En tres tiempos se divide la vida: En presente, pasado y futuro; de éstos el presente es brevísimo, el futuro dudoso y el pasado cierto... (Lucio Anneo Séneca)
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jueves, 25 de noviembre de 2010

El Emir Al-Mundhir







Si hubo un Emir donde la estrella de la mala suerte se congració con la intriga  para sobrevolar en su vida, este sin duda fue Al Mundhir.
El pequeño nació y se crió en el harem de su padre Muhammad I, había nacido sietemesino y mientras su madre rezaba tal vez a su Dios cristiano, el pequeño sobrevivió y se crió tan fuerte como la esperanza de su madre Ailo, de verle algún día ocupando el trono del Emirato cordobés. 

El día que murió su padre se encontraba luchando contra el señor de Alhama aliado del rebelde Omar ben Hafsun, regresando apresuradamente a Córdoba para ser proclamado Emir terminado los funerales de su padre. 
Y así fue, Al Mundhir llegó a ser el sexto Emir independiente de Al-Andalus, sucediendo en el trono a su padre.
Mientras esto sucedía, el rebelde ben Hafsun se aproximaba a la comarca de Toledo apoderándose de la ciudad gracias a la alianza de los cristianos, para hacerse fuerte allí y proclamándose rey ante los toledanos.

Estaba acostumbrado a luchar, durante el reinado de su padre, recibió de éste el mando en las operaciones militares contra cristianos y muladíes rebeldes, dirigiendo una operación en el valle del Duero contra Ordoño I que aunque fracasó parcialmente, de regreso a Córdoba derrotó en Burgos al conde de Castilla, lo que hizo retroceder las fronteras cristianas hacia el norte.

Así que al enterarse el nuevo recién Emir congregó sin perdida de tiempo a las banderas de Andalucía y Mérida enviando delante a un escogido grupo de caballería junto con su primer ministro llamado Hixem. 
Cuando llegaron a los alrededores de Toledo para sitiarlo, se dieron cuentan que Ben Hafsun había dejado la ciudad bajo la amenaza de la llegada de los cordobeses, dejando una guarnición para intentar defenderla.
Mientras el rebelde con sus hombre fortificaba varios castillos como los de Ucles, de Weda y de Alarcón para poder defenderse mientras esperaba tropas de apoyo.
Viendo que las fuerzas del nuevo Emir serían fuertes, intentó para ganar tiempo con una gran treta, así que intentó pactar de alguna forma con el primer ministro de Al Mundhir.
Mandó a mensajeros alegando que había llegado a Toledo engañado por los cristianos y que respetando al Emir le ofrecía la entrega de la ciudad a cambio de que les dejaran unas mulas para poder sacar sus provisiones y a sus heridos de ella y así poder marcharse sin ofrecer resistencia.

El primer ministro Hixem creyendo en la sinceridad del malagueño, intercedió ante Al Mundhir a que las aceptara a pesar de que el Emir sabía de la falsedad de Ben Hasuf y que le hizo saber a Hixem.
Pero como Hixem estaba convencido de las palabras del rebelde y el Emir aconsejado por el primer ministro aceptó el pacto aunque sin mucha confianza.
No sabía Hixem que esto le costaría la vida... Ben Hafsun sacó a su ejercito de la ciudad con todas su provisiones a la vez que las tropas cordobesas tomaban de nuevo Toledo.
Desde allí le envía un mensajero al Emir contándole que todo había salido bien, y diciéndole que dejaba una pequeña guarnición y de nuevo volvían a Córdoba.
Hafsun que estaba esperando que dejaran la ciudad de nuevo casi desprotegida y apoyado por sus aliados que habían venido a su encuentro  tomó de nuevo la ofensiva cargando contra las tropas cordobesas allí dejadas y que no dejó ni a uno vivo.

Cuando llegó la noticia a Al Mundhir montó en tal cólera que mandó prender a su primer ministro al que le dijo:
- Tu fuiste el que me aconsejó, tú el que ayudó al pérfido rebelde y para que otros aprendan a ser prudentes hoy morirás a mis manos degollándolo allí mismo.

Más tarde reunió a su ejercito y él mismo, junto con su medio hermano Abdalhá marcharon contra Toledo, donde Ben Hafsun no fue capaz de hacerles frente, saliendo de nuevo de la ciudad con un grupo de sus hombres.
¡Desde luego que el malagueño le interesaba luchar a la escaramuza!
Así que Abdalhá con parte de su tropa quedó cercando la ciudad y el mismo Emir acompañado por otra parte de su caballería salió en su persecución peleando en diferentes refriegas, logrando expulsarlos de los fuertes de la orilla del Tajo, manteniendo la guerra por espacio de más de un año.

Hasta que un día recorriendo el Emir el territorio con tan solo su guardia personal de compañía, descubrió en las cercanías de Huete numerosas tropas enemigas, al verlas, mandó a pedir ayuda y las siguieron...
Dicen que cuando Omar vio aparecer a Al Mundhir con sus tropas ante su Castillo en Bobastro, pidió la rendición.
El Emir, cansado de batallar con el rebelde acepto, pero solo fue una treta para ganar tiempo porque cuando Al Mundhir ordenó levantar el campamento hubo una revuelta por parte de los malagueños donde el Emir salió herido, maltrecho a causa de su herida decidió aplastarle renovando el asedio a la ciudad.
¡Es donde el Emir murió!
Cuentan que uno de los eunucos instigado por su medio hermano Abdalá, curó su herida con lienzos y lancetas envenenadas.
En el momento en que Al Mundhir murió y en el campamento que estaban asediando a Bobastro, fue proclamado por las tropas el nuevo Emir, el que después sería el abuelo del primer Califa cordobés.
Cuentan que fue el mismo Abdalá el que hizo el camino a Córdoba llevando a su hermano en un ataúd a lomos de un camello, al llegar a la capital, tras enterrarlo y rezar la oración fúnebre por el alma de su medio hermano. 
En Córdoba todos lloraron al desdichado Emir que con cuarenta y seis años de vida y sólo dos años menos dos días de reino le vino la muerte envuelta en misterio.
Dejó trece hijos, de ellos ocho eran varones, ninguno heredó el Emirato, fue Abdalá su hermano sólo de padre, el que recibió el juramento de fidelidad de sus súbditos.



Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.


Biografía:
 De muerte violenta: política, religión y violencia en Al-Andalus por Maribel Fierro- Historia general de España de Juan de Mariana y Manuel José de Medrano- Crónicas de la provincia de Córdoba por Manuel González Llana- Wikipedia- Historia de España antigua y media de Luis Suarez Fernández- Atlas Histórico de España: La dinastía Omeya en España vol 1 por Enrique M. Ruiz, Consuelo Maqueda etc- Boletín de la Real Academia de la Historia. TOMO CCI. NUMERO II. AÑO 2004- Fotos recogidas de Internet(Foto recogida de internet de shjytan.cn - no corresponde con el personaje.

jueves, 15 de octubre de 2009

El sanguinario y déspota Al Hakém I






Cuando Zujruf parió a su hijo en el harem de Hisham I  nunca creyó que llegaría a reinar. 
Al Hakem, que así se llamó el pequeño, ni era el primogénito del Emir, ni tampoco tenía sangre real... Ella, no era más que una esclava cristiana regalada por Carlomagno, hijo de Pepino "El breve" cuando firmó una tregua con Abderraman I y que fue a engrosar el harem del Emir.

