En tres tiempos se divide la vida: En presente, pasado y futuro; de éstos el presente es brevísimo, el futuro dudoso y el pasado cierto... (Lucio Anneo Séneca)
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viernes, 8 de octubre de 2010

Qasim ibn Hammud "El odiado"





Con la muerte de Ali ibn Hammud, todos creyeron que el recién proclamado omeya Abderraman IV recuperaría Córdoba. ¡Pero no fue así! Ya que fue traicionado por sus propios hombres encontrando la muerte en el asedio de la ciudad de Guadix.

Pero los seguidores de Ali se apresuraron a proclamar Califa al hermano del difunto llamado Qasim, gobernador de Sevilla por aquellos entonces. 
Que aceleró su llegada a Córdoba y bajo el pretexto de vengar a su hermano se condujo con tal crueldad que pronto hizo bueno al difunto Ali ibn Hammud.

Los hammudíes que se creían mucho mejores que los Omeyas, pecaron de la mismas sorprendentes luchas internas entre su propia familia; y su talón de Aquiles era su propio sobrino e hijo de su hermano.
Yahya ibn Ali que así se llamaba su sobrino, sentía que su propio tío lo había desposeído de lo que por derecho le pertenecía, la bella Córdoba.

Con muchos frentes abiertos, Qasim decidió pactar con su sobrino, con el fin de repartirse el gobierno de la España Musulmana a cambio, lo nombró su heredero y le entregó a su hija Fátima como esposa.
En señal de respeto hacía su sobrino, vio necesario trasladarse a Ceuta para presentarle sus respetos a su hermano muerto...
Lo que aprovechó Yahya para entrar en Córdoba y proclamarse como el único Califa ¡Anda que no fue vivo ni ná!
De vuelta Qasim de Ceuta descubrió cual pérfido fue su sobrino Yahya al Muhtal, el cual aprovechando la situación reclamó el trono como único heredero de su padre, proclamándose Califa de Córdoba un día 13 de agosto del 1021.
Qasim en aquel momento nada pudo hacer quedándose en Sevilla y durante poco más de un año existieron dos Califas: Uno en Córdoba , Yahya y su tío en Sevilla.

Pero Qasim no quedó satisfecho y uniendo banderas con los que le permanecían fieles se dirigió hacia la Córdoba... Su sobrino, viendo con las fuerzas que venía su tío salió refugiándose en Algeciras donde se fortificó...
De nuevo Qasim entraba en Córdoba en medio de un silencio que le hizo entender lo odiado que era para los cordobeses, lo que para Qasim fue una provocación, y utilizando aún más la violencia que le caracterizaba fue dando muerte a todo aquel que se le cruzaba en su camino.

Los principales de la ciudad trabajaron con ahínco repartiendo armas entre los pobres de la ciudad, y una noche a la señal convenida todos los cordobeses atacaron el Alcázar batiéndose con la guardia de éste...
Cuentan que las calles se llenaron de cadáveres y cuando el ejercito de Qasim mataba a un cordobés salían dos más para atacarles...
Viendo la situación, el Califa prefirió rendirse y fue escoltado hasta Jerez donde su valí le dió hospitalidad.

Los cordobeses y sevillanos deciden librarse de los hammudíes. Una serie de circunstancias imprevistas elevó como Califa a otro Omeya: Abderramán V, hermano de Muhammad al Madhi, Córdoba de nuevo le da la oportunidad a otro Omeya. 

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.


Fuentes consultadas:
Recuerdos y Bellezas de España de P. de Madrazo- Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy - Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- Saladino por Julio Reyes Rubio- Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- La otra Córdoba de Galisteo Roger-Foto recogida de internet

viernes, 3 de septiembre de 2010

Sulaiman al-Mustain

 "El que acabó con Al Andalus"





D
espués de la victoria que había obtenido Sulaiman frente a Muhammad II, no se atrevió a entrar precipitadamente en Córdoba...

A pesar de ser también bisnieto de Abd al-Rahman III, sabía que su alianza con bereberes y el conde castellano Sancho García, no estaba bien visto por los cordobeses, y mucho más el alto precio que tuvo que pagar por esos apoyos: Nada menos que la entrega por su parte de varias plazas fuertes situadas en la frontera del valle del Duero. 
Por ello se tomó su tiempo y tardó más de un mes en entrar en la ciudad y proclamarse quinto Califa tomando el título de Al Mustain, el protegido de Dios.

La huida de Muhammad II a la ciudad de Toledo, le permitió a éste organizar un poderoso ejercito con el apoyo de tropas catalanas al mando del conde Ramón Borrell, venciendo a Sulaiman obligándole a dejar Córdoba.
Fracasada la primera intentona golpista, Sulaiman se refugió junto con sus adeptos en las riberas del río Guadalmellato.
Comprendió que para conquistar el Califato necesitaba ayuda así que invitó al eslavo Wadih a que se uniera a su causa y traicionase a Muhammad II.
Wadih, leal a Muhammad II  rechazó de plano, lo cual reforzó aún más toda la línea fronteriza de la Marca Media.
El encuentro irreversible entre ambas fuerzas se produjo en las inmediaciones de la actual Alcalá de Henares y se saldó con una victoria sin paliativos de las tropas de Sulaiman y avanzar sin oposición alguna en dirección a Córdoba...
Mientras, Muhammad II, viendo que los condes catalanes rompían la alianza militar, se mostró incapaz de ofrecer protección a los habitantes decidiendo huir de la capital, por lo que Wadih, harto de tanta incompetencia por parte del Omeya, resolvió matarle y reponer en el trono califal al títere Hixam II.

Wadih, en un intento por llegar a un acuerdo con Sulaiman, envió la cabeza de Muhammad al pretendiente y sus seguidores bereberes, instando a que abandonara la actitud revolucionaria y a que todos jurasen fidelidad al legítimo Califa, al incompetente Hixam.

