En tres tiempos se divide la vida: En presente, pasado y futuro; de éstos el presente es brevísimo, el futuro dudoso y el pasado cierto... (Lucio Anneo Séneca)

sábado, 7 de agosto de 2010

Monumento del Gran Capitán

Monumento al Gran Capitán
Los cordobeses no concebimos la Plaza de las Tendillas sin el monumento al Gran Capitán.
Aunque puede sorprender a muchos, éste no fue en un principio el  emplazamiento de D. Gónzalo Fernández de Córdoba.
La idea de la colocación del Monumento partió de una asamblea según el periódico "El Defensor de Córdoba" fechado 18 de marzo de 1909:


"El proyecto de erigir un monumento al gloriosos patricio, guerrero D. Gonzalo Fernández de Córdoba. 


Al acto asistieron las autoridades eclesiásticas, civiles, militares, la aristocracia, academias, sociedades y todas las personas  que constituyen la fuerza viva de la ciudad.
La presidencia estaba ocupada por Manuel Cano y Cueto, gobernador civil, que tenía a su derecha al coronel del segundo deposito de caballos sementales D. Aniceto Ortiz de Saracho y a la izquierda al alcalde de Córdoba D. Antonio Pineda de las Infantas.... (...)
(...) Las bases de la reunión era elevar un mensaje al Rey para que se digne a patrocinar el erigir una estatua del Gran Capitán, encabezando la suscripción
Dirigiendo a las Cortes una solicitud pidiendo el bronce necesario con destino a la estatua
Se nombra comisión presidida por el alcalde para ir a Madrid y así interesar a cuantas personas se puedan al mejor éxito y para gestionar a S.M  el rey asista a la inauguración del monumento y que contribuya a la suscripción toda la familia, la grandeza de España y cuantos ostente los apellidos Fernández de Córdoba(...)
(...) Designar al conde Torres Cabrera, como descendiente del Gran Capitán, para que se encargue de dirigir las invitaciones de la nobleza a fin de que cooperen con la suscripción.
Aceptar el ofrecimiento del notable escultor don Mateo Inurria para la construcción del monumento.
El señor Carbonell (D. C) propuso que la comisión encargada de ir a Madrid esté compuesta por los firmantes de las bases:
Son estos, el señor alcalde y los concejales don Rafael Jimenez Amigo y don José Carretero Serrano por el Ayuntamiento, los diputados provinciales d. Patricio López Gonzalez de Canales y D. José de Viguera, por la Diputación y por la Academia de Ciencias D. Manuel Sandoval, D. Antonio Vazquez, D. José Amo Serrano y D. Francisco Marchessi (El coronel pintor)


La estatua fue encargada al escultor Mateo Inurria la realización de la obra que ascendía a 100.000 pesetas ¡De aquellos tiempos!
Se hizo una suscripción popular para recolectar el importe, e incluso el Ayuntamiento prometió que reforzaría la suscripción con 50.000 pesetas para poder pagar al escultor...
Pero los años pasaban y el señor Inurria no se atrevía a iniciar la escultura hasta que, al menos, le pagaran parte del trabajo.
En 1915 con ocasión de celebrarse el cuarto centenario del fallecimiento de nuestro ilustre paisano solo se pudo inaugurar el pedestal que había que realzar la figura del Gran Capitán, ya que aún el escultor no había recibido dinero alguno...
Habían pasado ochos años, la comisión que se había encargado de recolectar el dinero para la estatua, confiesa que todavía le quedaban 70. 000 pesetas para completar la cifra que costaba el trabajo.
Ni que decir que lo que dijo el Ayuntamiento sobre aquellas 50 mil que iban a poner, se quedó en agua de borrajas.
Mientras tanto, Mateo Inurria había acabado la escultura pero guardándose muy bien de entregarla hasta que se solucionara el asunto.
Precisamente esta estatua fue una de las obras por la que fue votado el escultor para la Medalla de Honor de la exposición Nacional.
Existe la leyenda de que la cabeza de mármol blando de Italia de la estatua se parece a los rasgos del matador de toros cordobés "Lagartijo" ya que el escultor hizo un magnifico busto al torero sobre su máscara mortuoria, obra que le tenía especial cariño el artista...
No es nada extraño que el autor rematara la escultura con el mejor de sus bustos... Aunque no existe documentación que lo afirme o que lo desmienta.