Pero el destino es caprichoso y siempre sintió su padre especial cariño por él, al igual que por su hijo Abd al-Malik, el primogénito; y todo auspiciaba que sería el heredero del Emir.
Cuentan que el joven al Hakem no era muy sociable desde pequeño y que detrás de lo que su padre veía como timidez se ocultaba una crueldad despiadada que ejercía hacia los esclavos y demás hermanos.
Dicen que fue capaz de conjurar contra su medio hermano y elegido heredero, para "envenenar" con sus palabras al Emir y que éste pensara que su hijo Abd al Malik el más querido por él y el que había nombrado su heredero conjuraba contra él. Lo encarceló durante 17 años y fue así como Al Hakem, que contaba con 26 años de edad sucedió a su padre. 
¿Qué cuál fue su primera orden cuando se sentó en el trono? Pues su primera orden fue que se ejecutara a su medio hermano Abd al Malik.
¡Creyendo que ahí se acabarían sus problemas! Ingenuo... no sabía que habría de hacerle frente a las conspiraciones de sus tíos, sublevaciones de los muladíes de Toledo, Mérida y de la propia Córdoba. Todas, fueron brutalmente sofocadas.

De la misma manera que había ocurrido en el Emirato de su padre, también se produjeron luchas entre bandos por el poder... ¡Los Omeyas no se sentían seguros ni en su propia Corte!
Se enfrentaron al nuevo Emir, como ya lo habían hecho con su padre, sus tíos paternos Sulaymán y Abdalá, que marcharon decididos sobre Córdoba creyendo poder sorprender a la Capital... 
Al Hakem le salió al encuentro entablando una cruenta batalla  en Cañete de las Torres a solo 49 kilómetros de la bella Capital , viéndose derrotado Sulaymán huyó al galope pero el caballo tropezó y cayó malherido... 
Una vez apresado por los hombres de Emir, fue él mismo el que bajó de su caballo y allí mismo degolló a su tío.
Abdalá en un primer momento huyó y se refugió en Valencia donde contaba con grandes partidarios pero privado del apoyo más grande que tuvo en su vida, que era su hermano Sulaymán, no quiso prolongar la resistencia y pensándolo mucho, le ofrece sumisión a su sobrino. Las negociaciones duraron varios años y sellaron las pases con un doble matrimonio, de dos hijos de su tío Abdalá se casarían con dos hijas de Al Hakem... 
¡La mejor de las estrategias para mantener a los hijos de su tío bien cercanos a él y como "rehenes" en Córdoba! Ya que su tío Abdalá tenía totalmente prohibido acercarse a Córdoba.

A cambio de aquella sumisión, Alhakem concedió a Abdalá el permiso de establecerse donde gustase, éste escogió Levante, desde Barcelona hasta Catargena, y la asignación mensual de mil micales de oro.

La Jornada del Foso
Pero los conflictos internos siguieron y esta vez fueron los muladíes lo que no estaban nada contentos con la política de Al Hakham.
¿Qué quién eran los muladíes? Eran los cristianos que habían abrazado el islam, la mayoría a cambio de conservar sus propiedades.
¡La rebelión! La encontró en Toledo
Por aquel entonces Toledo o Tolaitola como era denominada en aquellos tiempos, era gobernada por Yussuf ben Amrú que con sus continuos abusos y desmanes mantenía a la ciudad sumida en un continuo ambiente de terror, llegando las quejas por la tiranía que ejercía a la Corte cordobesa.
El Emir, mandó llamar a algunos nobles toledanos y una vez escuchadas todas las "andanzas" de Yussuf, fue desposeído de su cargo y encarcelado en las mazmorras de su propio castillo.

Pero algunos, no contentos con lo que había dispuesto el Emir ya que creían que era un castigo demasiado leve por todo lo que había hecho el gobernador Yussuf, y aprovechando unas revueltas a causa de la subida de impuestos, asaltaron el castillo situado en el cerro de Montichel y lo asesinaron.
Cuando la ciudad se enteró de lo que había ocurrido se mantuvo expectante a la reacción de Al Hakem,  pues de sobra era conocido con la crueldad con que respondía a las desobediencias. 

Pasaron los días y la única respuesta del Emir fue el nombramiento de un nuevo gobernador que empezó con una nueva etapa de tolerancia en la ciudad, lo que hizo a sus habitantes pensar en la buena lección que le habían dado al cordobés.

Cierto día fueron llamados los nobles de la ciudad al Castillo del nuevo gobernador con la excusa de una recepción en honor de la llegada del príncipe Abderramán, para así poder presentarle todos sus respetos al heredero de Al Hakem.
Cuentan que el castillo y sus alrededores fueron iluminados con miles de antorchas y que resplandecía como nunca, la ciudad entera estaba allí para así poder ver todas las comitivas que entraban a palacio.
Los nobles, con sus familias enteras, eran llamados para pasar a los salones y una vez que entraban... Eran decapitados uno a uno y sus cuerpos arrojados a un foso - según cuenta el cronista Ibn fal Alláh al Umari- "Entre los que esperaban había un hombre muy astuto que, al acercarse a la fortaleza, comenzó a sospechar y se dio cuenta del daño que se estaba cometiendo. 
Sin descender de su caballo, dijo a sus compañeros: 
"¿Cómo es que veo que la gente va pero luego no regresa?, ¿Acaso alguno de vosotros se ha encontrado con alguien que haya salido?. 
Deben de pasarlo tan bien- le contestó uno- que no quieren regresar.
Pero el que preguntaba, levantó la cabeza hacia arriba y, viendo la emanación de la sangre, exclamó ¡Avergonzaos, toledanos!, la espada ha sacado hoy buen provecho de todos vosotros. 
Habéis caído sobre ella como caen las moscas en la miel o las mariposas en el fuego. ¡Desgraciados, mirad al cielo!. 
Observaron entonces el palacio, que estaba rodeado de una humareda roja. 
Él les dijo: ¡Maldita sea! Se trata del vapor de la sangre y no del de la comida. 
Las gentes huyeron también y los soldados cargaron contra ellas con sus espadas, que resplandecían como un relámpago centelleante, hasta el punto de que, desde entonces, ‘Abderramán sufrió de estrabismo en los ojos. La matanza continuó hasta que no quedó ningún valiente a quien temer. 
Toledo se mantuvo fiel a sus gobernadores, que, de no ser por esta artimaña, no habrían podido dominarla"
Cuentan que Al hakém tenía una total falta de confianza en las gentes de su propio pueblo, quizás motivada por el hecho de la herencia cristiana materna viene a explicar ese gusto por rodearse de cristianos, su propio hombre de confianza era un cristiano llamado Vicente, que se expresaba con dificultad hablando en árabe; este personaje aparece citado repetidamente en las crónicas como encargado de transmitir las ordenes del soberano.
Entre sus gentes de armas, también sus favoritos eran los ciento cincuenta soldados cristianos que habían sido traídos como cautivos.
Contó con una guardia palatina de más de dos mil hombres de origen eslavo, llamados “los silenciosos”, porque no sabían el árabe ni el romance. 
Se encontraban en dos cuarteles contiguos al Alcázar y bajo las órdenes del mozárabe Rabí, hijo de Teodulfo, de origen noble fue sin duda lo que le dio la opción a ocupar este cargo.

Para sobrellevar los gastos que le ocasionaba este ejercito que debería pagar puntualmente si quería que le fuesen leales, sobrecargó los tributos llevando al límite al pueblo cordobés.
Negándose un día algunos habitantes a satisfacer aquel nuevo tributo, los recaudadores fueron maltratados...
Enterado Al Hakem de lo ocurrido mandó a su guarda con las ordenes de empalar a diez de los sublevados a la orilla del río para escarmiento de los demás.
Pero fue de repercusión contraria ya que el pueblo, al ver tanta barbarie junta, la muchedumbre se unieron para asaltar el Alcázar Omeya, donde llegaron gritando contra la tiranía del Emir.
Cuentan que los consejeros del Emir como su propio heredero el príncipe Abderramán, le suplicaron a Al Hakem con aplacar el tumulto con palabras de paz, pero el Emir, sediento de sangre salió junto a su guardia contra la muchedumbre, lanceando y degollando a cuantos se encontraba y una vez cansado hizo prisioneros crucificando a más de trecientos.
Luego dio carta blanca a sus tropas para que arrasaran el arrabal, sin respectar ni mujeres, ni niños, ni ancianos, ni casas.