Pero Sulaiman no se iba a conformar con eso... Tomó al asalto Madinat al-Zahra, la bella ciudad que había construido su bisabuelo, y puso cerco a la capital, mientras que otro contingente de sus partidarios se dedicaba a reconquistar paulatinamente las principales ciudades andalusíes... Sometió a Córdoba a un durísimo asedio que surtió efecto en cuanto la sed, el hambre y la peste se ensañaron de la ciudad.
El general Wadih intentó huir en medio del desorden generalizado, pero fue asesinado por los líderes cordobeses.
Finalmente, una agotada Córdoba se rindió ante la evidente fuerza militar de Sulaiman... La ciudad que había sido la más importante del mundo en tiempos de Abderramán III ahora caía arrodilla a los pies de uno de sus biznietos.
Hizo su entrada triunfal en Córdoba, Sulaiman fue confirmado Califa de Al-Ándalus, instalando a las tropas bereberes en el magnífico palacio que un día su bisabuelo mandó construir, Madinat al-Zahra, mientras que el conde castellano hizo lo propio en una suntuosa Almunia de la capital.

Mandó apresar de nuevo a Hisham II y se intituló como Califa... Al día siguiente, en la oscura mazmorra donde fue encarcelado, apareció estrangulado el inútil de Hixam, desapareciendo así el que sin duda alguna fue el peor gobernante de toda la historia de Al Ándalus.

La primera medida que tomó Sulaiman al recuperar el poder, fue la de distribuir el gobierno de algunas provincias entre los líderes de las principales familias aliadas, medida que provocó la aparición de una nueva realidad política que acabaría imponiéndose una vez que la institución califal desapareciera para siempre, los reinos de taifas, ya que en realidad el poder efectivo de Sulaiman no iba más allá de los límites territoriales de Córdoba.
Este nuevo Califa tampoco proporcionó la paz, y sus tres años de reinados acentuaron todavía más las tensiones sociales en vez de mejorarlas... Su total dependencia hacia los bereberes enardeció los ánimos de las élites cordobesas e incluso de gran parte de sus antiguos colaboradores.
Ambos grupos reclamaron la vuelta del depuesto Hisham II sin sospechar que éste había sido asesinado anteriormente.
El portavoz de la disidencia fue Alí ibn Hammud, gobernador de Ceuta por imposición del propio Sulaiman, quien, reclamó el trono cordobés pretextando haber sido el depositario del califato en nombre del depuesto Hisham II, quien según él seguía todavía vivo y oculto, atacando Córdoba.
Sulaiman fue hecho prisionero cuando intentaba escapar... Y sin más remedio hizo su entrada victoriosa en Córdoba, pidiendo a Sulaiman que le entregara, vivo o muerto, al infeliz Hisham II.
Una vez que se supo el trágico final de Hixam, Sulaiman fue ejecutado en el acto por el propio Ibn Hammud, quien se hizo proclamar legítimo Califa con el título de al-Nasir li-din Allah, El que combate victorioso por la religión de Alá.

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día




Fuentes consultadas: 
Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy - Saladino por Julio Reyes Rubio- Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- La otra Córdoba de Galisteo Roger- Foto recogida de internet

viernes, 25 de junio de 2010

Abderramán III.

El primer Califa cordobés



"...Y en todo este tiempo, he contado los días de pura y genuina felicidad que he vivido: Montan un total de catorce... No cifréis por tanto vuestras esperanzas en las cosas de este mundo."

                                                 Abderramán III.




Nació en el Alcázar cordobés un jueves del mes de Enero, veintiún días antes de la trágica muerte de su padre Muhammad.
Desgraciadamente su padre fue asesinado a golpes por su tío al-Mutarrif por las intrigas palaciegas.
¿Los motivos? Lo que siempre ocurría cuando un Emir proponía como heredero a uno de sus hijos, las envidias y las traiciones que siempre existieron en la Corte Omeya.
Al parecer, el Emir Abd Allah y padre de ambos, había propuesto a Muhammad como heredero suyo por sus méritos, lo cual irritó a Mutarrif, que era de sangre real por parte de madre, al contrario que Muhammad, que era hijo de una esclava cristiana... 
Así que Mutarrif, que se sintió despreciado por su padre al no ser su favorito, tendió una emboscada a su medio hermano y lo acusó ante el Emir por desobediencia...
Abd Allah mandó encarcelar a Muhammad, pero no castigó a Mutarrif porque en el fondo temía que alguno de sus hijos conspirara contra él, así que decidió que era bastante escarmiento y mandó poner en libertad a Muhammad que fue asesinado en la misma celda por Mutarrif, el cual fue ejecutado por orden de su padre.
Parte de la arqueta de Leire
en el que se representa al Califa
El destino de Abderramán siendo un bebé de días era incierto con la muerte de su padre y los tiempos que corrían, así que su abuelo el Emir, probablemente acuciado por problemas de conciencia por la muerte de su hijo, cobijó bajo su protección en Palacio tanto a la madre, una esclava de origen vasco llamada Muzayna que en árabe significa Lluvia, como al bebé que todavía no tenía ni tan siquiera la cuarentena. 

El azar es a veces caprichoso y el destino lo llevó a ser lo que nadie supo presagiar, el más célebre de aquella dinastía, el octavo y último Emir y primer Califa Omeya.

Abdalá, le tomó un especial aprecio que no ocultó a los ojos de los demás, pronto aquel niño fue el nieto preferido, al que llegada su adolescencia y mediante gestos tales como el que en alguna fiesta le hiciera sentar en el trono mientras él ocupaba un estrado a su lado, o que a la vista de todos se quitase su anillo para ponerlo en el dedo del nieto, destinó a que fuera su sucesor.
¡La infancia de Abderramán no fue nada fácil! A pesar de transcurrir en el harén de su abuelo conviviendo con su madre y sus tíos menores de edad además con las esposas y concubinas de su abuelo y con un buen número de servidores y eunucos, al frente del harén estaba su tía,  a la que llamaban al-Sayyida, es decir "La Señora" que para desgracia del pobre muchacho era hermana uterina del infante Al- Mutarrif, el asesino de su padre.
Ésta, se encargó de la crianza y educación del niño; lo que no le hizo la vida nada fácil al pequeño que según cuentan los cronistas lo trató con bastante dureza llegando al maltrato...

