En tres tiempos se divide la vida: En presente, pasado y futuro; de éstos el presente es brevísimo, el futuro dudoso y el pasado cierto... (Lucio Anneo Séneca)
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sábado, 2 de mayo de 2026

El convento de Regina Coeli










Él, un Aguacil Mayor (Lo que viene a ser un procurador) de nombre Luis... Un Venegas de cuya familia hablamos en este blog. (Pincha aquí)
Hijo del señor de Luque, D. Pedro Venegas y de doña Inés de Solier hija de Martin Fernández de Córdoba señor de Lucena y Espejo.
Ella, de nombre Mencía, una Gutiérrez de los Ríos ¡Nada más y nada menos! Hija del caballero Veinticuatro D. Diego Gutiérrez de los Ríos, descendiente de uno de los conquistadores de la ciudad y de doña Juana de Quesada y Bocanegra.
Ambos casados y sin descendencia reconocida, se disponen a fundar en 1499 un convento en parte de las casas donde vivían en el barrio de San Pedro, recibiendo el nombre de "Regina Coeli, Reina de los cielos" fundado por las dominicas.
El convento se vio sacudido por multitud de acontecimientos a lo largo de los años que iremos contando aquí, ¡Pero empecemos por el principio!
Ese mismo año dispusieron testamento nombrándose recíprocamente albaceas junto con el Prior del convento de San Pablo. disponiendo ser enterrados en el convento de Regina Coeli con el habito de Santo Domingo. ¡Para su mantenimiento! Dejó unas casas en los marmolejos
Una superficie de 1440m², hace esquina con la calles Regina y la Palma, dotándolo para su mantenimiento de unas casas que dejarían en alquiler en la calle Marmolejos, la que hoy se llama Rodríguez Marín.
Fotografía propiedad de Paco Muñoz
Convento visto desde el cielo
Fotografía propiedad de Paco Muñoz

No sabemos exactamente cuantas casas fueron donadas para la fundación, lo que sí sabemos es que las monjas se hicieron con un gran patrimonio a causas de las dotes importantes ya que profesaron muchas mujeres de la nobleza cordobesa...
Como doña Aldonza de Caycedo, de la nobilísima casa de Caicedo en Vizcaya, y emparentada con la fundadora del convento, viuda del noveno señor de Torres Cabrera, profesó en Regina Coeli y también dos de sus hijas: Leonor y María.
Fueron comprando casas linderas para ampliarlo como se demuestra en las notas que existen en los archivos del monasterio de los Jerónimos...
Por ejemplo el 28 de junio de 1510 doña Teresa de Godoy, priora de las monjas dominicas hacen un trueque, bajo el beneplácito del prior de San Pablo fray Domingo Melgarejo, de unas casas situadas en la calle Valderrama con el caballero Alonso Diaz de Vargas a fin de que éste le otorgue unas casas que lindan al convento. 
También profesó María de Torquemada, hija de Luis Hernández de Ayllón y de Leonor de Torquemada, vecina en Santo Domingo, puesto que es su voluntad ser monja profesa en el monasterio de Regina Coeli, otorga a la priora Catalina de la Cuerda como dote unas casas en calle de la Feria entre los Caldereros.
También recibirán ingresos por tierras y casas que fueron alquilando para sufragar sus gastos: Como el 11 de Enero de 1517 la priora del monasterio Catalina de Siena, y las monjas, arriendan a Antón Martínez, aladrero y vecino en San Lorenzo, unas casas en dicha collación, calle de Buenosvinos por 600 maravedíes y un par de gallinas vivas de renta anual. 
El 19 de agosto de 1517, Alonso López de la Cal Maestra y su mujer Leonor Jiménez de Alcázar, vecinos de Santa Marina, venden al monasterio de Regina Coeli unas casas en la collación de San Andrés, calle de los Cedros, por 21.000 maravedíes. 
En 1532 recibía Regina Coeli por doña Leonor de las Infantas 140 fanegas aproximadamente, en el cortijo de Pradena, en la campiña de Córdoba, cerca de Castro del Río.
O como muestra la cantidad de pagos, rezos y regalos que recibían. Las monjas de Regina Coeli habrían de rezar a diario y perpetuamente los salmos de penitencia por las almas de los fundadores, sus padres y antepasados; además, después de la misa mayor diaria, debían decir un responso sobre las sepulturas de ambos fundadores. Como por ejemplo por D. Pedro Gonzalez de Hoces, señor de la Albaida, veinticuatro y vecino de San Andrés que ¡Qué por lo que se ve! No tenía muy claro el ir al cielo porque dispuso en su testamento: 

" (...) le recen los salmos un año en Santa Isabel de los Ángeles, otro en Santa Clara, otro en Santa Inés, otro en Santa Cruz, otro en Santa María de las Dueñas, otro en Regina Coeli, otro en la Concepción, otro que se los rece sor Ángela, monja en Santa María de Gracia, otro en ese mismo monasterio las religiosas (...) 
Fotografía propiedad de  A. J. González
Parte del patio donde se aprecia la fuente

Entre 1661 y 1663 el convento de Regina Coeli se vio implicado, junto con otros conventos cordobeses, en la acuñación de monedas falsas. Resulta muy llamativo que el único imputado fuera un niño llamado Joaquín de tan solo diez años. Este hecho surgiere la influencia y protección de la que gozaban las ordenes religiosas y que aún perdura. 

En 1804 la epidemia de fiebre amarilla en la ciudad fue una catástrofe con la muerte de más de 1500 personas en Córdoba, obligando a tapiar calles y casas con la gente dentro... En aquellos tiempos se conocía como vómito negro, originaria de Suramérica, entraba por los puertos marítimos en los moquitos que venían escondidos en las mercancías... El punto cero estuvo en una familia que vivía en la Calle Almonas, hoy Gutiérrez de los Ríos, recordemos que era una de las arterias comerciales de la ciudad.
Visto como se propagaba la enfermedad, el alcalde de la ciudad, Agustín Guajardo Fajardo, no "se anduvo con chiquitas" envió a algunos hombres para que tapiaran a "Cal y canto" ¡Nunca mejor dicho! Ya que realmente eran las calles tapidas con cantos de piedra y luego encalados para aislar la enfermedad... Dejando a los habitantes confinados asistiéndolos con comida que les era entregada por unos tornos. ¡¡Para que hablen la gente del coronavirus!! 