"Al-Hakam se apoderó de diez de los principales exaltados y les hizo ejecutar y crucificar, con lo que dio ocasión de cólera a las gentes del Arrabal. Estalló la revuelta y, una vez dominada, la represión no se hizo esperar: ... Se sacó de todas las viviendas a quienes las habitaban y se les hizo prisioneros, luego se detuvo a treinta de los más notables de entre ellos, se les ejecutó y se les crucificó cabeza abajo. Y, durante tres días, los arrabales de Córdoba sufrieron muertes, incendios, pillajes y destrucciones."
                                                                                                                                  (Del Kamifi-l- Tarif de Ben Al-Athir)

Los pocos habitantes que quedaron del Arrabal que fue arrasado, fueron deportados sin ninguna piedad por parte de éste y desde ese momento se le conoció siempre con al Rabadí, es decir, "el del Arrabal", porque la represión terrible que allí mandó hacer fue el hecho más violento y conocido de su reinado.

El corazón de Al Hakem fue de la madre de su heredero a la que llamaba Haláua que significa dulce y que era de estirpe visigoda... 
Le dio un hijo al que llamaron Abderramán y fue el hijo más querido por el Emir, a pesar de tener dieciocho varones más y veintiuna hijas.

El Emir, pasó los últimos cuatro años de su vida encerrado en su Palacio, afectado de una grave enfermedad nerviosa, que tal vez padeció durante toda su vida pero que se fue acrecentando con la edad... 
Custodiado por su fiel milicia llamados los "silenciosos", vivía en sus aposentos donde escasa gente tenía la autorización para poder pasar a verle. 
Murió a los 53 años, pasando a la historia como el Emir más sanguinario de los Omeya, dejando un mes antes al mando, a su heredero Abd al-Rahman II.


 Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.





Fuentes consultadas:
La jornada del foso de Toledo, según Ibn Allah Al -'Umari. Traducción María Crego Gómez- Recuerdo y Bellezas de España de Madrazo- Crónicas de la provincia de Córdoba por Manuel Gonzalez Llana- El veneno del Eunuco de Juan Kresdez- Europa e Islam de Wikipedia- Historia de España antigua y media de Luis Suarez Fernández- Atlas Histórico de España: La dinastía Omeya en España vol 1 por Enrique M. Ruiz, Consuelo Maqueda, etc- Boletín de la Real Academia de la Historia. TOMO CLXXXVIII. NUMERO II. AÑO 1991 Foto recogida de internet -

jueves, 1 de octubre de 2009

El Emir Muhammad I








Siempre pensó que tendría pocas posibilidades de heredar el Emirato... Al fin de cuentas, su padre tenía muchos más hijos y el hervidero del harem haría que las favoritas instigaran todos los que no fueran sus propios hijos. 
Pero la misma tarde que murió Abderramán II, su hijo Muhammad I se sentó en el trono como quinto Emir de Córdoba.
Contaba con 29 años y tuvo que desbaratar más de uno de los complot que había promovido la favorita de su padre, Tarúb.
Su padre, siempre le tuvo un cariño especial, tal vez porque su madre y primera esposa que murió en el parto.
El bebé fue criado a manos de una esclava al que su padre llamaba Al Si-ffa y de la que con el paso del tiempo se enamoró, liberándola para convertirla en su esposa.
Pero de nuevo el destino quiso dejar solo al pequeño Muhammad, su madre adoptiva murió en los campos de Toledo mientras acompañaba a su padre el Emir Abderramán II a una de sus campañas, fue allí mismo donde fue enterrada. 
La preocupación y dedicación por conservar la unidad del Emirato era tan grande como su interés por el desarrollo de las ciencias, la literatura y la poesía.
A pesar de su gran preparación tuvo enormes problemas en su mandato sometido a revueltas primero con su propio tío por línea paterna que sofocó casándose con su propia prima llamada Umm Salama. 
Más tarde, su gobierno fue sometido a constantes revueltas y movimientos separatistas de los muladíes y mozárabes.
Los Banu Qasi que se aliaron con los Arista de Navarra con Musa ibn Musa a la cabeza, se rebelan contra Córdoba auto proclamando su independencia, como consecuencia de ésto Muhammad invadió la región de Navarra  arruinando y devastando todo el territorio, y dejando una desolada Pamplona, trayendo cautivos y haciéndose dueño de varios castillos, puntos estratégicos en aquellas tierras que le servirían para una sumisión por algunos años.

También recobra Barcelona tomada por los franceses y los echa al otro lado de los Pirineos, aunque no duró mucho ya que después se hicieron de nuevo fuertes en Cataluña.
En tiempos a Muhammad continua los problemas con los mozárabes, y la ultima decapitación del  instigador de los mártires voluntarios, San Eulogio, pone fin a los martirologios de los cristianos cordobeses.

Toledo se rebela en varias ocasiones y aunque Ordoño I rey de Asturias ayudados con varios miles de mozárabes, presta apoyo en auxilio de la ciudad, el Emir logra aplastarla en una dura derrota para los cristianos en Guadalete...
Es también atacado por los normandos en Algeciras donde las topas del Emir los rechazas abandonando las costas de Al Ándalus.
El poco tiempo que tuvo de paz, remató las obras de la Mezquita-Aljama renovando la parte antigua y afianzando la nueva. 
Incluso a él se debe que durante el Emirato se declarara el domingo como día festivo para los cristianos, pero éstos no contentos con el reconocimiento de su día de fiesta, muchos se empeñaron en ensalzar y buscar el martirio como San Eulogio había propuesto...

Se dice de él que era rubio de tez clara, nariz aguileña y cuerpo achaparrado y que era un hombre muy culto y un excelente poeta, a pesar de que sentía un interés especial por las matemáticas. Era juicioso y de hermosas costumbres, dotado de agilidad mental. 
Muhammad muere con sesenta y siete años de edad, un cuatro de agosto del año 886 su reinado había durado, nada más y nada menos que treinta y cuatro años, diez meses y veinte días, dejando treinta y tres hijos y veinte hijas.

Dos de sus hijos llegarían a reinar, un Emirato en amenazado y en discordia. 
Uno, el que él decidió que sería su heredero Al-Mundir el que nació sietemesino, el hijo de la esclava cristiana Ailo, el otro llamado Abdalá llegaría al poder con muy malas artimañas... 
 Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.





Fuentes consultas: 
Historia general de España por J. de Mariana y J.M. Medrano- Sociedad, política y protesta popular en la España Musulmana por Roberto Marín Guzmán- Historia de España antigua y media por Luis Suarez Fernández-De muerte violenta: política, religión y violencia en Al-Ándalus por Maribel Fierro - Wikipedia- Foto recogida de internet Buy The Travels Of Ali Bey, [pseud. ] Volumen, Ali Bey, no corresponde con el personaje )

jueves, 17 de septiembre de 2009

Abderramán II, el gran Emir de Al Ándalus






cuentan que su madre quería saber el futuro de su pequeño, así que envió a uno de los eunucos a que cierto astrólogo el predijera el destino de Abderramán... 
Éste le escribió una especie de carta astral en la que decía que accedería al trono Omeya a pesar de los derechos a éste de su hermano mayor Hixem...
Cosa que Haláua prefirió que nadie se enterara ya que podría peligrar la vida del pequeño Abderramán.