Tal vez ese fue el detonante que forjó esa personalidad, era cortés y benevolente para los que acatasen sus órdenes, pero extremadamente duro y cruel con quien se rebelase contra él.
Desde luego nunca olvidó y perdonó a su tía por el trato que tuvo con él y cuando sucedió a su abuelo la expulsó del Alcázar y la princesa tuvo de refugiarse en la casa noble de los Banu Hudayr, visires del Emirato... Muriendo dieciocho años después de la entronización de su sobrino y sin ser reconocida como parte de la Corte.

El joven Abderramán que siempre vivió en la Corte cordobesa, situación que no gozaron los propios hijos de su abuelo, tuvo una esmerada educación y demostró poseer la constancia y astucia propia de los Omeya, junto al valor personal y acertado sentido de la realidad, poseía además una inteligencia ágil y aguda. 
De indudable inclinación al conocimiento de las materias que entonces se consideraban imprescindibles en la formación de un hombre, que como él, estaba llamado a ocupar el más alto puesto en la sociedad en la que había nacido.
El Califa era de piel clara, sus ojos azules y su cabello rubio tirando a pelirrojo que intentaba ocultar usando tintes de alheña.
De corta estatura y complexión fuerte, tenía un aspecto atractivo, señorial y majestuoso que destacaba sobre todo, cuando iba a lomos de su caballo, a pesar de que los estribos no bajaban un palmo de la silla debido a la reducida longitud de sus piernas, sin embargo cuando iba a pie resultaba bajo para la talla media de los de su raza.

Sucedió a su abuelo a la edad de veinte años heredando un Emirato más nominal que real... 
Los Omeyas atravesaban el peor momento de la historia, con rebeliones de árabes, bereberes y muladíes, que junto con la desunión de los señores locales que controlaban las ciudades reducían el control efectivo del Emir a los territorios aledaños.
La expansión del califato Fatimí de Egipto, además amenazado por cada vez más poderoso rey de León.  
No tuvo más remedio que dedicarse a sofocar todas las rebeliones y a unificar los territorios lo que tardó alrededor de tres meses a la vez que redujo a Ibn Hafsun a la necesidad de traer mercenarios de Tanger y recluirse en Barbastro donde murió ese mismo año, aunque el todavía Emir tardaría más de diez años en derrotar a los hijos de éste. 


Las guerras son continuas, unas veces por la parte norte y otras por la parte de África porque ni la sumisiones eran duraderas, ni los cristianos dejaban descansar al cordobés por los continuos intentos de invasión. 

Y los reinos cristianos, ¿A que dedicaban el tiempo libre? Pues la verdad que tiempo libre poco. 
Mientras, Ramiro de León resolvía unos "problemillas dinásticos" que junto con sus hermanos tenían.
Veréis el lío: 
A la muerte de su padre Ordoño fue Fruela II que ya era rey de Oviedo, el que se quedó con el trono, dejando sin ningún derecho a sus tres sobrinos.
¡Pero poco le duró! Fruela murió a poco más de un año de lepra quedando una lucha interna entre el hijo de éste, un tal Alfonso al que llamaron "el jorobado "que apoyaban para subir al trono los asturianos y por otro lado los tres hijos de Ordoño: Sancho Ordoñez, Alfonso el que sería llamado "El Monje" y el propio Ramiro al que más tarde sería llamado "El Grande" que eran apoyados por los gallegos y portugueses.
Ramiro actuó rápido, pactando con Sancho I Garcés  e incluso casándose con la hija de éste llamada Urraca Sánchez... Aunque para ello tuvo que repudiar a su primera esposa a pesar de tener dos hijos con ella, para unir lazos con el pamplonés.
La victoria estuvo de parte de los hijos de Ordoño que echaron al intruso del trono dividiendo el reino de su padre en tres:
León se lo quedó Alfonso, Galicia hasta llegar al río Miño para Sancho y lo que hoy en día sería el norte de Portugal para Ramiro que sumiría el reino de Galicia a la muerte de su hermano y que una vez afianzado ordenó cegar a todos los miembros de la familia de Fruela para no tener de nuevo luchas internas. Comenzando un proceso de expansión territorial que no le gustó nada al cordobés, que había oído que se había aliado además del pamplonés con el wali de Zaragoza que estaba resentido con el Califa por haber mandado matar a un hermano suyo, entre ambos le tocaron tanto las narices a Abderraman III acercándose tanto a sus fronteras que no tuvo más remedio que declarar "La guerra ". 
A la proclama del Califa todo el mundo musulmán se puso en movimiento... ¡El punto de reunión! Los campos de Salamanca.

Cuentan los cronistas que el Califa salió de Córdoba acompañado de su guardia y lo mejor de su ejercito y a orillas del Tormes se montó un gran campamento en que se concentraron todos los musulmanes disponibles para hacer la guerra.
Era primavera del 939 cuando pasan el Duero sin apenas resistencia, talaron campos, incendiaron poblaciones y haciendo, según las crónicas, los estragos de las tempestades.
Los cristianos no tuvieron más ocasión que encerrarse en Zamora, aunque no era más que una treta ya que el cordobés supo que el rey Ramiro pretendía darle el gran golpe por la espalda.
Así que deja a gente cercando la ciudad y junto con sus mejores hombres marchan río Duero arriba en busca del ejercito leonés, encontrándose ambas huestes cerca de Simancas.
En el momento de entrar en batalla un eclipse solar oscureció el día que llenó de terror a los soldados de ambos bandos.
Que tanto cristianos como musulmanes presagiaron como una señal y más de dos días se tiraron tanto un ejercito como otro sin hacer movimiento alguno esperando ¡no sabían realmente el qué! hasta que al tercer día sonaron trompetas que anunciaban el combate.
Como clave de la batalla el no querer aceptar el ejercito musulmán ordenes de otros grupos de musulmanes que se habían unido a la llamada de la "Campaña del Supremo Poder" del Califa.
¿ Que qué hacían los cristianos? Bien atrincherados en las murallas de Simancas, todos juntos: Guerreros de León, de Galicia, de Asturias junto con refuerzos recién llegados de Castilla, Aragón y Navarra... 
Todos unidos por la cruz frente a la media luna, hizo que el ejercito más valiente y fuerte de Al Áldalus se retira con bastantes pérdidas e incluso el propio Califa herido ¡Vamos que le dieron una buena paliza!  
Una vez llegado a Córdoba Abderraman mandó ejecutar a los generales que le quedaron por no haber estado a la altura en el campo de batalla. 