En el convento de Regina Coeli murieron 14 monjas y las restantes fueron trasladadas al convento Scala Coeli, situado en la sierra cordobesa, hasta que de nuevo las calles fueron abiertas. Hasta que en 1804 por disposición del obispo Trevilla ¡¡El que prohibió la Semana Santa en la ciudad!! (Pero eso ya lo contaremos otro día)
Fotografía propiedad ABC

El convento es desocupado, ampliado y dedicado a hospicio y casa de misericordia y posteriormente queda como cuartel de la Guardia Civil.
Años después es creado la primera Escuela Subalterna de Veterinaria, cuyo director fue D. Enrique Martín Gutiérrez, embrión de la maravillosa facultad que tenemos hoy en día. 
Más tarde, parte del convento y ya trasladada la escuela veterinaria, se convirtió en casa de vecinos llegando a albergar la iglesia una fabrica de telas, almacén de tocinos y hasta bodega.

Al acercarse a la iglesia, el visitante accede por una sencilla puerta situada en el muro norte. Aunque hoy se encuentra bastante deteriorada, la portada aún deja ver su antigua riqueza decorativa: un arco con pequeñas figuras y motivos vegetales que evocan el estilo renacentista. Sobre él, dos pequeños ángeles parecen resistir el paso del tiempo.
El interior sorprende por su sobriedad. La iglesia tiene una sola nave rectangular, encalada en blanco, aunque en su origen estuvo cubierta de pinturas, de las que todavía quedan leves restos. A los pies se encuentra el coro alto, separado por una delicada celosía de madera. Antiguamente se accedía a él por una estrecha escalera de caracol, hoy muy deteriorada.
Si se observa con atención la portada, aún pueden distinguirse dos escudos con la cruz de la orden dominica, recordando que este convento perteneció a una comunidad femenina de dicha orden. Entre ellos, un pequeño nicho vacío sugiere que en otro tiempo albergó una imagen. Uno de los elementos más llamativos es la cubierta de madera. Se trata de una armadura de tradición mudéjar, ricamente decorada con formas geométricas basadas en estrellas de ocho puntas. Este tipo de decoración, minuciosa y repetitiva, crea un efecto visual muy característico, donde se entrelazan influencias islámicas y renacentistas. 
En la parte superior de los muros, aún se conservan restos de decoración pintada: rosetas y cartelas de vivos colores que nos hablan del aspecto original del templo en el siglo XVI. En la cabecera destaca una cartela mayor con la cruz de Santo Domingo, reforzando la identidad del lugar. Finalmente, una inscripción recorre parte del edificio, aunque el paso del tiempo ha borrado muchas de sus letras, dejando su mensaje incompleto y envuelto en misterio. 


El Convento fue inscrito como Bien de Interés Cultural (BIC) en el Catálogo del Patrimonio Inmueble de Andalucía en 1979.

 
Fuentes consultada:
Falsificación de monedas en conventos cordobeses  en 1661 por Javier de Santiago Fernández 1997 *Universidad Complutense- Fundaciones conventuales femeninas y Querella de las Mujeres en la ciudad del siglo XV por María del Mar Graña Cid-Monasterio los Jerónimos B.- AHPC, Clero, leg. 3592. Inserto en el nº 2025-

jueves, 15 de abril de 2021

El convento de Santa Marta









Escondido entre sinuosas callejas que nos hacen desaparecer del mundanal ruido de las calles principal de San Pablo y la plaza de la Fuenseca, se encuentra el convento de Santa Marta, una gran manzana de paredes encaladas rodeada de la calle que da el mismo nombre en la collación de San Andrés.
La historia de este convento comienza en 1459 con la donación de unas casas por parte de doña Catalina López de Morales viuda de Juan Pérez de Cárdenas, conocidas como el corral de los Cárdenas, junto con cinco pedazos de olivares y viñas que tenía en la sierra; aunque otros historiadores creen que le fueron donadas por su hijo D. Pedro de Cárdenas diez años antes, para la fundación de un beaterio que no era otra cosa que un grupo de mujeres que hacían vida en común dedicadas a la oración, se le llamó de Cárdenas.
Catalina de Torquemada, Constanza de Castro, Marta de Magdalena, Ana Molina entre otras fueron las que ya habitaban en la casa, siendo el 22 de septiembre de 1455 fue cuando se hizo escritura de la donación:

(...) Estando en unas casas en San Andrés en las que hace su morada Catalina López de Morales mujer que fue de Juan Pérez de Cárdenas difunto, fueron llamados los escribanos por Antonia Sánchez, mujer de Juan Sánchez el rubio, y Mencía Alfonso, mujer de Juan Alfonso alcalde, y Catalina de Torquemada hija de Francisco Sánchez de Torquemada por sí y en nombre de Catalina, hija de Antón García de Aguyar, y Constanza, hija de Juan de Castro, vecinas de Córdoba que viven en hermandad y comunidad y luego la dicha Catalina López dijo que había hecho donación a las demás para ellas y para las otras mujeres que después de ellas quisieren vivir honestamente en religión, comunidad y hermandad del apartado de las dichas casas que es dentro en ellas con los naranjos y árboles que en él están y ahora les quería entregar la posesión y las dichas Antonia Sánchez,Mencía Alfonso y Catalina de Torquemada por sí y en el dicho nombre estando dentro en el dicho apartado anduvieron por él de una parte a otra y cerraron y abrieron las dos puertas del dicho apartado y un postigo que sale a la calle de Mosén Lope y a la calle de la Fuenseca (...)

Uno de los patios
Entre las beatas hubo algunas parientas muy cercanas del obispo de Córdoba, don Fernando González Deza, y de don Diego Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles. Fueron de las primeras monjas del convento, cuya fundación no se realizó por completo hasta 1468, con bula de Paulo II de 16 de septiembre de 1464, a ruego de Catalina Torquemada y otras beatas.   