Abderramán nació en Toledo, tal vez el destino quiso que aquella tierra que siempre se sublevó contra los cordobeses viera nacer un Emir que llegaría a ser uno de los más grandes de existieron en Al Ándalus.
Su padre Al Hakem, antes de ser nombrado heredero, fue gobernador de aquella ciudad por un tiempo, el necesario para poder sofocar aquellos aires independentistas del Emirato y que varios de sus hijos nacieran allí.

De madre visigoda a la que su padre llamaba Haláua que significa Dulce, la primera infancia de Abderramán trascurrió en el harem del Emir, con su madre y otras mujeres de su padre, sus hermanos de vientre y otros medios hermanos,  en una vida plácida a pesar de los cambios de humor de su padre y del poco apego que le tuvo a casi ninguno de sus hijos, el Emir Al Hakem I se preocupó en dar una educación esmerada a sus hijos a pesar de no tener mucho contacto con ellos.
Su padre estaba enfermo y por lo tanto la sucesión no se presentaba nada fácil... Al Hakem adelantándose a lo que ya sabía que había ocurrido con otros antecesores y queriendo que acabara el juego de las intrigas en la Corte, en una de las fiestas del sacrificio invistió al príncipe Hixem junto con su medio hermano Abderramán como segundo sucesor, como los legítimos herederos al trono cordobés.
Esa fue la última ocasión en que se vería públicamente a Al Hakem ya que se auto-recluyó los cuatro últimos años de su vida en su Palacio, a causa de su enfermedad nerviosa que se agravaba cada día más, custodiado por su fiel milicia llamados los "silenciosos" vivía en sus aposentos solo, donde escasa gente tenía la autorización para visitarle.
Una noche sus guardias cogieron a un intruso que quería adentrarse en la alcoba del Emir... Era su primogénito Hixem, que no quiso esperar a que su padre muriera para llegar al trono y con un cuchillo en mano intentaba asesinarle... Allí mismo, Al Hakem le pidió una daga a sus milicianos degollándolo personalmente; luego, mandó llamar de inmediato a Abderramán y le dijo estas palabras:

Hijo mio, te he allanado el camino, he sometido a los enemigos y hecho respetar el trono. Marcha tú ahora por la senda que he trazado...

Quince días después, cuando faltaban cuatro noches para terminar el año, muere en sus dependencias Al Hakem I y cuentan que Abderramán a sus veintitrés años de edad y como cuarto Emir de Córdoba, rezó la oración fúnebre por su padre sentado sobre la tierra con la cabeza baja y en esa postura recibió el pésame.

Recién estrenado en su trono tuvo que hacer preparativos de guerra tanto fuera como dentro de su Emirato.
Dentro, no lo tuvo fácil en su gobierno, al igual que su padre y su abuelo tuvo que sofocar de nuevo las pretensiones al trono de su codicioso tío Abdallah, que por tercera vez se alzó para conseguirlo, pero viejo y enfermo murió pronto.
Hizo concesiones con el pueblo cordobés y para congraciarse con los ciudadanos abrió las cárceles, reparó las injusticias y repartió cinco mil dinares entre los pobres de la ciudad...
Luego, como "regalo" al populacho, crucificó al responsable de la política fiscal de su antecesor, un mozárabe llamado Rabí quien pagó como cabeza de turco los desmanes de su padre, el antiguo Emir Al Hakem, aunque mantuvo la política militarista de Al Hakem, aumentando el número de cuerpos armados leales sólo a su persona y ordenando que no se mezclaran con la población.

Fuera, haciendo frente a varias revueltas como una guerra entre dos tribus árabes enfrentadas en la Kora de Tudmir. Las tropas de Abderraman destruyeron la ciudad de los rebeldes, esto ya hacia prever con la autoridad que iba a llevar su mandato.
Más tarde, el Emir, tuvo sus miras puestas en Cataluña donde se apoderó de su ciudad y a causa de ello y como despecho de los cristianos - según el Diccionario Geográfico Universal- se fundó el reino de navarra en el 828, como una poderosa barrera de sus usurpadores. 
Así que Abderramán tomó la ciudad de León saqueándola y la estregó a las llamas.
Los frentes crecían para el Emir y hasta tuvo que preparar un contingente e incluso armó una flota para enfrentarse a los vikingos que venían desde las costas de Portugal saqueando todo lo que encontraban llegando a Sevilla. 

Abderramán construyó espléndidos edificios aprovechando los materiales de la época romana que expolió por doquier, con la intención de dar realce a su gobierno e incluso amplió la Mezquita- Aljama, duplicando su tamaño, a causa del aumento de la población.
Fue el primer Emir que acuñó monedas con su nombre en la ciudad cordobesa, e instituyó una casa de la moneda y también fue el que desarrolló la manufactura de tejidos como la seda, lino y lana, pues se sabe que la primera fábrica de sedas o como la llamaban "Dar al- tiraz" se creó en Córdoba durante su Emirato. Intensificando la producción de rasos, tafetanes y sedas maravillosamente brocadas de las que solo podían utilizar la familia real y que nada tenían que envidiar a ninguno del mundo conocido.
Supo elegir a visires perfectamente capaces para desempeñar ese puesto y hasta sostuvo correspondencia con soberanos de diversos países.


Fomentó las ciencias y las artes, lo que atrajo a Córdoba a los más ilustres sabios de su época bajo su amparo.
Su brillante Corte estuvo dominada por las figuras como el inventor, alquimista, astrólogo, Abbas ibn Firnas que según cuentan los cronistas descubrió el arte del vuelo lanzándose desde el alminar de la Mezquita-Aljama cubierto con una especie de traje hecho de seda al que había pegado plumas de aves y que a punto estuvo de partirse el cuello.
También construyó una especie de planetarios, en los que se simulaba el ruido de los truenos y el resplandor de los relámpagos.
O como la del músico Ziryab, un músico que había llegado de tierras lejanas invitado por su padre, el antiguo Emir, y que él había mandado recoger en las costas gaditanas. Ambos llegaron a compartir devoción por la música, libros, el buen lujo y el amor hacía el sexo femenino.
Ziryab trajo nuevas modas a la corte de Abderramán, elegancia y las normas necesarias heredadas de los Persas, como por ejemplo que la copa de cristal trasparente era más apropiada para beber vino que la pesada copa de oro o cualquier otro metal y que los platos de un banquete debían llevar un orden comenzando por las sopas y terminando por los postres.

El problema enquistado desde el comienzo del Emirato de los Omeya de nuevo estalló... Esta vez los mozárabes encabezados por un presbítero cordobés llamado Perfecto, dentro de la corriente que San Eulogio había propuesto, quiso ser mártir a toda costa, declaró que Mahoma era un falso profeta.
Perfecto fue llevado a presencia del cadí, condenado a muerte, y decapitado ante una turba enfervorizada...
El cruento acontecimiento, aunque tenía varios precedentes, produjo en esta ocasión toda una reacción en cadena y con ello el célebre episodio de los Mártires de Córdoba, en que 48 destacados cristianos desafiaron deliberadamente las leyes contra la blasfemia sabiendo que les esperaba la muerte produciéndose una nueva oleada de mártires.
Según la historia general de España dice más o menos así porque hay palabras que no he entendido ya que está escrito en castellano antiguo:

" El primer año padecieron Perfecto prebistero de Córdoba y del pueblo uno llamado Juan. El segundo año Isaac monje, Sancho de nación francés, Pedro prebistero de Ecija, Ubalabonfo diacono Ilipulense (?) los monjes sabidianos, Uvitremundo, Habencio, Jeremias, Sifenando diacono Pasence o de Beja, Paulo cordobés, y María Ilipulense hermana que era del mártir Ubalabonso. En este año principalmente se embraveció contra los mártires el Obispo  Recafredo y a muchos puso en prisiones: Fue uno Eulogio, abad de San Zoylo, que escribió de estas cosas. El tercer año murieron Gumersindo prebistero de Toledo, Aurelio y Felix con sus mujeres Sabigotona y Liliosa, Jorge un monje,  Emilia y Jeremias que eran de Córdoba, tres monjes: Cristobal cordobés, Leovigildo y Rogelo de Granada, y fuera de estos fue Serviodeo monje de Siria".