Abderramán III fue el primer Emir que tomó el título de Califa a imitación de los de Bagdad y los pueblos para manifestarle su afecto le dieron los títulos de Imán de Al-Nasi-Ledin-Alla, el amparador de la ley de Dios, hasta estos momentos los soberanos cordobeses habían acuñado las monedas con las mismas leyendas que utilizaban los Califas de Oriente pero Abderramán puso ya sus nombre y títulos.
Mandó construir en la ciudad cordobesa nuevos palacios, ensanchó la gran Mezquita por la creciente población y dotó a la ciudad de agua potable, construyendo muchas fuentes y baños públicos.

Una vez asentado su reino y su poder, quizá como desquite a la austeridad de la juventud junto a su tía, relajó sus costumbres.
Entregado al vino y los placeres, su crueldad y prepotencia se acrecentaron, haciéndole protagonista de sucesos deleznables...
Según el historiador Omeya, Ibn Hayyan, su carácter se volvió tan duro que utilizaba los leones que le habían regalado unos nobles africanos para castigar con más saña a los condenados a muerte, pero esa crueldad solo se quedaba en la batalla o para escarmiento... 




Según cuentan bajo su mandato, la ciudad de Córdoba alcanzó el millón de habitantes una cifra demasiado exagerada, que para mi entender serían menos, cuentan que disponía de seiscientas mezquitas, trescientas mil viviendas, ochenta mil tiendas, innumerables baños públicos, setenta bibliotecas, una universidad, una escuela de Medicina y otra de traductores.
Amplió la Mezquita -Aljama incluida la reconstrucción del alminar y ordeno edificar la ciudad más bella del mundo envuelta en una bella historia de amor, Madinat Al Zarha.

Cuentan que para alimentar a toda la gente que vivía en la Madinat Al Zahra se necesitaban trece mil libras de carne diarias, además de aves, pescados, cereales, hortalizas, frutas, que llegaban a la Madinat en hileras de animales de carga que medían varios kilómetros.
Se calcula que el número de intelectuales protegidos por el Califa estuvo entre cinco mil y ocho mil...
El harén del Califa llegó a albergar seis mil trescientas mujeres y que por alguna de ellas, sintió tal ardor que "Abandonaba la batalla para correr a sus brazos".
Así sucedió con la primera, Fátima al-Qurasiyya, hija de su tío abuelo el Emir al-Mundir. La cual, debido a su rango llevaba el título de al-Sayyida al-Kubra, "La Gran Señora". Hasta una noche en que la solicitó y Maryam le compró la visita a la Sayyida y fue ella en su lugar a las estancias del Califa...
Apareció bajo los velos, procurándole tal agrado a Abderramán, que cuando descubrió el engaño en lugar de castigarle, la convirtió en su favorita durante años.
Luego llegó Mustaq, que fue la favorita del Califa en los últimos años de su vida y le dio el último de sus hijos, al-Mughira.

Apasionado por el lujo y la pompa, fue censurado públicamente por el Cadí porque dejó de cumplir sus deberes religiosos en la Mezquita Aljama tres viernes seguidos cuando dirigía con entusiasmo las obras del "Gran Salón del Califa" en Madinat Al Zahra.
No fue la única vez que fue censurado por el Cadí:
Una vez, quiso comprar un terreno para una de sus favoritas... Paseando, le gustó la casa que habían heredado unos niños huérfanos, que como tales estaban bajo la tutoria del Cadí.
Abderramán ordenó al albacea que se la valorase a la baja.
Cuando se enteró el Cadí, contestó al Califa que la venta de los bienes de los huérfanos sólo era posible por tres motivos:
- Por necesidad
- Por ruina grave
- O para obtener un beneficio para los niños.
Como ninguna de estas tres condiciones se cumplían y conociendo como conocía al Califa, ordenó derribar la casa y obtuvo por el material de derribo más de lo que ofrecía el Omeya



La corte de Abderraman III


Tenía Abderramán muchos hijos, pero de todos solo dos eran los que brillaban, uno se llamaba Abdalá y el otro Alhaken.
Abdalá era poeta, astrólogo y filósofo e incluso había escrito una historia de los Abbasidas,; y a pesar de que el Califa sabía que estaba bien preparado para reinar,  Abderramán al que más amaba era a su hijo Alhaken que lo educó con esmero proporcionándole los mejores maestros de todo el reino.
Su padre lo había declarado "Wali alahdi" príncipe heredero, ante todos las personalidades del reino...
Abdalá que sufrió como un desprecio hacía él que su padre escogiera a su hermano para sucederle el día que muriera y aconsejado por su entorno pensó en rebelarse contra su padre para arrebatarle el poder, posiblemente mal aconsejado por su entorno, guiados tal vez por su propia ambición, le decían que todos los cordobeses estaban resentidos de la preferencia de su padre por su hermano.
Así que tomó partidarios para su causa y estando en el intento de la conjura, el Califa se enteró del movimiento que quería hacer su propio hijo.
Mandó apresarlo y enviarlo al palacio de Al Zahra donde lo tuvo encerrado en una mazmorra durante más de una semana sin comida ni comunicación alguna.
Al cabo de estos días Abdalá fue presentado frente a su padre que le preguntó:
-¿Te tienes por ofendido porque no reinas?
Abdalá solo tuvo lágrimas por repuesta...
Abderramán III lo sentenció a muerte el día de las Pascua de las victimas, el señalado para estallar la conspiración.
Cuentan que Alhaken pidió a su padre el perdón de su hermano y que Abderramán le respondió: 
Bien está de tu parte interceder por tu hermano y si yo fuera un hombre privado y pudiera escuchar solo los sentimientos de mi corazón desde luego que accedería tus súplicas... 
Pero soy Califa así pues, ni tu desconsuelo ni las lágrimas de toda nuestra casa, pueden librar a mi desgraciado hijo a la pena debida a su crimen... 
Durante la Fiesta de los Sacrificios, Abdalá fue llevado a la musallá, oratorio al aire libre, donde fue degollado delante de la multitud...
Cuentan que esa vez fue la única que vieron llorar al Califa. 