En 1468 se incorporan la casa- palacio colindante denominado del Agua contiguas a la de los Cárdenas pertenecientes a doña María Carrillo, hija del primer conde de Cabra y viuda de Mosén Lope de Angulo, el que fue Mariscal de Navarra, valido del rey Juan II de Aragón, Veinticuatro de Córdoba, Señor de Torrijos, Embajador de Navarra en Castilla y Mayordomo Mayor de Don Fernando el Católico, cuando era todavía príncipe.
Doña María donó su morada por la muerte de su único hijo ahogado en una pila de mármol mientras jugaba... Dicen que no pudo soportar vivir allí desde el suceso, así que las donó para ampliar el convento ya que no había sucesor... A pesar de que su esposo tuvo un hijo natural nunca fue reconocido como tal antes los ojos de esta señora. 
A ese hijo bastardo se le llamó Alfonso Martinez de Angulo que distinguieron en Córdoba con el apellido "de Avellano".
El antiguo palacio mudéjar de doña María, sería lo que se comprende hoy como claustro del Cinamomo y las dependencia que hay a su alrededor.
Es cuando el obispo de Córdoba D. Pedro Solier aprobaba la fundación del monasterio de Santa Marta a pesar de la oposición de los dominicos de San Pablo. ¿Los motivos? La cercanía de ambos y por consiguiente la división del pastel de las posibles donaciones de la zona. 
Así que el 19 de Enero de 1470 hubo un pleito entre el convento de San Pablo contra doña María Carrillo, Catalina Martinez de Torquemada y Constanza Rodríguez de Góngora dictaminando el juez a favor de las monjas. 
Bonito arco
Es en 1510 cuando el convento se une a la orden Jerónima de cuya rama femenina va a ser una de las primeras comunidades.
En Febrero del mismo año fue bendecido este convento por el obispo de Ronda Fray Antón de Molina junto con el obispo de nuestra ciudad a petición de doña María García de Carrillo, una de las promotoras de este convento.
Brocal de Pozo del convento
Los conventos eran la solución de las familias pudientes para dar salida a las hijas que por alguna razón no llegaban a contraer matrimonio. 
Las novicias, muchas de ellas pertenecientes a la oligarquía cordobesa, recibían en ocasiones una dote excepcional, que iba incrementando poco a poco el patrimonio del monasterio.
Un ejemplo de ello es , el I conde de Cabra D. Diego Fernández de Córdoba y Montemayor dejó dispuesto en su testamento que sus hijas de su segundo matrimonio con doña Mencía Rodríguez de Aguilera:

 - (...)  que doña Luisa y doña Mencía, fuesen llevadas a casa de Señora Santa Marta, donde están las señoras mis hermanas para que en ella se críen y sirvan a nuestro Señor. (...)- 

D. Pedro Cabrera, veinticuatro de Córdoba, entregó la dote cuando su hija Beatriz profesa en Santa Marta.
Entrega la mitad de unas casas mesón en el Puente de Alcolea y la mitad de un Cortijo en la campiña de Córdoba.
O el Jurado Martín de Heredia, porque su hija María de seis años había entrado en religión para ser monja en el monasterio de Santa Marta, se comprometió a pagar cada año al monasterio, - "hasta el día que la dicha María de Heredia tenga edad y reciba el velo, 1.500 maravedíes y cahíz y medio de trigo por Santa María de agosto. Y así mismo otorgó que después que reciba el velo su hija pagará al dicho monasterio cada año en todos los días de la vida de ella tres cahíces de trigo y 2.000 maravedíes y dio como fianza unas casas en San Lorenzo"-

Vista por Google y delimitado por línea roja.

Una vez que se entraba en el monasterio se celebraba la ceremonia de la toma del hábito que comenzaba con la celebración de una misa y luego el oficiante u otra religiosa colocaban el hábito a la nueva monja quien debía hacer profesión de sus votos, para ser monja profesa tenía que pasar un tiempo y se hacía la ceremonia del velo.
El que los nobles pensaran en ser enterrados en el convento debió de favorecerlo con todo tipo de donaciones... Como el 16 de agosto de 1481, al morir el Primer conde de Cabra, que habla otorgado testamento el 16 de agosto de 1480 y lo había ratificado el 17 de enero de 1481, dejó dispuesto que lo enterrasen en el convento de Sta. Marta, - "donde se hallaba sepultada su primera mujer y que sus cuerpos fueran puestos juntos en le Capilla Mayor del mismo cuando se acabase”-. 

El 4 de abril de 1487, D. Diego Fernández de Córdoba y Carillo de Albornoz, II conde de Cabra, vizconde de Iznajar, IV señor de Baena y Mariscal de Castilla. personaje relevante durante la batalla de Lucena en 1483 al coger prisionero a Boabdil, el Emir granadino. Y de la que ya hablamos en este blog (PARA LEER LA HISTORIA PINCHE AQUÍ)
Fuente: Arquitectura Medieval Cristiana de Córdoba
Estuvo casado con doña María Hurtado de Mendoza y Luna, hija de D. Diego Hurtado de Mendoza, primer duque del Infantado, otorgó su testamento, en el cual ordenaba que lo enterraran en el monasterio de Santa Marta, donde estaban sepultados sus padres. 
Dispuso que a cambio, se le diera al convento la aljuba de Boabdil, para hacer una casulla y se pusieran sobre la tumba de su padre, las banderas ganadas a aquél. 
Portada de la iglesia
También, mandó que se labrara la iglesia del monasterio un año después, en 1489 aparece nombrado en un documento el altar mayor de dicha iglesia.