El 15 de Noviembre de 1923 es colocada la escultura de D. Gónzalo Fernández de Córdoba en el Paseo que lleva su nombre, y que hoy es avenida porque este fue el emplazamiento de un principio...
Para la inauguración vinieron los Infantes D. Carlos de Borbón - Dos Sicilias y doña María Luisa de Orleans, su segunda esposa; también los acompañó su hija Isabel Alfonsa, hija de su primer matrimonio, alojándose todos en la casa de la Marquesa del Mérito.
A lo largo de la avenida se coloraron los regimiento de La Reina, Ceriñona y Gallerano ( Hoy Regimiento de Infantería Mecanizada "Córdoba") y Sagunto así como de Artilleria.
Hasta un periódico de la época se hacía eco del asunto con esta frase:
"Bien vengan tarde las cosas si, al menos, como está, vienen buenas"

Más tarde, al Ayuntamiento aprueba un pequeño jardín en torno al monumento, existiendo un expediente en el archivo Municipal de la ciudad referente a la cuenta de 200 macetas satisfechas a 25 de mayo a la viuda de Rafael Laguna con ocasión de establecer un jardín entre esta estatua y su verja de cerramiento.
Pero sólo estuvo en esta ubicación cuatro años...
Cuando se elaboró el proyecto para modificar la plaza de las Tendillas es aprobado por el Ayuntamiento trasladar la escultura a la nueva plaza...
El proyecto fue de Felix Hernández y se ejecuta en 1.925, bajo la Alcaldía de José Cruz Conde, que propone fijar un estilo arquitectónico uniforme obligando a elevar las alturas de las edificaciones.
El espacio, a pesar de no tener edificios públicos ni representativos se convierte en centro neuralgico de la ciudad, al que se traslada en 1927 la estatua ecuestre del Gran Capitán, contando con la oposición vecinal que no aprobó el cambio de ubicación.
Letrilla de cuando al traslado:
 Cuando el Gran Capitán se enteró
 de que Cruz Conde se iba a Sevilla
 hincó espuelas al caballo
 y se plantó en las Tendillas.

En 1968, el Ayuntamiento se ocupó de embellecer la escultura dotándola de una corona de laurel, confeccionada en plata sobredorada obra del artista González del Campo, añadiéndole además una fuente circundante.
La remodelación de 1.998 la deja en su estado actual.
El invicto personaje aparece gallardamente aplomado en su silla de montar, vistiendo armadura y llevando en la mano, un bastón de mando.... El caballo, un hermoso animal de nuestra tierra con paso solemne que da sensación de caminar seguro...
Se alza sobre pedestal en el que aparecen dos escudos: 
El de los Reyes Católicos y el de Córdoba con dos inscripción que dice :
"Córdoba, casa de guerrera gente y de sabiduría clara fuente" y la otra: "Más quiero la muerte dando dos pasos adelante que vivir cien años, dando un solo paso hacia atrás"



Biografía: Cordobapedia- Evocación del acto inaugural de la estatua del Gran Capitán por R.G Diario de Córdoba 29/04/1953- Corona de laurel para el gran Capitán por Diario de Córdoba 1968- Vicisitudes al Monumento del Gran Capitán Diario de Córdoba 07/12/1968- Entorno a la estatua del gran Capitán de M. Medina Gonzalez Diario de Córdoba 09/12/1973-

sábado, 31 de julio de 2010

La campana de Santa Victoria y una cabeza de Santo





Situada en la primera sala de campanas de la torre de nuestra Mezquita Catedral nos encontramos ante otra campana de autor desconocido.
Fue fundida alrededor de 1764 pesa 319 kilos y tiene un diámetro de 82 centímetros.
Es la única campana que, junto al escudo episcopal, incluye el nombre del Obrero de la Catedral.
Tiene 82 cm de diámetro y pesa 319 kilos.
Su epigrafía es:


 "AÑO DE 1764 SANTA VICTORIA ORA PRO NOVIS".