Su diplomacia logró hacer un concilio de Obispos en Córdoba para que prohibieran desde su púlpitos que sus fieles hicieran actos similares. De ahí que en texto anterior dijera que el obispo Recafredo metiera a muchos cristianos en prisión, me imagino que por no cumplir su mandato.
Según la historia de los heterodoxos españoles dice así :

"Abderraman II para poner termino a tan lamentables escenas, obligó a nuestros Obispos a reunir un concilio para que atajasen  el desmedido fervor de su grey, presidió Recafredo obispo de la Bética y los padres temerosos por una parte a incurrir en la saña del príncipe musulmán y no queriendo por otra condenar un arrojo santo dieron un decreto ambiguo, allegorice edita, dice San Eulogio, que sonaba una cosa pero que decía otra."

A partir de aquel concilio la iglesia mozárabe se partió en dos bandos unos justificaron con la decisión su cobardía acatando las ordenes y otros como Pelagio y Alvaro Paulo, levantaron su voz en defensa de las victimas siguiendo los martirios aunque en menos cantidad hasta casi extinguirse.


Del aspecto físico de Abderramán sabemos por los cronistas árabes que era un hombre bien parecido, alto, corpulento y con grandes ojos negros. 
Fue un hombre muy culto que amaba los libros y fue un estudioso en lo que le dejaba sus quehaceres, amante de los placeres sentía una gran afición por las telas preciosas, muebles de lujo y joyas, -según cuenta Joaquín Vallvé- el mandó comprar el famoso collar de Zubayda, favorita del califa Harum ar- Rasid y que regaló a su esclava Al Sifá cuando la liberó para hacerla su esposa. Según cuenta la tradición este collar perteneció sucesivamente a la esposa del Cid, Jimena, a Alvaro de Luna y a Isabel la Católica.

Cuentan los cronistas que Abderramán tuvo como resultado de su extraordinaria  capacidad amatoria la cantidad de 87 hijos, 45 de ellos fueron varones, aunque a pesar de ello, no tuvo mucha suerte en el amor.
Era muy joven cuando su padre lo casó con su primera esposa por alianzas de estado, Buhayr y madre de su heredero y sucesor Muhammad murió de parto y fue la esclava Al-Sifá, la que se encargó de criarlo.
Cuentan que el Emir sintió un amor tan apasionado por Al-Sifá, que la liberó y se casó con ella, incluso decían que hasta la muerte de ésta, vivieron una autentica luna de miel...
Dicen que acompañaba a su esposo cuando aún no era Emir a luchar contra los cristianos en nombre de su padre pero una de las veces que le acompañaba ella enfermó gravemente.
Viéndola así, envió a sus eunucos de confianza para que la trasladaban a Córdoba con sumo cuidado, cuando pasando por Toledo murió en el valle Montealegre, y allí fue enterrada.

Fue una etapa muy dura para Abderramán aunque dentro de su numeroso harén tenía varias favoritas entre sus concubinas, jamás sintió ese amor por ninguna.
Su corazón empezó a sentir una pasión desbordada por dos mujeres que fueron fuertes rivales por el estatus del harem, ambas concubinas y ambas pretendían ser la gran señora, Farj y Tárub
De Farj, cuentan que además de ser una mujer bellísima era una excelente cantora, esclava de Ziryab, en algunas fiestas cantaba, bailaba y servía vino al Emir que la miraba embelezado, al darse cuenta el músico del interés que sentía Abderramán por la esclava, se la regaló, fue madre de un nuevo hijo del Emir que fue un afamado poeta llamado Abul Walir.
Fraj llegó a ser encargada de la farmacia de palacio, colaborando con el médico de la corte llamado Al- Harrani y la que desbarató el intento de envenenamiento de Nars que junto con la otra favorita llamada Tarúb habían conjurado hacia el Emir. 
Aunque fue Tarúb quien fue ganando terreno con artimañas sobre comprarles los derechos a otras mujeres de estar con el Emir, y hasta utilizar pócimas según algunos cronistas para dejar Abderramán tan prendado de ella que el Emir no la pudiera olvidar...
Las horas con él pasaron a ser días enteros y sus palabras y consejos fueron escuchados por Abderramán cada día más.
La concubina era ambiciosa y no se conformaba con ser preferida, quería llegar a ser la Sayiira, la gran señora del harem, y sobre todo cuando le dio un hijo al que llamaron Abdallah y que ella tomó el propósito de que llegara a ser el heredero.
Cuando Abderramán II enfermó, se vio obligado a decidir quien sería su sucesor, como heredero prefería a Muhammad, sentía un especial cariño por haber muerto su madre a raíz de su nacimiento, pero sobre todo por su ecuanimidad y dotes de gobierno. 

Tarúb conspiró contra Abderramán, pretendiendo que fuera su hijo Abdallá, un joven al parecer de carácter débil y vicioso, el sucesor del Emir.
Pero fue Muhammad el hijo de su primera esposa, quien llamado por uno de los sirvientes de confianza del Emir, pudo entrar en sus habitaciones la noche antes de su muerte y consiguió ser nombrado heredero, como testigos del nombramiento estuvieron todos sus sirvientes que dieron fe de ello.

La muerte de Abderramán , a pesar de que se encontraba enfermo fue repentina, y tanto cronistas cristianos como árabes coinciden en eso. 
Según los cristianos dicen: 
                                                                              *
" Ese mismo año es a saber, de 852, falleció de repente Abderraman, los cristianos decían que era por venganza del cielo, por la mucha sangre que derramó de los mártires. Confirmóle ( ? ) esta opinión y fama que cuando en el mismo punto estaba, que desde una galería de su Palacio, de donde miraba los cuerpos de los mártires que estaban en la horca podridos, cuando los mandó quemar, cayó de repente de su estado (?)  y sin poder hablar expiró aquella misma noche al principio del año treinta y dos de su reinado."
                                                                           *

Sin embargo los cronistas árabes cuentan que el Emir Abderramán seguía padeciendo la larga enfermedad que le produjo la muerte... ¿Qué enfermedad? Pues no se sabe, aunque algunos historiadores señalan una enfermedad de hígado o páncreas nunca se sabrá ya que ningún cronista profundiza en ella.
El caso es que lo agotaba, aunque algunas veces mejoraba pero con las recaídas se iba debilitando tanto, que los médicos no lograban hacer nada..
Dos días antes de morir, mejoró sensiblemente recuperó sus fuerzas, e incluso dejó que muchos de sus hijos y esposas lo visitaran. 
A la mañana del día siguiente, ordenó que se le preparara el baño e incluso se renovó el tinte de la barba, luego llamó a su Canciller, Isá ibn Suhayd, muy apreciado por él y le pregunto:
- Que te parece mi teñido Isá?
A lo que su canciller respondió:
- Es el mejor teñido que he visto ¡Dios favorezca a mi señor Emir!
Esa misma tarde se agravó su enfermedad, vomitando sangre y no le dejó el dolor hasta que tuvo el último suspiro.
Aquella misma tarde- noche Muhammad se sentó en el trono como nuevo Emir.


Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.