Este monasterio llegó a ocupar una gran extensión, disponiendo de dos claustros, varios patios y un huerto para su autoabastecimiento. 
La planta del mismo respondía a un esquema laberíntico, característica en otras conventos femeninos de Córdoba por ir integrando casas por donaciones. 
El huerto y algunas estancias se situaban al otro lado del callejón de Santa Marta, comunicándose con el resto de la clausura a través de un túnel que discurría por debajo de la calle, al parecer, en dicho enclave se hallaba el Corral de Cárdenas, inmueble en donde primeramente estuvo ubicado el beaterio.
En el patio de la entrada se encuentra la portada de la iglesia realizada en tiempo de los Reyes Católicos por Hernán Ruiz I de estilo gótico humanista.
<28>También podemos encontrar la portería, el torno y el locutorio donde se encuentra un lienzo de un Cristo crucificado del siglo XVII ; comunicándose por la sala de entrada donde se encuentra una interesante colección de lienzos, con el claustro principal o del Cinamomo que constituye el epicentro del convento. -Según la tesis de Mª Ángeles Jordano- indica que el claustro más primitivo es el llamado de Cinamomo, por tener una bella planta de esta especie en una de sus esquinas. Consta de dos alturas en la planta baja - según Benítez Blanco- a perdido su encanto al macizar las columna a finales del siglo XIX, tiene en el centro una fuentecita a la que las monjas llaman moruna a pesar de ser de estilo barroco.
Luego fueron agregando otros según fuera aumentando el número de monjas.
<28>Al Oeste del Cinamomo está el patio del lavadero- prosigue-MA. J. Barbudo - al N el claustro de la virgen y por ultimo el patio de la enfermería construida en el siglo XVII para poder ayudar a los cordobeses en sus dolencias. Anexa a ésta esta Santa Inés, como llaman las monjas a la huerta. 
<28>Antaño tuvieron un gran terreno que era huerto que se encontraba fuera del convento, concretamente frente a éste y que llegaba a la calle Alfaros, se vendió para edificar casas de vecinos... Hoy en día son bloques de pisos y seguramente hasta el hotel que se encuentra en esa calle; en ese huerto se encontraba la enfermería primitiva, no olvidemos que eran monjas de clausura.
De innumerables lienzos y tallas en sus estancias destacaría dos imágenes del Niño Jesús, la primera lo llaman "El esposo" del siglo XVIII se trata de un niño con la mano derecha alzada en actitud de bendecir y la izquierda sujetando una bola de plata, lleva túnica blanca y está decorada su cabeza con tres potencias. Cuando las novicias hacen los votos esta figura es colocada en el coro portando el velo que la priora entrega a las nuevas monjas y es de ahí el sobrenombre de "El esposo". El otro niño Jesús al que las monjas llaman "Mimosito" es un niño sentado en una silla dorada estilo rococó.
En el templo se encuentra la factura de una de las primeras intervenciones de la familia de canteros que más trabajó en la ciudad desde finales del siglo XV y principios del siglo XVI, los Hernán Ruiz.
Es muy probable que Gonzalo Rodríguez, padre del clan, iniciara las obras de la iglesia conventual, la cual tiene claros vínculos con otros templos como el monasterio de San Jerónimo de Valparaíso. Hernán Ruiz era durante esos años uno de los artistas de referencia de la provincia: desde 1502 hasta 1547 ostentó el cargo de maestro mayor de la catedral de Córdoba.
Es de planta basilical, y según nos cuenta Jordano Barbudo- consta de una sola nave cubierta con bóvedas de crucería, capilla mayor, y coro alto y bajo a los pies. La capilla mayor está cubierta con una bóveda de terceletes, y el coro alto y bajo con aljarfes. El coro alto fue sustituido por una bóveda de escayola, de acuerdo a los modelos de la nave central.
La nave no cuenta con más adorno que las nervaduras de las bóvedas y los perfiles de los vanos, que al exterior se presentan abocinados, ejecutados en piedra caliza de la provincia.

Este bien inmueble, de indudable valor artístico, es propiedad del Obispado de Córdoba, y fue declarado el 21 de marzo de 1980 monumento BIC (Bien de Interés Cultural), figura de máxima protección entre los Bienes Catalogados e Inventariados de la Junta de Andalucía


Fuentes consultadas:
La clausura femenina en el Mundo Hispánico. Una fidelidad secular por F.J Campos y Fernández de Sevilla-Clausura femenina y movimiento cofrade en la Córdoba de los siglos XVII y XVIII: La constitución de la Hermandad del Rosario por las Jerónimas de Santa Marta por D. Juan Aranda Doncel-Indicador cordobés, ó sea: Manual histórico-topográfico de la ciudad de Córdoba por Luis María Ramírez y de las Casas Deza- La vida cotidiana de las mujeres de la Edad Media en Córdoba- Santa Marta, un monasterio de monjas jerónimas en la Ajerquía de Córdoba. Patrimonio artístico y documental por Vicente Benítez Blanco Madrid - Arquitectura Medieval Cristiana por María de los Ángeles Jordano Barbudo tesis 1992- El Monasterio de Santa Marta. Proceso de restauración y conservación de la portada de la iglesia conventual de la orden de clausura de las Hermanas Jerónimas en Córdoba por Noema Wis Molino-

viernes, 21 de agosto de 2020

El convento de las Capuchinas.

Cárcel de una hija repudiada por un Duque.





M
uy  cerca de las Tendillas el tramo de la calle Alfonso XIII se ensancha en un intento de una pequeña plaza que a lo largo de la historia se ha llamado del conde de Cabra, el conde de Sessa y ahora llamada de las Capuchinas por encontrarse allí uno de los conventos que aún subsisten... A pesar de llamarse Monasterio de San Rafael es conocido popularmente por convento de las Capuchinas.
Fundado el 29 de junio de 1655 por D. Antonio Fernández de Córdoba Cardona y Aragón noveno conde de Cabra y duque de Sessa y Cabra y tras el consentimiento del obispo D. Antonio de Valdés Herrera.
Fue instituido en uno de los palacios del conde de Cabra construido en el siglo XIV.
Vista desde el cielo del convento
Al contrario que otros conventos de la ciudad, al ser un palacio contaba con una gran extensión en torno a cinco patios y una huerta con un aljibe- como bien dice M. A Jordano-  
Hecho que facilitó la adaptación de los espacios a los nuevos usos conventuales sin la necesidad de adquirir propiedades colindantes y a su vez, la huerta otorgó una forma de subsistencia a de las monjas. 
En un principio el convento careció de iglesia en su fundación, utilizando el salón del Conde, los dos escudos que figuran en la portada del denominado salón del Conde que comunica con el claustro llamado del Magnolio pertenecieron al  primer conde de Cabra, don Diego Fernández de Córdoba, y a su mujer doña María Carrillo. 
Juan II le otorgó el señorío de Cabra en 1439 y  Enrique IV le concedió el condado como recompensa a su intervenciones militares previas a la conquista de Granada, donándole además algunas villas.
Iglesia del convento

En 1725 el obispo D. Marcelino Siuri se hiciera cargo de patrocinarla con la donación de 20.000 ducados... La obra de la iglesia se concluyó a los dos años de una sola nave con planta rectangular y bóveda de cañón con lunetos. 
En el trabajo de Pérez García sobre el patrocinio del Obispo-  La cúpula del crucero descansa sobre pechinas decoradas con los Evangelistas y los arco fajones de la bóveda recaen sobre pilastras que compartimentan los paramentos de la misma. Y tiene dos coros, uno ubicado en el presbítero y el otro es alto, a los pies del templo. 