El escudo episcopal lleva la divisa ya conocida:

"DISCERNI SOLA VIRTVS HOM HOM PAR" a la que hay que añadir "SIENDO OBRERO EL SD DON CAIETANO CARRASCAL DELGADO"

(Actualmente la campana que está en nuestro bello Campanario es una réplica de ésta fundida en 2005)



El Obispo Martín de Barcia o como yo le llamo, "el Obispo de las Campanas"  ya que por mis cuentas fueron tres las que fueron encargadas por este hombre... La de San Zoilo, la del Santísimo Sacramento y de la que estamos hablando.

Don Martín fue el tercer candidato para ostentar el Obispado de Córdoba.
Anteriormente, el Rey había elegido para este puesto a D. Manuel Quintano Bonifaz, inquisidor general y confesor suyo, pero éste le hizo ver al Rey que se tendría que venir a Córdoba para servir a la ciudad ya que ese cargo no podría hacerlo desde la distancia ... Lo que el Rey entendió que mejor sería quedarse con su confesor y nombrar a otro prelado para tal menester. Así que se decidió por D. Fray Tomás del Valle, Obispo en aquellos momentos de Cadiz... Éste alegó su edad avanzada rechazando el nombramiento...
¡De nuevo Córdoba era rechazada por otro Obispo!
El Rey, sin desfallecer en el intento, puso sus miras en D. Martín de Barcia que en aquellos momento se encontraba en un Obispado de castigo, Ceuta; según cuentan en el libro de los Obispo cordobeses.
Obispo Martin de Barcia
A su llegada se había extendido por muchas provincias de España una plaga de langosta y Córdoba se encontraba muy perjudicada en sus campos.
Los cordobeses habían visto asustados la aproximación y llegada del terrible azote que en un esfuerzo de los vecinos, la habían intentado combatir con los recursos de los tratados de agricultura de la época... 
¡Sin éxito con estos medios humanos!¡Solo quedaba recurrir al cielo! 
En la ciudad se vivía una atmósfera de piedad y penitencia: Novenas, rogativas públicas con los patronos, lentas procesiones movidas al ritmo de salmos penitenciales, prohibición de danzas y representación de comedias.
Pero la decepción llegó de nuevo, al ver que tampoco estos medios fueron suficientes... Dios se mostraba sordo a las súplicas cordobesas, y la langosta proseguía implacable su obra destructora...
El Obispo, al ver la situación, le pidió al Obispo Pamplonés que le prestara la cabeza de San Gregorio Ostiense, abogado especial contra esta plaga, para sacarlo en procesión.
La bendición del agua se hallaba sometida a una serie de ritos especiales y curiosos. La cabeza del Santo está totalmente recubierta de plata con un orificio en la parte superior del cráneo y otros en el cuello; mediante un embudo de plata se vertía el agua por la parte superior y tras bañar toda la santa reliquia salía por la parte inferior a una vasija de plata de donde era recogida cuidadosamente.
El agua santa pasaba por ella, para guardada en tinajas que los aguadores transportaban al campo para prevenir el azote de las plagas.

El navarro no muy conforme con transportar la cabeza del Santo hasta Córdoba, le ofreció el agua bendecida por el Santo, pero Barcia no contento solamente con el agua, ya que según él la situación requería también de la presencia de San Gregorio, se lo pidió al Rey y éste por real cédula le pidió al Obispo navarro que le prestara la reliquia para la procesión. De paso el Santo visitaría: Teruél, Murcia, Granada, Jaén, Málaga y Sevilla y provincias de Extremadura y la Mancha.
Cuando la reliquia llegó a Córdoba fue llevada por el Cabildo al Altar Mayor y se dieron vísperas solemnes y al día siguiente se dio una Misa con asistencia de toda la ciudad... Más tarde se hizo la bendición del agua.
Se llevó en procesión al Campo de la Verdad llevando los capellanes del Cabildo a la que seguía el Obispo y todos los cordobeses.
Claro, que la plaga acabó cuando las condiciones medioambientales fueron desfavorables para las langostas.