Fuentes Consultadas:
Boletín de la Real Academia de la Historia. TOMO CLXXXVIII. NUMERO II. AÑO 1991- Al-Andalus: sociedad e instituciones, escrito por Joaquín Vallvé- En torno a la vida y la muerte de Abderraman II por A. Arjona Castro Boletin de la Real Academia de Córdoba (1979)-El Islam en Al Andalus- Recuerdo y Bellezas de España de Madrazo- Historia general de España  de Juan de Mariana y Manuel José de Medrano- Crónicas de la provincia de Córdoba por Manuel Gonzalez Llana- Historia de España antigua y media de Luis Suarez Fernández- Atlas Historico de España: La dinastía Omeya en España vol 1 por Enrique M. Ruiz, Consuelo Maqueda etc- Biografía de Abderraman II por Joaquin Vallvé- Wikipedia

miércoles, 26 de agosto de 2009

El Emir Abdalá I

El intrigante abuelo del primer Califa





Ya se lo vaticinaron los astrólogos...
De un mismo hombre nacería el día y la noche,
 curiosamente, el Emir Muhammad, 
jamás supo interpretar aquellas palabras...



En el harén del Emir Muhammad I, dos esclavas, una cristiana llamada Ailo y otra vascona llamada Ushar coincidían, quizá por los caprichos divinos, en estar embarazadas.
Ailo, fue la primera en parir una criatura prematura a la que impusieron el nombre de Al-Mundhir.
El niño nació sietemesino lo que hacía disminuir las posibilidades de Ushar en convertirse en la madre del heredero. Esta situación desataba la ira de ésta que veía peligrar su posición en el harén, aunque mantenía la esperanza que aquel niño no sobreviviera en los primeros meses de vida y que fuera el hijo que estaba gestando el que fuera el heredero del Emirato.

Pero el príncipe Al Mundhir era tan fuerte como la esperanza de Ailo de verle algún día como madre del futuro Emir cordobés.
La otra esclava, Ushar, tuvo dos meses después a su hijo al que le impusieron de nombre Abú Muhammad Ábd Allah, pasando a la posteridad como Abdalá el último Emir.
Ambos niños crecieron, al igual que los otros 32 príncipes y sus 23 hermanas entre las mujeres del Alcázar Omeya. 
Lo que conllevaba ser influenciados desde muy pequeños por las tramas y las ansias de poder de sus madres en el harén.
Los niños fueron diferentes tanto en su forma de vida como en su aspecto físico, Al Mundhir era moreno de piel, ojos negros y de pelo ensortijado, mientras que Abdalá era de piel blanca y pecosa, de cabellos rubios y con grandes ojos azules.
Mientras que Mundhir desde muy pequeño, fue educado y formado para gobernar y capitanear los ejércitos de su padre contra los insurrectos, como verdadero heredero del Emir. Abdalá se trasladaba a vivir entregándose a otros placeres en la finca Almunia de la Noria.
El entorno de la quinta, levantada por él, se convirtió pronto en un vergel hermoso, ampliamente delineado que pobló de árboles y plantas y luego de embellecerla y delimitarla, proclamó públicamente su compra y tomó posesión de ella.

Cuando el 4 de agosto del 886 murió el Emir Muhammad I, Al- Mundhir que se encontraba en las mismas puertas de Bobastro, la atalaya malagueña inexpugnable del rebelde Umar ben Hafsún, recibió allí la noticia de la muerte de su padre, volviendo a Córdoba para darle sepultura al Emir en la Rawda, el panteón de sus mayores y tomar posesión de su Emirato.
Su reinado fue escaso ya que duró apenas dos años, los mismos que dedicó a combatir sin éxito al insurrecto caudillo muladí.
Al Mundhir encontró la muerte un 29 de Junio en las mismas puertas de Bobastro, que apenas dos años antes habían escuchado la noticia de la muerte de su amado padre…
Sobre Abdalá recayó la sospecha del asesinato de su hermano, de la pócima se culpa al médico de la Corte, que participando en las intrigas de Abdalá por el poder, lo sangró con una lanceta envenenada.
Abdalá, de la misma edad que su hermano, 44 años, y preocupado porque pudieran heredar el trono sus sobrinos, actuó con la piedad y discreción que regía su vida pública.
Vino de Bobastro, trayendo el cuerpo de su “querido” hermano a Córdoba, donde se ocupó de la oración fúnebre al pie del panteón de los Omeyas levantado junto al Alcázar, y ocupó el trono con el nombre de Abdalá I.

A pesar del deseo de poder, no supo reinar y su gobierno se vio alterado por las constantes guerras entre tribus árabes, beréberes y muladíes.
Su poder como Emir se limitó a las tierras cordobesas, pues el resto de provincias estaban gobernadas por familias rebeldes que no acataban su autoridad... Las provincias no mandaban contribuciones, el Tesoro estaba tan vacío como los zocos, y el pan se había convertido casi en un lujo.
Aunque dejó fama de creyente fervoroso, atento con el pueblo y los mandatarios, fiel cumplidor de las cinco oraciones diarias y asiduo de la Mezquita, construyendo el Sabat, el pasadizo secreto desde su residencia hasta la Mezquita para que la gente no lo viera pasar.
Muy interesado en la justicia mandó construir la puerta de la Justicia Bab Al´Adl en su Palacio, donde aplicaba directamente a aquellos que venían buscando justicia.
Los intentos de dejar su imagen pública impoluta, no le eximieron de quedar en la Historia como un Emir de cuya debilidad y cobardía murmuraban las tropas:
¡Destetaba la guerra!
Con el temible Ben Hafsún acosando Córdoba el Emir rogaba la paz y, en lugar de las armas, se recluía en sus estancias escribiendo versos como estos:

"Todas las cosas de este mundo son transitorias, (…) Dentro de poco estarás en la caja y echarán tierra húmeda sobre ese rostro tan hermoso".

Abdalá se recompone y logra organizar un ejercito de cerca de 14.000 soldados entre los cuales había unos 4.000 voluntarios, mientras que Umar Ibn Hafsún le doblaba en hombres... Pero el Emir ideó minar las fuerzas de el de Bobastro, dejándole sin partidarios.

Así que dirigió sus tropas contra la fortaleza de Karkabuliya, Carcabuey, que estaba bajo el poder del insurrecto Saíd Ibn Mastana aliado de Hasfsún que fue derrotado pidiendo perdón a Abdalá y rindiéndole sumisión.
Cuando el Emir le dio el perdón solo le impuso una condición, la destrucción total del Castillo de Karkabuliya...
Viéndose con pocos apoyos Hasfsún, decidió proponer un arreglo de paz al Emir Abdalá, éste aceptó pues estaba muy interesado en mantener Al Andalus unido.
A cambio del perdón, le ordenó a Umar que le enviara a uno de sus hijos para mantenerlo como rehén en Córdoba y así saber que no rompería su palabra, así que el hasta entonces líder de Bobastro, accedió a la petición pero le envió a un joven que había adoptado para la ocasión... Cuando la Corte cordobesa descubrió el engaño, le obligaron a que entregara a uno de sus verdaderos hijos, cuando el joven llegó ante Abdalá, fue degollado allí mismo y su cabeza enviada a su padre.

Mientras, se temían las revueltas dentro y fuera de la acosada Córdoba... La Corte cordobesa no dejaba de ser insegura para cualquier Omeya que se encontrara en el poder.
Cuando eligió a su hijo Muhammad para sucederlo en el trono, que había tenido de una de sus esposas, la que era hija del rey de Navarra, Oneca Fortúnez, a la que le dio el nombre de Durr.
El complot de nuevo se hizo en el harem... Guizlam, esposa también de Emir y de sangre real aspiraba que su hijo Mutarrif fuera el nuevo Emir.
Instigado por su madre y partidarios, Mutarrif asesinó a su medio hermano Muhammad, quien lo golpeó hasta causarle la muerte, la victima dejó un primogénito llamado Abderramán de veintiún días, que la mala conciencia del Emir había de convertirlo en su protegido.