La configuración del templo por este tipo de planta se pone en relación con el espacio en el que situó, el cuál no se trató de una decisión aleatoria, sino que en ella se evidencia el interés de aprovechar la representación que la plaza otorgaba a la institución.
Plaza de las Capuchinas
El convento está estructurado en torno a cinco patios y un gran huerto donde se encuentran diversos restos arqueológicos de los siglos XIV y XV.
La otra entrada es por la calle Torres Cabrera hasta el compás, un patio rodeado por una galería de arcos apoyados sobre columnas y a través del cual se entra al claustro principal o como denomina doña María de los Ángeles Jordano Barbudo- en su tesis "Arquitectura Medieval Cristiana de Córdoba" " claustro del Magnolio" por existir un bello árbol allí, cuadrado y cuenta con una puerta mudéjar y capiteles romanos e islámicos. 
En torno a éste patio varias dependencias de las cuales continua - M.A. Jordano- el salón del conde de Cabra, el locutorio y la sala capitular.
Uno de sus patios
Pero no siempre esas patronazgos y donaciones son por altruismo, en este caso se podría pensar que fundo una cárcel para una niña que el duque quiso o le quisieron hacer que olvidara...
Os cuento la historia:
Por lo visto D. Francisco María Fernández de Córdoba Folch de Cardona , duque de Sessa, Soma y Baena, por aquel tiempo era tan solo conde de Palamós y que en aquel momento era un remoto heredero de su Casa.
Su padre el  conde de Cabra como su abuelo el duque de Baena estaban vivitos y coleando... 
Él que sería Décimo conde ya se había casado en primeras nupcias con la bendición familiar, con su prima Isabel Luisa Fernández de Córdoba y Figueroa, hija del marques de Priego y duque de Feria.
Pronto empezaron las desavenencias en el matrimonio y pronto empezó con "amigas entrañables" para no encontrase solo.
Añaden las crónicas que se aficionó con la bella doña Mencía de Ávalos de situación social más baja ya que era vasalla de su Casa hija de D. Pedro Ávalos de Segura y de doña Francisca Merino y Aranda, labradores de cierta distinción en la villa, a la que requirió de amores...

"(...) de quien se aficionó en Cabra apasionadamente, viviendo aún su primera mujer, pero la pureza y honestidad de esta Señora hicieron infructuosas todas las diligencias del Duque, hasta que su viudez le dio la libertad de poderse casar in faz ecclesiae con ella, como lo ejecutó (...)".

Muerta su esposa, el Conde casó con doña Mencía de forma clandestina, la ceremonia de la boda se celebró de noche, en casa de los padres de la novia, en la calle de los álamos.  
La había oficiado en secreto el presbítero don Francisco Gómez Gil, con la promesa del Conde de obtener licencia del Obispo don Antonio de Valdés; Posteriormente, el conde visitó al Obispo y obtuvo su autorización, mediante engaños, ocultándole que ya se había casado y retribuyendo al clérigo oficiante con cincuenta reales de plata de a ocho. ¡¡Una generosa recompensa!! 

Todo esto provocó la ira de su cuñado y hermano de su difunta esposa, el marqués de Priego, que le acusó de haber realizado un matrimonio morganático es decir, una unión entre dos personas de rango social desigual y le desafió a duelo. 
El joven conde le respondió que su esposa "era tan buena como él y que otros habían escogido peores mujeres. Y que, en cuanto al reñir, no era ocasión de hacerlo en tiempo de boda, donde todo es regocijo".

El duque padre emprendió un pleito contra este matrimonio a los pocos días de la boda, no antes de recluir a doña  Mencía de Ávalos, "cautelarmente", en el convento de dominicas descalzas de Jesús María de Scala Caeli, de Castro del Río.
Y por su lado el cuñado y hermano de su primera esposa consiguió una orden Real para encarcelar al conde don Francisco en el Alcázar de Segovia, también de manera cautelar.

Una columna
Comenzando el juicio el fiscal denuncia que el conde había hecho vida paralela con doña Mencía:

" que el conde, en vida de su esposa, había venido haciendo vida maridable, con amor recíproco… habrá tiempo de once años poco mas o menos… con la dicha doña Mencía Davalos… a la qual, como ciego en su pasión amorosa dio palabra de casamiento en caso que muriese su Excelencia dicha condesa de Cabra, su mujer”. añade que el conde había gozado a la susodicha, continuándolo por muchos años, cometiendo adulterio en ofensa de su Excelentisima dicha condesa"

Y aquí se como siempre ataca más a la mujer que en verdad era soltera que al picaflor del conde, afirmando el fiscal:
" que doña Mencía de ávalos, recelosa de que el conde no cumpliera su palabra” de matrimonio, hizo uso de -maleficios y hechicerías- para conseguirlo. que había de tocar al interesado en la ropa, por detrás sin que lo supiera. El toque, había de hacerse los días de Navidad, Encarnación o San Juan. Y doña Mencía había tocado al conde en la noche de Navidad de 1656. 
En el expediente oraciones y conjuros "de naipes", "de las candelillas", "de la sal", "del aguijón" , "de la estrella", "del lagarto", "del ánima", "de barrabás", "del muñeco de trapo y los alfileres", etc..."

En una primera declaración, doña Mencía niega haberse casado con el conde, ni haber tenido relaciones carnales con él... Dice tener 28 años de edad. 
A continuación, declaran los padre y hermanos de doña Mencía, que caen en ciertas contradicciones, por lo que se les somete a careos.
La madre reconoce que “habrá unos seis años, en fuerza de las instancias que hacía, el conde gozó y hubo doncella a la dicha doña Mencía de Ávalos, su hija”. También declara que, en cierta ocasión, su hija le dijo “que pasaba muchas necesidades y que debía el conde, en conciencia remediárselas por la obligación de haberla avido doncella”. 
En otro momento, dice que lo de su hija con el conde comenzó mucho antes de que muriera su primera esposa.
Patio del Convento

Las mismas contradicciones ocurren con varios testigos que comparecen ante el Oidor, que se ve obligado a la aplicación de tormento de potro a algunos de ellos.
Esta circunstancia hace que las declaraciones de los testigos se repitan una y otra vez, con ligeras modificaciones:
-Una de las testigos es la panadera Francisca, que estuvo presente en la primera cita de los amantes, “ habrá once años mas o menos”, en una casa vacía del barrio de la Villa Vieja. Dice que el conde había dicho en cierta ocasión que, si doña Mencía se quedaba preñada, usarían “una bebida de açabache” para que abortara"

El procurador Juan de Mesa, en nombre del conde de Palamós, presenta una demanda de nulidad del matrimonio y declara en su nombre, esgrimiendo haber estado “privado de su voluntad” por los “sortilegios y hechizamientos” a que le había sometido doña Mencía de Ávalos. 
¡¡No tenía cara el conde!!
Denuncia- prosigue el procurado por boca del conde- que había sido privado de su “libre consentimiento” y que ahora ya estaba “en su bueno y libre juicio”. Reconoce las relaciones mantenidas con ella durante muchos años, en vida de su esposa, aunque después se retrajo algún tiempo, hasta que murió su esposa". 
¡¡Siempre somos las brujas las mujeres!!

