abderramán IV,  tenía que jugar bien sus cartas y se dirigió hacia Granada para obtener aliados y sumisión de su gobernador Zawi, pero éste se niega a aceptarlo... 
Dos veces le niega la entrada y cuando Abderramán ordena el asalto, sus mismos seguidores le traicionaron y le abandonaron en la batalla, quizás al comprobar que no era tan manejable como habían supuesto. 
Posteriormente, el desventurado ni tan siquiera pudo llegar a Córdoba fue asesinado en las cercanías de Guadix y de nuevo la ciudad quedaba en manos Qasim. 

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.


Fuentes consultadas: 
Recuerdos y Bellezas de España de P. de Madrazo- Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy - Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- La otra Córdoba de Galisteo Roger- Foto recogida de internet-