Durante sus últimos años Abderramán, había dejado en manos de su hijo Alhakem la gestión del Califato, permaneciendo recluido en su ciudad dorada de Madinat al-Zahra.
En su estancia favorita, aquella con el suelo cubierto de arena en que tuvo lugar la novelesca audiencia a la embajada franca... Allí permanecía la mayor parte del día y sólo un contado número de personas tenían libre acceso.
Entre los escasos privilegiados estaba Hasday Ibn Saprut, su médico personal, quizá el único hombre que jamás le tuvo miedo, posiblemente porque conocía su más profundo y bien guardado secreto:
El obsesivo terror que sentía a morir envenenado a causa de la mordedura de una serpiente...

En la primavera de 961, el frío de la sierra cordobesa en Madinat al-Zahra hizo enfermar al Califa... Se temió que fuera una pulmonía, pero una vez más Hasday consiguió una curación sorprendente, llegó el verano y con el buen tiempo el régimen de vida y audiencias de Abd al-Rahman volvieron a su ritmo normal.
Sin embargo, con el retorno de los frescos otoñales la salud de anciano monarca empeoró nuevamente y en esta ocasión el judío sabía que, ni su depurada ciencia podía hacer nada por él... Y un martes del mes de octubre del año 961, tras cincuenta años en el poder y a los setenta de edad, dejando en el mundo once hijos, dieciséis hijas, la ciudad más hermosa y rica del mundo, Abd al-Rahman III murió pasando con todo merecimiento a figurar en las inmortales páginas de la Historia.


El día que fue enterrado el Califa, el patio exterior del Alcázar de Zahra presentaba un aspecto deslumbrador y armonioso, los guardias vestidos con los más vistosos y magníficos trajes se hallaban simétricamente colocados en la avenida de Palacio detrás de ellos una filas de esclavos negros de África, cubiertos con trajes blancos.
El salón Rico estaba rodeado con filas de guardias eslavos que tenían en una de sus manos las cimitarras desnudas y en la otra sus escudos... Los cadíes vestidos de blanco en señal de luto, los capitanes de la guardia y finalmente todos los destinatarios se encontraban frente al trono erigido en el centro del grandioso y bello salón.
En él, se encontraba sentado su hijo, que si no resultaba tan majestuoso como su padre si de presencia regia, y rodeado de sus hermanos y primos recibió el juramento de fidelidad el nuevo Califa Al Hakem II.

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.



Fuentes consultadas: 
Por qué  Abd Al-Rahman III sucedió a si abuelo el Emir Abd Allah  de Maribel Fierro Instituto de Filología, CSIC. Madrid - Abderraman III engrandeció la Mezquita por Juan Domingo Sanchez Diario de Córdoba 17/04/1960- Semblanza de Abderraman III por En-nuguairi Diario de Córdoba 14/10/1961- Recuerdos y Bellezas de España de P. de Madrazo- Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy - Saladino por Julio Reyes Rubio- Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- La otra Córdoba de Galisteo Roger- Foto recogida de internet Retrato Abderramán de Juan Cantabrana

domingo, 16 de mayo de 2010

Ali ibn Hammud al Nasir

  " El pretendido descendiente del Profeta "




Ali ibn Hammud, era un hombre ambicioso y no se contentaba con una Taifa más, aspiraba al Califato de Córdoba...




Siempre se ha dicho que al amigo hay que tenerlo cerca, pero al enemigo aún más... Y eso es lo que pensaría Ali ibn Hammud cuando se ofreció aliarse con Sulaiman al Mustain para echar del poder cordobés a Muhammad II.
Córdoba, en aquellos momento se encontraba con la lucha por el cetro cordobés entre dos Omeya...
Sulaiman venció pero la alianza con los bereberes que le llevaron a la victoria contra Muhammad II fue la misma que luego le costó el Califato e incluso la vida...
Cometió el gran error de distribuir el gobierno de algunas ciudades entre sus aliados, sin poderse imaginar que le había dado entrada al que lo quitaría del poder... Porque el mismo Califa le entregó la gobernación de Ceuta.

Cuando el de la dinastía hammudí fijó su objetivo político en hacerse nombrar Califa, no dudo en presentarse como descendiente directo de Mahoma, y así reclamar Córdoba...
Ali, reunió a sus tropas, cruzó el estrecho se apodera de Málaga y reuniéndose con las tropas de su hermano, gobernador de Sevilla, y los principales alameríes de Andalucía que lo reconocieron por jefe y se dispuso a marcha en dirección a la Capital.
Enterado Sulaiman de las intenciones de Ali, reunió a sus hombre y marchó en busca del insurrecto...
Ambos se encontraron a Almuñecar, donde el propio Sulaiman y un hermano de éste fueron hecho prisioneros, marchando resueltos sobre Córdoba.
Una vez allí  y pretextando tener una carta de Hisam II nombrándole su heredero legítimo, cosa por otra parte totalmente imposible porque el títere Hixam ya estaba muerto, entró en la antigua y decaída Capital.
Al no encontrar vivo a Hisam II, acusó a Suleymán de su asesinato, ejecutándolo allí mismo ya sólo le faltaba proclamarse Califa adoptando en título de al-Nasir li-din Alláh  " El defensor de la religión de Alá".
.
Por primera vez, la perla de Al Andalus dejaba de tener Omeyas en el poder y un hombre de una nueva dinastía hacía su entrada como sexto Califa de Córdoba.
Ali ibn Hammud empezó con mesura su gobierno controlando a los bereberes pronto se tornó a ellos. Gozó de su apoyo durante dos años, que fue el tiempo que gobernó.
Cuenta que  su actitud pasiva frente a ese ejercito que no era querido en Córdoba le costó la vida... Allí en el Alcázar apareció nadando en un charco de sangre cuando se estaba dando un baño fue encontrado por sus mujeres inquietas por la tardanza.
Las culpas recayeron sobre tres de sus esclavos domésticos que con toda seguridad fueron sobornados por alguien. Dos de estos infelices fueron torturados y crucificados en el puente de Córdoba