Entre los cargos, se acusa a doña Mencía de haber hecho caer al conde bajo su influencia “por medios maléficos y especial de un toque de carta amatoria”. Se toma declaración, también, a varias mujeres que presuntamente habían intervenido en actividades hechiceras, tanto con doña Mencía como con otras vecinas de Cabra que declaran haber rezado oraciones de corte supersticioso, conjuros y realizado “aliños” para unir amorosamente.

Doña Mencía de Ávalos emite un memorial en el que declara la legalidad de su matrimonio con el conde y niega haber cometido ningún delito y declara estar “preñada del conde” su marido… “que la hubo doncella” y que cuando se inician las relaciones entre ellos, la joven tiene 16 años, es soltera y vive con sus padres en Cabra, en la calle de los álamos.

Pero el poder, los contactos y el dinero hicieron su trabajo ¡¡No ha cambiado mucho!! Consiguiendo finalmente su anulación, por haberlo hecho su hijo sin su conocimiento y consentimiento, dos razones, en aquel tiempo... El pleito se encuentra en el Histórico de la nobleza, en Toledo.
Compás del convento
Tras el escándalo y la anulación del matrimonio, los Ávalos no se sienten a gusto en Cabra marchándose a Lucena, mientras que doña Mencía estuvo recluida en Castro del Río durante un tiempo hasta que nació su única hija.
Retirándose finalmente al convento de nuestra Señora de la Consolación de La Rambla, donde falleció.
La retribución anual que recibió el convento de La Rambla durante el tiempo que residió en él doña Mencía de Ávalos, por cuenta del conde de Cabra, la cantidad establecida era de doce fanegas de trigo en grano y veinticinco ducados en moneda de vellón, a pagar el día primero de abril de cada año.
De este casamiento ya anulado, nació una hija María Regina Fernández de Córdoba y Ávalos a la que se colocó como monja franciscana en el convento de las Capuchinas de Córdoba que era patronato de esta rama de los Fernández de Córdoba... 
El honor de los duques quedó a salvo de esta abrupta intervención, callada la madre y encerrada su hija en un convento se acabó el "problemilla".
Según el cronista oficial de la Villa de Cabra, D. Antonio Moreno Hurtado  que en el siglo XVIII un tal Gregorio Fernández de Córdoba reclama el derecho de los títulos alegando que su padre fue hijo del X conde de Cabra y de doña Mencía de Ávalos cuando ya había sido anulado el matrimonio... Eso quiere decir que el "Pichabrava" del conde seguía visitando a doña Mencía en el convento rambleño donde nació otro pequeño.

Mientras tanto, el conde don Francisco continuaba con sus aventuras amorosas, casándose  dos veces más. 
Como anécdota de " lo pinta que era el conde", todavía se estaba pleiteando sobre su anulación matrimonial, firma nuevas capitulaciones matrimoniales en Madrid para casarse con su prima hermana doña Ana María Manuela Pimentel de Córdoba Enríquez de Guzmán, hija del V Marqués de Tabara y de doña Francisca de Córdoba y Rojas. Ésta sería la tercera!
Y una cuarta, esta vez con María Andrea de Guzmán y Dávila, dama y copera de la reina María Luisa de Orleans, hija del IV marqués de Villamanrique y de Ayamonte y II de Medina Sidonia, Grande de España.

Una vez más era un enlace gestado en la Corte y pensado para satisfacer las estrategias familiares de su propio linaje. 


Fuentes consultadas:

Monarquía Española, Blasón de su Nobleza, Volumen 1 escrito por Juan Félix Francisco Rivarola y Pineda página 200- La nobleza en la España moderna: Cambio y continuidad por Enrique Soria Mesa pag-aea y pag aeb-Paseos por Córdoba o sea apuntes para su historia por Teodomiro Ramírez de Arellano- De la ciudad conventual a la ciudad burguesa : Las órdenes religiosas en la evolución urbana de Córdoba por Yolanda Victoria Olmedo Sánchez Universidad de Córdoba*- Arquitectura Medieval Cristiana por María de los Ángeles Jordano Barbudo 1992 -El patrocinio artístico del obispo Siuri en Córdoba por Francisco Manuel Pérez García -Las clarisas en Andalucía: Historia, antropología y arte por Salvador Rodríguez Becerra y Salvador Hernández González Universidad de Sevilla*- Una curiosa afición del X conde de Cabra por D. Antonio Moreno Hurtado

lunes, 3 de febrero de 2020

El Real convento de Santa Clara

El primer convento fundado después de la conquista

Puerta y parte de la fachada del convento
portada añadida en el siglo XVI 






Situado en la calle Rey Heredia se encuentra un verdadero tesoro patrimonial que como otros muchos es testigo del paso del tiempo... 
El antiguo convento de la orden de Santa Clara, luce airoso con el orgullo de ser el primer convento femenino fundado después de la conquista cristiana, alrededor de 1262.
Abarcó unos cuatro mil metros cuadrados de superficie, delimitando al Sur por la plaza Abades y calle de portería de Santa Clara.
Rey Heredia fue arteria principal durante la Córdoba musulmana; según Ramírez de Arellano en aquellos tiempos se la llamó Bens Alha, cuya significación es "Hijo de Dios". 
En época cristiana se le cambió a la calle varias veces el nombre:  Llamándose "de los Francos" o calle "del Duque" porque allí se encuentra el palacio que perteneció al hijo bastardo de Enrique II de Trastámara, como ya contamos hace tiempo en este blog (PARA LEER LA HISTORIA PINCHE AQUÍ)