Fuentes consultadas: 
Catalogo de los Obispos de Córdoba- Autores de fotos e información de la campana ÁLVARO MUÑOZ, Mari Carmen; LLOP i BAYO, Francesc

sábado, 24 de julio de 2010

Leyenda del Obispo y las golondrinas en la Mezquita Catedral





Cuentan que en Córdoba en el año 1286 y era Obispo D. Pascual, acudían multitud de golondrinas a hacer sus nidos a la Santa Iglesia.
Cosa bastante lógica ya que era un sitio ideal para que las pobres aves anidaran...
Pero el problema comenzó cuando con sus molestos cantos perturbaban a los ministros de Jesucristo, al tiempo que se celebraban los oficios.
El Obispo dio la orden de retirar todos los nidos que las golondrinas habían hecho, derribándolos uno por uno, aunque de nada servía, ya que al otro día de nuevo habían construido sus nuevos nidos.
Cansados de derribarlos y de nuevo encontrarlos hechos por las traviesas golondrinas, el Obispo no tuvo más remedio que acudir a las armas espirituales...
Concertó día y hora para abrir un proceso contra ellas y la orden fue colgada en las tablillas de todas las iglesias cordobesas.



Se hizo juicio contra las golondrinas nombrando parte para que las defendiesen a un hombre piadoso y en contra al propio D. Pascual... Ambos expusieron sus alegaciones frente a las pobres golondrinas que miraban atónitas la cantidad de gente que ese día se encontraba congregada.
Llegando a la sentencia de que fueran expulsadas de la iglesia.
Desde el día que se leyó la sentencia jamás se han atrevido a anidar en semejante lugar.

¡Claro, esto no deja de ser una leyenda! ¿Pero es curiosa, verdad?


Fuente: 
El Catalogo de los Obispos de Córdoba- Foto recogida de Internet recogida de www.10thjune.moonfruit.com

sábado, 10 de julio de 2010

La campana más antigua de España es cordobesa



La campana más antigua existente en España es la famosa campana mozárabe cordobesa
Es de bronce y una campana de mano, con unas dimensiones de 19,5 cms. de altura y la misma longitud de diámetro máximo.
Alrededor tiene cincelada la inscripción siguiente:

"Offert hoc munus Samson abbatis in domum sancti Soebastiani, martiris Christi era DCCCC et XIII."

Por la inscripción en que viene labrada, se sabe que fue donada por un abad de nombre Sansón al Monasterio de San Sebastián del Monte situado en la Sierra cordobesa en el año 930, un año después de que Abd al-Rahman III se auto proclamara Califa.
Fue hallada en el siglo XVI en el interior de un pozo cercano a Trassierra y llevada al Monasterio de San Jerónimo de Valparaiso, de donde pasó a la Comisión de monumentos, y finalmente al Museo.


Fuente: 
Información recogida sobre la campana en campaners. com al igual que fotografía- Wikipedia

sábado, 3 de julio de 2010

La del Santísimo Sacramento y los púlpitos de la Mezquita Catedral






Ubicada en la primera Sala de Campanas, es una de las cuatro "Gordas",  del campanario de la Mezquita Catedral.
Aunque parece ser que una de las que menos se usaban, forma parte de una magnífica seria de campanas, fundida por autor anónimo.
Su diámetro es de 132 cm y pesa 1302 kilos fue fundida  en 1765.
Tiene una inscripción  que reza:

"ANNO DOMINI NOSTRI IESVCHRISTI MDCCLXV". 

Lleva como sus compañeras el escudo del Obispo, Martín de Barcias, que las mandó hacer, con la siguiente divisa:



"DISCERNIT SOLA VIRTVS HOM HOM PAR". 


La campana pende de tres gruesos ejes de hierro, que atraviesan sus asas. A los mismos ejes está fijado un precioso yugo, probablemente de madera de carrasca, decorado en rojo, que carece de todo efecto acústico.
El sistema de fijación del yugo es antiguo, mediante cuñas de madera y su colocación fue ordenada por el Obispo D.Martín de Barcia.
Este Obispo, como contamos en otra entrada, zamorano de nacimiento fue secretario del Cardenal Belluga en los últimos años de su vida en Roma; a la muerte de éste accedió al Obispado de Ceuta y más tarde al Obispado de Córdoba donde estuvo desde 1756 hasta su muerte en 1771