Y aunque el Califa asesinado había designado previamente como sucesor a su hijo Yahya, que se encontraba en Ceuta, sus partidarios avisaron a su hermano que estaba de gobernador en Sevilla.
Éste, en un principio temió que fuera una treta contra él y envió a quien le diera noticia sobre la veracidad de los hechos; sólo entonces Qasim ibn Ammud se desplazó a Córdoba, sacaron el cuerpo de su hermano, hizo los rezos preceptivos por él y envió su féretro a la ciudad de Ceuta, donde fueron enterrados.
Los bereberes se apresuraron a proclamar Califa a Qasim ibn Ammud tres días después de la muerte de su hermano.

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.


Fuentes consultadas: 
Recuerdos y Bellezas de España de P. de Madrazo- Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy- Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- La otra Córdoba de Galisteo Roger- Foto recogida de internet- boletín de la Real Academia Española

domingo, 2 de mayo de 2010

Yahya ibn Ali ibn Hammud

  "El pretendido sucesor"








Mientras esperaba el cuerpo de su padre, Ali ibn Hammud al Nasir en Ceuta para darle sepultura, su tío Qasim ibn Hammud se había dirigido a Córdoba usurpando el trono, vulnerando así la herencia de Yahya.
No obstante e intentando pactar con su sobrino le nombró su heredero y le entregó a su hija Fátima como esposa, además de jurarle un pacto entre familia para gobernar entre ambos la España Musulmana...

Si en un principio la conspiración de Yahya contra su tío mantuvo un carácter secreto, poco a poco se fueron conociendo sus intenciones y fue ganando adeptos entre los bereberes de la corte cordobesa.
Yahya esperó el momento oportuno para invitar a su tío Qasim a que presentara a su padre muerto en Ceuta.
Mientras Qasim viaja a Marruecos, Yahya entró en Córdoba proclamándose único Califa adoptando el título de "al-Mutali bi-llah."

Su tío cuando vuelve de Ceuta descubre la jugada de su sobrino- yerno y entonces se queda en Sevilla a la espera, dando lugar a la existencia de dos Califas simultáneos: Yahya en Córdoba y su tío en Sevilla.

Yahya convirtió su corte en una constante reunión de literatos y hombres de ciencia y fue generoso con todos aquellos que se acercaron a él, especialmente con los poetas que le dedicaron grandes alabanzas.
Su tío mientras  unió bandera con los que todavía lo apoyaban y marchó con una gran tropa contra Córdoba.
Yahya viendo que le ganaba en número se marchó de la perla de Al Andalus estableciéndose en Algeciras y desde allí contempló como de nuevo fue derrocado su tío al-Qasim y esta vez no fue por ningún Omeya... 
Fue derrotado y expulsado de la ciudad por los propios cordobeses, que cansados de tanta crueldad atacaron el real Alcázar en una noche bañada en sangre.
Mientras viendo Yahya lo que su tío había sido capaz de perder y con ello la posibilidad de tener todo Al Andalus persiguió a su tío al-Qasim y lo capturó en Jerez, donde éste se había refugiado. 
Lo trasladó a Málaga y lo mantuvo preso en el alcázar, hasta que muerto Yahya, fue mandado asesinar por su sucesor, Idris. 
Aquel fue el momento del nacimiento de la taifa de Málaga

Mientras, de nuevo los  cordobeses dentro de su gran generosidad le ofrecieron el Califato a otro Omeya, Abd al-Rahman al-Mustazhir, Abderraman V.

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.



Fuentes consultadas: 
Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy - Saladino por Julio Reyes Rubio- Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- La otra Córdoba de Galisteo Roger- Foto recogida de internet 


domingo, 18 de abril de 2010

Muhammad III " El Cobarde "





La mala decisión de Al Hakem II de proclamar a su hijo Hixem como su heredero, fue nefasto para el Califato que se sumergió en una etapa oscura de revueltas e intrigas.
Nunca más llegó a brillar Córdoba como la perla que tanto amaban el gran Califa.
Sus descendiente parece que querían disfrutar más de la buena vida que gobernar un Califato.
Muhammad, se suponía que no estaba destinado para reinar, era un biznieto más de los muchos que tuvo Abderramán III.

El asesinato de su padre por Almanzor dejó al pequeño Muhammad al cuidado de su madre que fue acogida en el harem de su tío y aunque tuvo una buena educación como todos los Omeyas, sus derroteros lo condujeron al buen vivir sin más aspiraciones que escribir poesía a las mujeres que amaba y a las grandes fiestas con sus amigos.
Su vida disoluta junto con su debilidad de carácter presagiaba lo que más tarde ocurriría...

En aquellos tiempos Abderramán V, engrosó de tropas bereberes el ejercito Califal, ésto es lo que encendió los ánimos del pueblo que decía:

"Nosotros fuimos los que ganamos a los berberisco y nosotros los que los echamos y ahora este hombre que nosotros colocamos en el trono trata de traerlos de nuevo a la ciudad".

Un autentico caldo de cultivo del que se aprovecho Muhammad que instigando al pueblo a insurreccionarse les faltó tiempo para entrar a Palacio en busca de Abderramán V. 

Matando a los guardias llegaron hasta la alcoba del Califa y éste que empuñando una daga se defendió como pudo, acabó asesinado por el populacho.
Después de comprobar la muerte del Abderraman, fue proclamado Califa adoptó en nombre de al-Mustakfi, "El que satisface con Alá" décimo Califa cordobés de Al-Andalus y octavo perteneciente a la dinastía Omeya. 
Pero Muhammad III no estaba preparado para gobernar y empeoró más la situación al rodearse en la Corte de personas sin preparación ni escrúpulos, llegando a nombrar como primer ministro a un amigo cuya profesión era la de un simple tejedor.