Este convento se fundó en tiempos del rey Alfonso X  apodado "El Sabio" que dio orden a su medio hermano Luis de Castilla, señor de Zuheros y Marchena dejar disponible un palacio que se encontraba muy cerca de la propiedad y que pertenecía a la reina doña Juana de Ponthieu, segunda mujer del rey Fernando III. 
El infante don Luis, cumplió la orden, vendiendo sin dificultad el palacio, donde parece ser que nació, la carta de venta o escritura se leía lo siguiente:

 "(...) Yo el Infante D. Luis, fijo del Rey D. Fernando, que Dios perdone, vendo á vos Miguel Diaz, Arcediano de Córdoba, las casas que yo he en Córdoba en la collación de Santa María, cerca de Santa Catalina, facta carta 25 dias andados de Mayo, era de 1303", corresponde al año 1265(...)"
Escudo

Fundando en 1264 por don Miguel Díaz Sandoval, arcediano de la Catedral; hijo del que fue conquistador de nuestra ciudad D. Diego Gutiérrez, comenzando con apenas 6 monjas clarisas, de la Orden Franciscana bajo la advocación de Santa Catalina.
A partir de su fundación, las monjas se vieron favorecidas tanto con la protección Real como por el Concejo de Córdoba, gozando de una serie de privilegios y beneficios: Cada monja podía llevar otra mujer que le sirviera, como la abadesa doña Guiomar de Mendoza, que en 1494, contaba con los servicios de Marina Fernández, monja criada de la abadesa...
Podían heredar de sus familias y tener propiedades a su nombre, la cuales, alquilaban obteniendo rentas para mantenerse...
Llegó a ser tan relevante que tenía importantes donaciones y privilegios, como el otorgado por Fernando IV por el cual las religiosas podían tener un mayordomo, un pastor, un tejedor, un hortelano y un alfarero libres de impuestos. 
Alfonso XI concedió una limosna de 6 maravedíes al año a cada una de las sesenta dueñas que había en el monasterio, con cargo a las tercias reales.
 Los Reyes Católicos les concedieron trigo y 2.000 maravedíes anuales con cargo a las tercias y otras rentas de la ciudad; asimismo establecieron que un albañil y un carpintero trabajaran para el convento, llegando a tener más de setenta monjas en 1495

El conjunto era bastante extenso, formado por dos elementos constructivos diferentes: Uno, el convento con su iglesia sobre una "mezquita" y el otro el del palacio.
La mezquita fue descubierta por el arquitecto Víctor Escribano en una obras realizadas en 1965 y en la que hasta hace muy poco se contaba de que ésta había sido a su vez edificada sobre una basílica tardorromana, llamada Santa Catalina. 
Ubicado en una calle romana  y lo que sería una domus romana, aún conserva su cloaca y que según - el jefe de arqueología Juan Murillo- que llegaba hasta la puerta "Piscatoria" (Hoy Cruz de Juárez) 
¡Tendremos que esperar a próximas excavaciones!.
Arco cegado de origen musulmán

Sigamos:
Sobre la mezquita, tampoco se ponen de acuerdo ya que según Ruiz- Bueno es de la época Califal siglo X y otros creen que de época de Almanzor alrededor del año 1.000 y que por lo visto, guarda mucho parecido con otras como la encontrada en el Fontanar y de la que ya hablaremos más adelante.
Según D. Martín Talaverano aún se conservan elementos delimitadores en el patio del convento, de la que aún guarda vestigios en la calle Osio con su arco de herradura cegado.
O como su campanario esconde la silueta de un viejo alminar de planta cuadrada de 4,30 metros de lado; de la fabrica islámica original se conserva aproximadamente 9 metros de alzado. Se ascendía a él a través de una puerta abovedada ubicada en su lado Suroeste, cuyo vano tenía una anchura de casi un metro y dos de altura.
Con el uso cristiano del edificio el alminar duplicó su altura alcanzando 18 metros abriendo dos ventanas en su muros.
Campanario del convento
El Palacio y bodega de la reina doña Juana que dividía en dos la gran manzana adquirido para la ampliación del convento y que hasta su exclaustración en su portería hubo una inscripción que decía así:

"El rey don Alfonso el Sabio, hijo del Santo Rey don Fernando y la reina doña Beatriz, electo emperador de Alemania, fundó este convento de la Orden de Santa Clara, con la advocación de Santa Catalina, Virgen y mártir, por la era de 1.300, que es el año del nacimiento de Nuestro Redentor el de 1262 años".

Según nos cuenta el arquitecto Escribano Ucelay en su trabajo titulado: "Mezquita en la calle Rey Heredia"- La iglesia primitiva era de dimensiones muy reducidas, situada sobre la mezquita es la que se transformó en coro bajo y alto.
La comunidad empleaba este último por la proximidad a sus celdas y para huir del frio durante la noche.
Se levanta la nueva iglesia en el siglo XVIII, en su lateral camuflando la arquitectura de la mezquita, por lo que se desprende de lo referido por Ramírez de las Casas Deza.
Constaba de tres naves y tuvo cuatro altares en su planta baja, incluyendo el mayor, conjunto sin belleza. - siempre por palabras de Ucelay- cuenta que existió dos cuadros que en el Presbiterio, representando de cuerpo entero al fundador Don Alfonso el Sabio y a su mujer Doña Violante de Aragón, que se encuentran desaparecidos al igual que otro que hubo sobre la reja del coro bajo representando a Jesús Difunto sostenido por ángeles y otro más que estuvo sobre la reja del coro alto, de San Francisco, y que ignora dónde fueron a parar.
También se escribió hace más de un siglo, de otros cuadros que en esta iglesia antigua hubo: el del Descendimiento de la Cruz, del manierista italiano Daniel Volterra, la Santísima Virgen de Carlos-Morati, que de nuevo están desaparecidos ya que no están en el Museo ni estuvieron ya que en su inventario no figuran.

En el coro bajo- prosigue Ucelay- hubo un Santo Cristo tallado por la ya viuda escultora doña Mencía de la Oliva sobre 1550,  madre de Ambrosio de Morales, enterrado en San Hipólito. Cristo flojo, endeble que he contemplado dentro del refectorio del convento de Franciscanas de Santa Cruz.
Vista desde arriba Patio del convento

La nueva iglesia se levantó en su lateral camuflando la arquitectura de la mezquita, habiendo sufrido una reedificación en el siglo XVIII como escribe Ramírez de las Casas Deza.
Parece ser tuvo otras tres naves: la central muy alta, de solería al enrase de muro, por lo menos, unos ocho metros, con arcos entre ellas descansando sobre columnas y bellos mosaicos a los lados del comulgatorio.