El Emir no castigó a Mutarrif por este crimen, en el fondo justificó el asesinato esgrimiendo la desobediencia y rebeldía de Muhammad, o tal vez lo vio reflejado en su misma historia... Pero el karma hace que pagues tus acciones y las mismas acusaciones pesaron luego sobre Mutarrif, a quien unos años más tarde, el propio Emir ordenó ejecutarlo temiendo que se hubiese aliado con los rebeldes sevillanos.

El último Emir de Córdoba murió con 68 años y 24 años de reinado dejando a pesar de tener 15 hijos a su nieto más querido, el hijo de Muhammad y que llegaría a ser el primer Califa cordobés, Abderraman III 


Pero eso, déjame que te lo cuente otro día




Fuentes Consultadas:
Historia de España: Escrito por Juan Cortada- Recuerdo y Bellezas de España de Madrazo- Crónicas de la provincia de Córdoba por Manuel Gonzalez Llana-  Historia de España antigua y media de Luis Suarez Fernández-Europa e Islam de Michel Bernardini- Al Andalus sociedad e instituciones-Atlas Histórico de España: La dinastía Omeya en España vol 1 por Enrique M. Ruiz, Consuelo Maqueda etc- Foto recogida de Internet no corresponde con el personaje-Wikipedia-

miércoles, 12 de agosto de 2009

Abderraman I, el Inmigrado






Un joven príncipe Omeya, estaba predestinado a dar esplendor a su linaje, resurgiendo en Al Ándalus, en la bella Córdoba, a la que llamaba la perla.




Abd Ar-Rahman ibn Mu´awiya ibn Hisham ibn Abd al-Malik, que así se llamada al que conocemos por Abderramán I, cuando nació en la corte de su abuelo ni el mejor astrólogo podría presagiar lo que su futuro le depararía. Hijo del príncipe Mu´awiya y una concubina bereber de la tribu Nafza, llamada Rah, pasó una placida infancia en palacio. 
Instruido y dirigido por su abuelo Hisham, el gran Califa de Damasco, que controlaba celosamente la educación de su nieto favorito.

Eran tiempos de guerra entre los musulmanes, una confrontación fratricida donde imperaba la visión beduina de Bagdad fomentar el islam y destruir a los acomodados Omeyas, a los que acusaban que no practicaban con suficiente tesón la fe musulmana...
Abderramán era muy joven cuando su familia fue derrocada del Califato de Damasco por los Abasídes de Bagdad , que no contentos de pasar a cuchillo a la gran mayoría de la familia Omeya, abrieron sus tumbas y borraron todo resto que pudiera estar relacionado con ellos.
Para el joven Abderraman y su hermano Yahya, tuvo que ser tremendo la terrible matanza de sus parientes, escaparon de las manos de la gente de los Abasíes, y junto con algunos seguidores, se refugiaron en Egipto, en el desierto, donde anduvieron errantes socorridos por algunas tribus.
Después de un tiempo Abderramán descubrió que su vida estaba amenazada de nuevo y huyó aún más lejos, refugiándose entre las tribus bereberes de Mauritania, más concretamente en  la tribu de los Nafza a la que pertenecía su madre.
Cuenta la leyenda que su tío abuelo Maslama, le profetizó que él restablecería de nuevo la fortuna de su familia y que entraría en una ciudad con un precioso caballo blanco, desposaría a una conversa, la cual le daría al verdadero heredero para que brillara de nuevo la dinastía y el esplendor Omeya.

De nuevo fueron perseguidos sin piedad por los abasíes, que en una de las revueltas mataron a su hermano, mientras que él quedó herido salvándose  huyendo al norte de África.
Así que Abderramán, acompañado por algunos leales, marchó en busca de esa profecía, con apenas 20 años se fijó en una tierra que desde más de cuarenta años se encontraba bajo la dominación árabe, era... Al Andalus y como objetivo más concreto Qurtuba, la Corduba romana y visigoda donde había residiendo muchos sirios, clientes de los Omeyas y donde posiblemente apoyarían su causa.
Era allí donde levantaría un Emirato independiente de Bagdad.
Llegó a Ceuta, y desde allí durante cuatro años buscó aliados enviando agentes a la Península Ibérica para buscar apoyos de su familia, que eran numerosos en la provincia de Elvira, actualmente Granada.
Al Ándalus, estaba en un estado de confusión debido al débil liderazgo del Gobernador Yusuf, dependiente de los abasies y una simple marioneta en manos de tribus árabes...
Esto dio al príncipe Abderramán, la oportunidad y bajo invitación de sus partidarios llegó a Nerja, desde allí marchó directamente a Granada, donde en el castillo de Turrush, y apoyado por tropas Yemenies y tropas Sirias que ambas seguían siendo aliados de los Omeyas, y sobre todo los bereberes que odiaban a Bagdad, tanto o más que él, formó un ejercito con el cual asaltar posteriormente el poder.

Durante un tiempo Abderramán ganó muchas batallas lo que su mayor enemigo, el gobernador Yusuf, comenzó negociaciones con Abderramán, ofreciéndole a una de sus hijas en matrimonio y muchas tierras de dote, siempre y cuando, él le rindiera sumisión…
Pero el príncipe perseguía otro sueño mucho más importante que desde luego no iba a compartir con él.
Así que rechazó las negociaciones pretextando la insolencia de uno de los mensajeros de Yusuf, que ultrajó a uno de sus jefes leales a la causa Omeya, mofándose de su incapacidad de escribir bien en árabe. A causa de esta provocación hacia unos de su leales, Abderramán sacó su espada y lo mató.


En Mayo de 756 ambos bandos, el de Yusuf y Abderraman, se medían las fuerzas en las cercanías de Córdoba, ambos estaban determinadas a luchar hasta el fin... 
¡Morir o ganar!
Las flechas surcan el cielo en ambas direcciones y la carga a caballo era dura y casi paralela en fuerza en ambos bandos. 
Uno, no podía perder el gobierno y el apoyo de Bagdad, el otro perseguía el sueño de un Emirato independiente y la venganza ¡Por qué no decirlo! de lo ocurrido con su familia...
El futuro de Al Ándalus estaba en juego y fue el príncipe Abderraman y sus tropas las que logran vencer a las de Yusuf, que huyó mientras que sus hombres fueron masacrados casi en su totalidad .

Las tropas de Abderramán se dispusieron para entrar en aquella Corduba que tanto perseguía y que se rindió ante el Omeya...
El príncipe entró en la ciudad en un caballo blanco, color que fue simbólico a partir de entonces para todos los Omeyas, no tenía bandera y se improvisó una con un turbante verde y una lanza.

Con 25 años se auto-proclama Emir independiente, haciendo a Al Ándalus independiente de Bagdad.
Inmediatamente después, liberó de la esclavitud a una visigoda llamada Halul conversa al Islam a la que desposó. Ella, fue la madre de Hisham I.
A pesar de tener diez hijos más, dos hijos de mayor edad que el joven Hisham, que pretendían sucederle, Suleimán y Abdallah... Abderramán tomó la decisión de elegir al hijo de la visigoda, por su enorme parecido que tenía con él y por la profecía que años atrás le habían contado.

                                             "Su heredero sería hijo de una conversa"

Por lo tanto… La profecía ya estaba cumplida.

Abderramán era alto y delgado, rubio y barbilampiño... Cuentan los cronistas que era ciego del ojo izquierdo y que lo caracterizaba un lunar en la cara.
Llevaba dos trenzas que le sujetaba el pelo, vestía siempre de blanco y usaba turbante.