Desde el primer momento desató una desenfrenada venganza contra todos sus enemigos políticos, a los que eliminó sin más, como a su primo Ibn al-Iraqi, al que mandó estrangular después de haberle nombrado su heredero y a otros los encarceló caso del gran poeta Ibn Hazam, amigo y consejero del malogrado Abderramad V y cuentan que amante de su propia hija la princesa Wallada.

Los escasos 17 meses que estuvo en el gobierno en medio de grandes desórdenes, se abandonó a la disipación, a la bebida y a todo tipo de placeres sexuales...
Semejante acto de depravación e insensatez provocó las iras de los notables de la ciudad, en principio favorables a la dinastía de los Omeyas, pero que, paulatinamente fueron separándose del Califa hasta que cayeron en los brazos del depuesto Califa hammudí Yahya ben Ali ben Hammud, que estaba refugiado en Málaga.

Ante la amenaza del hammudí y en vista de que la agitación social era cada vez más fuerte, el timorato Califa decidió huir antes de ser destronado, ya que lo último equivaldría a una muerte segura, así que aprovechando los tumultos que padecía la ciudad por el asedio al que la tenía sometida Yahya, logró escapar cubierto con un velo y disfrazado de mujer...
Unas semanas más tarde fue asesinado por un miembro de su guardia personal cerca de Uclés (Cuenca).
Muhammad III pasó a la historia como el Califa Omeya más pusilánime y cobarde que dejó a la ciudad en manos de nuevo de los Hammud.

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.



Fuentes consultadas: 
Recuerdos y Bellezas de España de P. de Madrazo- Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy -Saladino por Julio Reyes Rubio- Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- La otra Córdoba de Galisteo Roger- Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy - Foto recogida de biblioteca.ayuncordoba.es

domingo, 28 de marzo de 2010

El califa Abderramán V

 " El breve "







Cuarenta y siete días fue lo que estuvo en el poder este nuevo bisnieto del gran Califa Abd al-Rahman III.
Tras la expulsión del Califa hammudí al-Qasim ibn Hammud, los cordobeses decidieron confiar de nuevo sus destinos en un príncipe de origen Omeya y tres eran los posibles candidatos.
Mientras que los nobles cordobeses debatían cual sería el más idóneo de los tres pretendientes al Califato, Abd al-Rahman hizo una entrada espectacular en Córdoba...
 Sus tropas ataviadas con sus mejores galas dejaron impresionados a todos los cordobeses, luego dirigiéndose a la Mezquita Aljama, se proclamó Califa con el título de al-Mustazhir bi-llah "El que implora el socorro de Alá".

A pesar de la buena voluntad del nuevo Califa de intentar hacer las cosas bien y dejar bien alta su dinastía, heredó una Califato con el Tesoro Público totalmente arruinado...

Las escasas rentas que pudo recaudar apenas llegaban para pagar a la mitad de todos los funcionarios que había reclutado.
Semejante panorama lo indujo en contra de sus propios principios y voluntad, a iniciar una serie de expediciones ilegales para recabar dinero lo que le granjeó la enemistad de los estamentos más perjudicados, cosa que no gustó nada a los cordobeses que junto con la adquisición por parte del Califa de un escuadrón bereber fue un caldo de cultivo que supo aprovechar muy bien su primo Muhammad que junto a los nobles, formó una conspiración en la ciudad y los amotinados asaltan el Palacio matando a la guardia y aunque el Califa alertado por el ruido salta de la cama y se defiende empuñando una daga cae despedazado por los tumultuosos que con armas ensangrentadas, recorren la ciudad proclamando como nuevo Califa a Muhammad III.

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.



Fuentes consultadas: 
Recuerdos y Bellezas de España de P. de Madrazo- Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy -Saladino por Julio Reyes Rubio- Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- La otra Córdoba de Galisteo Roger- Foto recogida de internet-

miércoles, 17 de marzo de 2010

Hisam III al-Mu'tadd bi-llah, "El Vividor"







   Un caudal sin fin de lágrimas es poco
    si lloras por Córdoba la perdida

(Poesía andalusí)




Córdoba había dejado de ser una presa codiciable para cualquier príncipe, Omeya o no, que aspirase a un trono vacante.
Todo aquel que se instalaba en el Alcázar de los descendientes del Inmigrado, sabían que exponía su propia vida por un título despojado de toda su gloria y esplendor del pasado.
Eso debió pensar Hisam ben Muhammad ben Abd al-Malik, cuando los nobles cordobeses le ofrecieron proclamarlo Califa de Córdoba.

Tras la expulsión de Córdoba del último Califa hammudí, Yahya ben Ali ben Hammud, gracias a la colaboración algunos Reyezuelos de algunas ciudades, la nobleza cordobesa, liderada por un miembro de la vieja familia de los Banu Abda intentó por última vez restaurar el Califato, pensando en un nuevo miembro de la dinastía Omeya.

Los notables cordobeses acordaron como requisito para entronizar un candidato que fuera reconocido por los numerosos jefecillos que pululaban por todo al Andalus, con el fin de presentarlo como la cabeza visible nacional en la lucha contra el enemigo común, los bereberes, considerados como la única fuente de todos los males que venía sufriendo al-Andalus desde la caída de los amiríes .

El candidato, que vivía desde los primeros tiempos de la fitna en el castillo de Alpuente, al noroeste de Valencia, hospedado por el señor de la fortaleza, no manifestó ninguna prisa por tomar posesión de un trono tan peligroso y problemático como era el cordobés.
Hisham, parece que se lo pensó mejor y accedió al requerimiento que se le hacía y fue proclamado Califa con el título de al-Mutadd bi-llah "El que confía en Alá" aunque continuó viviendo en Alpuente, mientras esperaba que se aplacaran por completo las susceptibilidades que su nombramiento había provocado en Córdoba por ser el hermano mayor del malogrado Califa Abd al-Rahman IV al-Murtada