Prosiguiendo con el trabajo de Escribano Ucelay- Cuenta que este convento tuvo algunas "joya" espirituales que se guardaron durante siglos en él: Como un lignum crucis o trozo de madera de la cruz, un hueso de San Pedro y otro de San Lorenzo.

Tres de los retablos de este convento fueron a parar a la iglesia de San Basilio del Alcázar Viejo: Una imagen de Santa Clara con los atributos que reflejaron su carácter y otra imagen de San Francisco de Asís. 
También se encuentra otro retablo de esta iglesia en Nuestra Señora de los Angeles en Alcolea.
Parte del interior del convento
Seis siglos duró la fundación cerrándose en 1868 cuando las monjas pasaron al Convento de Santa Cruz, situado en la calle Agustín Moreno y que era de su misma orden.
El convento ya vacío fue utilizado como polvorín y acuartelamiento militar como bien cuenta M.ª Teresa Pérez Cano en su trabajo- "Restauración de la iglesia del antiguo convento de Santa Clara de Córdoba. La puerta en valor del convento, investigación documental e histórico"- que encontró, en el Archivo General Militar de Segovia un expediente de exconventos femeninos de Córdoba donde aparece un escrito con referencia "Santa Clara" del año 1870, que va dirigido al señor Ministro de la Guerra solicitando la cesión del edificio de Santa Clara en Córdoba para el establecimiento de la factoría de provisiones y utensilios del Servicio del ejercito donde, al menos estuvieron un par de años.
Tras la decisión del ejercito de no quedarse ahí - prosigue Teresa P. C.-se pone a la venta  con el problema de que las clarisas jamás han tenido título de propiedad del convento y es por ello que se inscribe a su favor e 1873, más concretamente el 20 de marzo. 
Fotografía propiedad de A.J. González
techos

Se subasta el inmueble el 9 de agosto de 1872 por 85.411 pesetas, siendo adquirido en esa fecha por el doctor D. Mariano Vázquez y Muñoz

(...) Anunciada la subasta del mismo en el día nueve de Agosto del año anterior la remató Don Mariano Vázquez y Muñoz de cuarenta y dos años, casado, licenciado en medicina y Cirugía, propietario y vecino de esta Ciudad en ochenta y cinco mil cuatrocientas diez y una pesetas, pagaderas en quince plazos y catorce años, sin perjuicio de poder el comprador si le conviniese anticipar el importe de dichos plazos, cuyo remate fue aprobado por la Junta Superior de Ventas de Bienes Nacionales en doce de Septiembre siguiente y el comprador pagó el primer plazo que importó cuatro mil quinientas cuarenta y una pesetas y sesenta céntimos, por lo que el Señor Don Fernando de la Calle y Cantero, Juez Municipal del distrito de la derecha de esta Capital, e interino de primera instancia se la vende por el precio en quela remató, manifestando que está pagado el primer plazo y esto se acredita con la carta de pago inserta en la penúltima (...)

El comprador segregó el convento en cuatro parcelas entre las varias casas que actualmente componen la manzana; Levantó una nave contigua a la capilla de la Concepción para un mercado y parte de la zona interna, la que se transformó en lavadero público.

En 1962  fue comprado una parte para instalar allí el colegio mixto Julio Romero de Torres donde constaba de doce aulas: siete de niñas y párvulos y cinco para niños.
Posteriormente, y ya trasladado el colegio, se ubicó una sede del Consorcio de Turismo de Córdoba.
Fue en 1981 donde saltó la polémica ya que el alcalde por aquel entonces don Julio Anguita, quien quiso ceder el convento para culto islámico, al igual que había hecho con la mezquita del Morabito situada en la plaza de Colón que no fue muy bien acogida por los cordobeses al escuchar las palabras que tuvo Almitansir Al Kattani, consejero del rey de Arabia:
"Cuando seamos cientos de miles oraremos en la Mezquita de Córdoba" por lo que la cesión no se produjo.
Se Declaró Bien Protegido por la ley 16/1985  del 25 de junio del Patrimonio Histórico Español.
El Ayuntamiento de Córdoba inicia la restauración del convento que culminara, en 2028.
Según nos cuentan en Diario Córdoba, será un Museo de la agrupación de Hermandades y Cofradías. 
La Delegación de Cultura con la dirección técnica de Urbanismo acomete de manos de un equipo multidisciplinar una primera fase con un presupuesto de 485.000 euros del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, fondos Next Generation y se completaría en una fase posterior y un presupuesto global de al menos 2,5 millones. 
La empresa adjudicataria, Antroju S.L., es la misma que llevó a cabo la restauración de la Puerta del Puente. ¡Vamos a ver que tal lo hace!
Tendrá dos fases de realización: La primera se centrará en la restauración del antiguo Alminar del siglo X, declarado Bien de Interés Cultural,  se cree que podría abrirse al público en 2027



*Actualización febrero de 2023
*Actualización Junio de 2025



Fuentes consultadas:
Casa de Cabrera en Córdoba: obra genealógica histórica... por Francisco Ruano, Joannes Ribadas- Apuntes sobre el excepcional mosaico de la influencia bizantina en el antiguo convento de Santa Clara de Córdoba por Fernando Penco Valenzuela- Mezquita de la calle Rey Heredia por Víctor Escribano Ucelay editado en Anuario de estudios arabistas año 1964/1965-Análisis integrado de construcciones históricas: secuencia estratigráfica y diagnóstico patológico. Aplicación en la iglesia de Santa Clara por Martín Talaverano, Leandro Cámara Muñoz y Jose Ignacio Murillo Fragüero 3/07/2018- De “iglesia” tardo-antigua a mezquita califal. Revisión arqueológica de las estructuras conservadas en calle Rey Heredia 20 por Manuel D. Ruiz-Bueno y Carmen González-Gutiérrez, Universidad de Córdoba-Restauración de la iglesia del antiguo convento de Santa Clara de Córdoba. La puesta en valor del convento de Santa Clara. Investigación documental e histórico -arquitectónico realizado por Mª Teresa Pérez Cano 2007*-