Cuentan que fue un Obispo generoso en donaciones a la propia Iglesia como pródigo en limosnas y ayuda a la gente humilde.
En el Campanario de nuestra Mezquita-Catedral lucen la campanas que fueron fundidas en tiempos de este Obispo que fueron tres.
Ésta, de la que estamos hablando, la campana de San Zoilo, de la que ya hablamos hace un tiempo y la de Santa Victoria.
También, costeó de su propio bolsillo los magníficos púlpitos labrados para la Catedral realizados por Verdiguier, su protegido al que también le fue encargado el Triunfo de la Mezquita- Catedral del que hablaremos en otro momento.
Según D. Pedro de Madrazo en su libro "Recuerdo y Bellezas de España" Cuenta que el Obispo Barcia mandó comprar caobas para la realización de los púlpitos y se le entregó al obrero mayor libramiento de 4.000 fanegas de trigo que produjeron 8.000 pesos. Depositando esta suma para asegurar en todo tiempos la conclusión de la obra y para los gastos de ésta iba dando libranzas la tesorería, el obispo murió sin verlos concluidos.


Púlpito realizado por Verdiguier
Púlpito realizado por Verdiguier






















Pero sobre todas sus insignes obras está su devoción al Santísimo Sacramento, que según el propio Obispo decía: " Único consuelo a los desterrados hijos de Eva", a este fin mandó fundir una campana con ese nombre y establece en Córdoba el jubileo Circular con grandes aprovechamiento de las almas, y honor a esta ciudad tan Católica.
Y no contento su singular amor a este divino misterio alcanzó también Bula para que éste utilísimo Jubileo se tuviese en todos los pueblos del Obispado



Fuentes consultadas: 
Autores de fotos e información de la campana ÁLVARO MUÑOZ, Mari Carmen; LLOP i BAYO, Francesc, documentación para la historia en el Catalogo de los Obispos- 

viernes, 25 de junio de 2010

Abderramán III.

El primer Califa cordobés



"...Y en todo este tiempo, he contado los días de pura y genuina felicidad que he vivido: Montan un total de catorce... No cifréis por tanto vuestras esperanzas en las cosas de este mundo."

                                                 Abderramán III.




Nació en el Alcázar cordobés un jueves del mes de Enero, veintiún días antes de la trágica muerte de su padre Muhammad.
Desgraciadamente su padre fue asesinado a golpes por su tío al-Mutarrif por las intrigas palaciegas.
¿Los motivos? Lo que siempre ocurría cuando un Emir proponía como heredero a uno de sus hijos, las envidias y las traiciones que siempre existieron en la Corte Omeya.
Al parecer, el Emir Abd Allah y padre de ambos, había propuesto a Muhammad como heredero suyo por sus méritos, lo cual irritó a Mutarrif, que era de sangre real por parte de madre, al contrario que Muhammad, que era hijo de una esclava cristiana... 
Así que Mutarrif, que se sintió despreciado por su padre al no ser su favorito, tendió una emboscada a su medio hermano y lo acusó ante el Emir por desobediencia...
Abd Allah mandó encarcelar a Muhammad, pero no castigó a Mutarrif porque en el fondo temía que alguno de sus hijos conspirara contra él, así que decidió que era bastante escarmiento y mandó poner en libertad a Muhammad que fue asesinado en la misma celda por Mutarrif, el cual fue ejecutado por orden de su padre.
Parte de la arqueta de Leire
en el que se representa al Califa
El destino de Abderramán siendo un bebé de días era incierto con la muerte de su padre y los tiempos que corrían, así que su abuelo el Emir, probablemente acuciado por problemas de conciencia por la muerte de su hijo, cobijó bajo su protección en Palacio tanto a la madre, una esclava de origen vasco llamada Muzayna que en árabe significa Lluvia, como al bebé que todavía no tenía ni tan siquiera la cuarentena. 

El azar es a veces caprichoso y el destino lo llevó a ser lo que nadie supo presagiar, el más célebre de aquella dinastía, el octavo y último Emir y primer Califa Omeya.

Abdalá, le tomó un especial aprecio que no ocultó a los ojos de los demás, pronto aquel niño fue el nieto preferido, al que llegada su adolescencia y mediante gestos tales como el que en alguna fiesta le hiciera sentar en el trono mientras él ocupaba un estrado a su lado, o que a la vista de todos se quitase su anillo para ponerlo en el dedo del nieto, destinó a que fuera su sucesor.
¡La infancia de Abderramán no fue nada fácil! A pesar de transcurrir en el harén de su abuelo conviviendo con su madre y sus tíos menores de edad además con las esposas y concubinas de su abuelo y con un buen número de servidores y eunucos, al frente del harén estaba su tía,  a la que llamaban al-Sayyida, es decir "La Señora" que para desgracia del pobre muchacho era hermana uterina del infante Al- Mutarrif, el asesino de su padre.
Ésta, se encargó de la crianza y educación del niño; lo que no le hizo la vida nada fácil al pequeño que según cuentan los cronistas lo trató con bastante dureza llegando al maltrato...