Al cabo de dos años y medio de su proclamación, Hisham III hizo su aparición en Córdoba, a la cabeza de un pequeño y anodino séquito, se instaló en el imponente Alcázar heredado de sus mayores. 
La impresión que causó a sus nuevos súbditos, no pudo ser más decepcionante y hacia presagiar lo que habría de ser su reinado, el nuevo Califa, tal y como sospechaban los cordobeses fue tan mediocre e incapaz para gobernar como sus predecesores.
Hisham III, recordando los tiempos del Califato de Hisham II, delegó el gobierno en su primer ministro, Hakam ben Said, un advenedizo intrigante amigo de francachelas, al que confirió plenos poderes, mientras que él se preocupaba únicamente de disfrutar con todos los lujos posibles la dorada existencia que le habían procurado los cordobeses.
Hakam asumió el verdadero mando de la nave del Estado, con una actitud arrogante que desembocó en una sucesión interminable de abusos de todo tipo, sobre todo económicos, hasta el punto de que el Tesoro Público fue sangrado hasta su último dinar...
Hakam despidió a casi todos los funcionarios de la Corte, cuyos puestos cubrió con jóvenes libertinos menos escrupulosos si cabe que el visir y el Califa...
Para paliar la ausencia del dinero en las arcas públicas, Hakam impuso una serie de impuestos contrarios a la ley con los que pudo recabar el dinero suficiente para cubrir los gastos derrochadores de una Corte abandonada por completo a la lujuria constante.
Ante las lógicas protestas de los juristas coránicos,  tanto el Califa como el visir amenazaron a éstos con iniciar una represión sangrienta en contra de todo aquel que osara enfrentarse a su poder.
Semejante episodio colmó la paciencia de la aristocracia cordobesa y selló el principio del fin, tanto del reinado de Hisham III como de la propia institución del Califato en Al-Andalus. 
Para ello provocaron un levantamiento de la población, liderado por otro familiar de la dinastía Omeya, Umayya ben Abd al-Rahman, que reunió a un nutrido grupo de partidarios descontentos y se apostó con ellos en la calle por la que pasaba el visir para ir a palacio. 

Hakam fue literalmente despedazado, mientras que su cabeza era paseada por la ciudad en el extremo de una pica ante la general alegría de todos los cordobeses.

Una vez calmados los ánimos, el infeliz Umayya fue "invitado" a abandonar la ciudad lo antes posibles, bajo pena de muerte.
Hisham III, al darse cuenta de lo que sucedía, se refugió junto con sus mujeres,  en una dependencia de la Mezquita, aprovechando un pasadizo que unía ésta con el Alcázar. Allí lo encontraron rodeados de sus mujeres llorando.
A la caída de la noche convocaron los visires a los nobles de Córdoba, el veredicto de la asamblea fue la pena de muerte si no renunciaba o pena del destierro para el Califa destronado.
Aunque Hisham III fue encerrado en las mazmorras de un Castillo.
Cuentan que al cabo de mucho tiempo logró escapar y que se exilió en Lérida, donde encontró asilo político bajo la protección de su reyezuelo, Sulayman ben Hud. Nada más se supo de él, quedó olvidado muriendo en aquellas tierras, de manera oscura.

Con este lejano y poco glorioso descendiente de Abd al-Rahman I , finalizó para siempre la larga nómina de príncipes andalusíes que reinaron en al-Andalus. 
Desaparecida la institución Califal, hizo su aparición el período de los Reyes de Taifas.

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.


Fuentes consultadas: 
Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy - Saladino por Julio Reyes Rubio- Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- La otra Córdoba de Galisteo Roger- Foto recogida de internet segundarepublica.com

jueves, 25 de febrero de 2010

Abderramán IV al-Murtada "El desventurado"









Cuando los cordobeses creyeron haberse desecho de la dinastía Hammudí con el asesinato de Alí ben Hamud, buscaron a un nuevo pretendiente Omeya para el cetro cordobés...
Desde tiempos del Califa Hisham II, muchos fueron los Omeyas que se retiraron de la corte cordobesa, buscando un exilio dorado en otras partes de Al Andalus.
Entre ellos, Abderramán ben Muhammad que en un principio no tenía ningún deseo de volver a la Capital que tanto esplendor le dio su bisabuelo Abd al-Rahman III.
Pero de nuevo quiso ponerse Córdoba en manos Omeyas, así que todos los nobles cordobeses en connivencia con Jayran de Almería y Mundhir ben Yahya de Zaragoza e incluso el Conde de Barcelona que envió para que dispusiera de ellas un importante contingente de hombres, y así poder organizar un ejercito disponible con el objetivo de derrocar a la dinastía hammudí reinante en Córdoba.
Aunque su interés no era sólo la de alzar a un Omeya al gobierno cordobés, querían un Omeya lo bastante sumiso para poder manejarlo...

Las fuerzas rebeldes se concentraron en Játiva, lugar al que acudió el pretendiente Omeya para encabezar el grueso del ejército que debía dirigirse a Córdoba, pasando primero por Jaén para conquistarla y establecer una cabeza de puente que controlara los accesos y rutas hacia el sur.

Al frente de un poderoso ejército, cuando Abderramán se disponía a marchar contra Córdoba, tras haber conquistado Jaen, cuando conoció la noticia de que Alí ben Hamud había sido asesinado y que sus partidarios habían reclamado al hermano de éste, Qasim, para que ocupara el trono vacante.
Los seguidores de los Omeyas reaccionaron, proclamando a Abderramán como séptimo Califa de la dinastía Omeya, adoptando el título de al-Murtada "El que goza de la satisfacción divina". 

Abderramán IV,  tenía que jugar bien sus cartas y se dirigió hacia Granada para obtener aliados y sumisión de su gobernador Zawi, pero éste se niega a aceptarlo... 
Dos veces le niega la entrada y cuando Abderramán ordena el asalto, sus mismos seguidores le traicionaron y le abandonaron en la batalla, quizás al comprobar que no era tan manejable como habían supuesto. 
Posteriormente, el desventurado ni tan siquiera pudo llegar a Córdoba fue asesinado en las cercanías de Guadix y de nuevo la ciudad quedaba en manos Qasim. 

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.


Fuentes consultadas: 
Recuerdos y Bellezas de España de P. de Madrazo- Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy - Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- La otra Córdoba de Galisteo Roger- Foto recogida de internet-