Era elocuente, gran orador, buen poeta y de pluma fácil. 
Actuaba en política con prudencia en un constante tira y afloja, porque era muy precavido. A pesar de ser osado y resuelto, no vacilaba en ir al encuentro de sus enemigos, incansable e inquieto.
Fue un gran genio militar y un magnifico gobernante, en sus 32 años de gobierno favoreció y estableció las bases oportunas para que los Omeyas permanecieran en el poder mucho tiempo.
Controló e impuso su ley en Al Ándalus con ayuda de un primer ministro o Hachib, y bajo éste los visires de cada provincia y en cada ciudad de importancia estableció cadies o jueces que gobernaban la ciudad.
Procuró la integración de las diferentes etnias que vivían en el Al Ándalus. Muchos cristianos se convirtieron al islamismo a los que llamaban mulaidies, otros conservaron su fe a cambio de un tributo, al igual que los judíos.
Se proclamó príncipe de los creyente y acuñó moneda propia, eliminando cualquier mención a Bagdad, en sus monedas solo aparecía un nombre "Al Ándalus".


Pero su reinado no fue tranquilo y se enfrentó a muchos peligros, así que su prioridad fue crear un ejercito profesional que entrenaba él mismo... Campaña tras campaña fue afianzando su poder.
Guerreó contra el gobernador Yusuf  que en la primera huida se marchó a Mérida y desde allí y haciéndose con un ejercito de más de 10.000 bereberes hizo varios intentos de enfrentarse de nuevo al ya Emir Abderramán...
Nunca lo consiguió, en la última escaramuza, Yusuf tuvo que retirarse a Toledo, donde gobernaba un primo suyo llamado Hisham, y donde fue asesinado por sus propios hombres.
El Emir Omeya se hizo con Toledo en el 761, la cual sitió hasta derrotarla... 
Para mantener el control, firmó un tratado cometiendo el error de dejar al mismo gobernado a pesar de que sabía que era partidario de los Beni Abbas y sabiendo que era familia del malogrado Yusuf.
A cambio, se llevó como rehén al hijo de éste, con eso pensó que se aseguraba su obediencia.
A pesar de saber que su propio hijo podría morir, Hisham desafió al Emir en cuanto se levantó el cerco a Toledo. Abderramán, sitió de nuevo la ciudad, decapitó al hijo del gobernador  y catapultó la cabeza dentro de la ciudad.
Tres años tardó el Emir en doblegar y apoderarse de nuevo de Toledo, pero esta vez tanto Hisham como sus comandantes fueron crucificados.
Le había costado, desde que pisó suelo de la península, 8 años terminar con la amenaza de Yusuf y sus partidarios.

Pero aquí no acabaron los problemas de Abderramán, ya que su siguiente adversario era un gobernador que había mandado el propio Califa Abaside, quería por todo los medios matar al usurpador que gobernaba Al Ándalus, como un Emirato independiente y entregarlo de nuevo bajo el gobierno de Bagdad.
El nuevo gobernador se instalo de Veja, Portugal, y reclamó el poder para el Califa.
La buena maniobra del Emir hizo fracasar al nuevo gobernador, ya que Abderramán no trató de enfrentarse a las tropas en campo abierto, ni tampoco esperó en Córdoba para defendedla. Esta vez ideó un gran plan instalándose en la fortaleza de Carmona, preparándose a resistir un asedio que resistió dos meses, hasta el momento oportuno de hacer una salida y cogiendo al enemigo por sorpresa, capturados los principales comandantes, hizo que les cortaran la cabeza llenándolas de sal y alcanfor para luego enviárselas al Califa a Tunez que en esos momentos estaban bajo el mandato de Bagdad, como advertencia y así hacerlos desistir de sus intenciones de atacar Córdoba.

El Emir, luchó también contra los Carolingeos, por el control de la marca norte consiguiendo el control de Zaragoza.
También hizo frente a los reinos cristianos, primero exigiendo tributo al Reino Astuleonés, que se tuvo que ver obligado a pagar al Omeya a pesar de haberse aliado con los Banu Quasi, en consecuencia y aunque le costó, toda la península rendía tributo y vasallaje al Emir.

Tanto esplendor tenía que tener una gran obra, que recordara la supremacía del mundo musulmán de aquel tiempo.
En el año 785 el Emir mandó edificar una gran Mezquita,  la antigua mezquita ya no tenía capacidad suficiente para albergar a todos, y resultaba muy pequeña.
Así que le compró  la parte restante a los mozárabes de la basílica visigoda dedicada a San Vicente y decidió aprovecharse del material de ésta, para iniciar la construcción de la gran Mezquita de Córdoba, que había de convertirse en la Gran Mezquita- Aljama del occidente islámico, gran prodigio arquitectónico de su tiempo, serían sus herederos los que fueron ampliándola.

Aunque Abderramán siempre se consideró un extranjero en su propio reino. 
Por ello, una vez afianzado el Emirato, fue la de crearse una residencia que le evocara a su Siria idolatrada edificando en la sierra cordobesa, a unos 3 km. al norte de la capital, la hermosa finca Al-Rusafa, en la que pretendió reflejar a la de Damasco.
Decían que una sobrina, hija de su propia hermana Umm al-Asbag,  que sobrevivió a la matanza al ser una bebé, consiguió seguir viviendo en Damasco.
Y una vez establecido mandó que le enviara cuantas especies vegetales necesitó para dar realismo al paraje. Sobre todo le pidió palmeras que fueron las primeras que llegaron a España…
Allí pasó gran parte de su vida en sus descansos entre batalla y batalla.

Cuando Abderramán ya contaba unos 54 años de edad, y teniendo pruebas que ya había consumido sus energías vitales en su constante lucha por la existencia y el poder, ordenó restaurar el Alcázar Omeya e hizo de él su morada habitual hasta el fin de sus días...
Y en un mes de noviembre  del 788, a los 56 años, Abderramán hijo de Moavia, hijo de Hixem ibn abd el Malek que vino de Damasco ahuyentado de la negra bandera de los Beni Abbas. 
Y que después de muchas batallas plegó sus alas en la perfumada orilla del Guadalquivir.
En los apartados harenes hoy no se escucha ni la dulce música ni la algarabía de las risas de las mujeres, hoy le suceden llantos y desgarradores lamentos... 
Los médicos más afamados han agotado los recursos de la ciencia y entregan cabizbajos al ilustre moribundo a los brazos de la sultana, la hermosa Halul, la de los ojos negros, madre de Hixem.
Ella es la que con ternura lava su cuerpo y los amortaja en siete blancos y finísimos lienzos, ungiendo su cuerpo con preciosos aromas y asistida por sus esclavos lo depositan en su lecho mortuorio.
Allí yace en una de las estancias del Alcázar, cubierto con las misma vestiduras blancas distintivo de su linaje, el valeroso, el afamado Abderramán llorado por la ciudad que jamás sintió suya. 
Mientras el que Abderraman eligió como su sucesor, Hixem el hijo de la conversa se encontraba en Merida fue allí mismo notificado y jurado  allí mismo con toda pompa por las calles de la ciudad.


Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.


Fuentes consultadas: 
AL.MULK Anuario de Estudios Arabistas Suplemento al "Boletín de la Real Academia de Córdoba" año 1959/60 Abderraman I por M. Ocaña - Recuerdo y Bellezas de España de Madrazo- Crónicas de la provincia de Córdoba por Manuel Gonzalez Llana- Wikipedia- Historia de España antigua y media de Luis Suarez fernández- Atlas Historico de España: La dinastía Omeya en España vol 1 por Enrique M. Ruiz, Consuelo Maqueda etc- La mezquita de Abderraman I por Manuel Salcines Diario de Córdoba 02/07/1955- Abderraman por R.M. Diario de Córdoba 10/01/1960- Los nombres de Abderraman por F.G. 02/10/1966- Wikipedia- Indicador Cordobés: Osea manual histórico- topográfico de la ciudad de Córdoba por Luis María Ramirez de las Cazas Deza- Primer dibujo de Juan Landa