Tal vez ese fue el detonante que forjó esa personalidad, era cortés y benevolente para los que acatasen sus órdenes, pero extremadamente duro y cruel con quien se rebelase contra él.
Desde luego nunca olvidó y perdonó a su tía por el trato que tuvo con él y cuando sucedió a su abuelo la expulsó del Alcázar y la princesa tuvo de refugiarse en la casa noble de los Banu Hudayr, visires del Emirato... Muriendo dieciocho años después de la entronización de su sobrino y sin ser reconocida como parte de la Corte.

El joven Abderramán que siempre vivió en la Corte cordobesa, situación que no gozaron los propios hijos de su abuelo, tuvo una esmerada educación y demostró poseer la constancia y astucia propia de los Omeya, junto al valor personal y acertado sentido de la realidad, poseía además una inteligencia ágil y aguda. 
De indudable inclinación al conocimiento de las materias que entonces se consideraban imprescindibles en la formación de un hombre, que como él, estaba llamado a ocupar el más alto puesto en la sociedad en la que había nacido.
El Califa era de piel clara, sus ojos azules y su cabello rubio tirando a pelirrojo que intentaba ocultar usando tintes de alheña.
De corta estatura y complexión fuerte, tenía un aspecto atractivo, señorial y majestuoso que destacaba sobre todo, cuando iba a lomos de su caballo, a pesar de que los estribos no bajaban un palmo de la silla debido a la reducida longitud de sus piernas, sin embargo cuando iba a pie resultaba bajo para la talla media de los de su raza.

Sucedió a su abuelo a la edad de veinte años heredando un Emirato más nominal que real... 
Los Omeyas atravesaban el peor momento de la historia, con rebeliones de árabes, bereberes y muladíes, que junto con la desunión de los señores locales que controlaban las ciudades reducían el control efectivo del Emir a los territorios aledaños.
La expansión del califato Fatimí de Egipto, además amenazado por cada vez más poderoso rey de León.  
No tuvo más remedio que dedicarse a sofocar todas las rebeliones y a unificar los territorios lo que tardó alrededor de tres meses a la vez que redujo a Ibn Hafsun a la necesidad de traer mercenarios de Tanger y recluirse en Barbastro donde murió ese mismo año, aunque el todavía Emir tardaría más de diez años en derrotar a los hijos de éste. 


Las guerras son continuas, unas veces por la parte norte y otras por la parte de África porque ni la sumisiones eran duraderas, ni los cristianos dejaban descansar al cordobés por los continuos intentos de invasión. 

Y los reinos cristianos, ¿A que dedicaban el tiempo libre? Pues la verdad que tiempo libre poco. 
Mientras, Ramiro de León resolvía unos "problemillas dinásticos" que junto con sus hermanos tenían.
Veréis el lío: 
A la muerte de su padre Ordoño fue Fruela II que ya era rey de Oviedo, el que se quedó con el trono, dejando sin ningún derecho a sus tres sobrinos.
¡Pero poco le duró! Fruela murió a poco más de un año de lepra quedando una lucha interna entre el hijo de éste, un tal Alfonso al que llamaron "el jorobado "que apoyaban para subir al trono los asturianos y por otro lado los tres hijos de Ordoño: Sancho Ordoñez, Alfonso el que sería llamado "El Monje" y el propio Ramiro al que más tarde sería llamado "El Grande" que eran apoyados por los gallegos y portugueses.
Ramiro actuó rápido, pactando con Sancho I Garcés  e incluso casándose con la hija de éste llamada Urraca Sánchez... Aunque para ello tuvo que repudiar a su primera esposa a pesar de tener dos hijos con ella, para unir lazos con el pamplonés.
La victoria estuvo de parte de los hijos de Ordoño que echaron al intruso del trono dividiendo el reino de su padre en tres:
León se lo quedó Alfonso, Galicia hasta llegar al río Miño para Sancho y lo que hoy en día sería el norte de Portugal para Ramiro que sumiría el reino de Galicia a la muerte de su hermano y que una vez afianzado ordenó cegar a todos los miembros de la familia de Fruela para no tener de nuevo luchas internas. Comenzando un proceso de expansión territorial que no le gustó nada al cordobés, que había oído que se había aliado además del pamplonés con el wali de Zaragoza que estaba resentido con el Califa por haber mandado matar a un hermano suyo, entre ambos le tocaron tanto las narices a Abderraman III acercándose tanto a sus fronteras que no tuvo más remedio que declarar "La guerra ". 
A la proclama del Califa todo el mundo musulmán se puso en movimiento... ¡El punto de reunión! Los campos de Salamanca.

Cuentan los cronistas que el Califa salió de Córdoba acompañado de su guardia y lo mejor de su ejercito y a orillas del Tormes se montó un gran campamento en que se concentraron todos los musulmanes disponibles para hacer la guerra.
Era primavera del 939 cuando pasan el Duero sin apenas resistencia, talaron campos, incendiaron poblaciones y haciendo, según las crónicas, los estragos de las tempestades.
Los cristianos no tuvieron más ocasión que encerrarse en Zamora, aunque no era más que una treta ya que el cordobés supo que el rey Ramiro pretendía darle el gran golpe por la espalda.
Así que deja a gente cercando la ciudad y junto con sus mejores hombres marchan río Duero arriba en busca del ejercito leonés, encontrándose ambas huestes cerca de Simancas.
En el momento de entrar en batalla un eclipse solar oscureció el día que llenó de terror a los soldados de ambos bandos.
Que tanto cristianos como musulmanes presagiaron como una señal y más de dos días se tiraron tanto un ejercito como otro sin hacer movimiento alguno esperando ¡no sabían realmente el qué! hasta que al tercer día sonaron trompetas que anunciaban el combate.
Como clave de la batalla el no querer aceptar el ejercito musulmán ordenes de otros grupos de musulmanes que se habían unido a la llamada de la "Campaña del Supremo Poder" del Califa.
¿ Que qué hacían los cristianos? Bien atrincherados en las murallas de Simancas, todos juntos: Guerreros de León, de Galicia, de Asturias junto con refuerzos recién llegados de Castilla, Aragón y Navarra... 
Todos unidos por la cruz frente a la media luna, hizo que el ejercito más valiente y fuerte de Al Áldalus se retira con bastantes pérdidas e incluso el propio Califa herido ¡Vamos que le dieron una buena paliza!  
Una vez llegado a Córdoba Abderraman mandó ejecutar a los generales que le quedaron por no haber estado a la altura en el campo de batalla. 



Abderramán III fue el primer Emir que tomó el título de Califa a imitación de los de Bagdad y los pueblos para manifestarle su afecto le dieron los títulos de Imán de Al-Nasi-Ledin-Alla, el amparador de la ley de Dios, hasta estos momentos los soberanos cordobeses habían acuñado las monedas con las mismas leyendas que utilizaban los Califas de Oriente pero Abderramán puso ya sus nombre y títulos.
Mandó construir en la ciudad cordobesa nuevos palacios, ensanchó la gran Mezquita por la creciente población y dotó a la ciudad de agua potable, construyendo muchas fuentes y baños públicos.

Una vez asentado su reino y su poder, quizá como desquite a la austeridad de la juventud junto a su tía, relajó sus costumbres.
Entregado al vino y los placeres, su crueldad y prepotencia se acrecentaron, haciéndole protagonista de sucesos deleznables...
Según el historiador Omeya, Ibn Hayyan, su carácter se volvió tan duro que utilizaba los leones que le habían regalado unos nobles africanos para castigar con más saña a los condenados a muerte, pero esa crueldad solo se quedaba en la batalla o para escarmiento... 




Según cuentan bajo su mandato, la ciudad de Córdoba alcanzó el millón de habitantes una cifra demasiado exagerada, que para mi entender serían menos, cuentan que disponía de seiscientas mezquitas, trescientas mil viviendas, ochenta mil tiendas, innumerables baños públicos, setenta bibliotecas, una universidad, una escuela de Medicina y otra de traductores.
Amplió la Mezquita -Aljama incluida la reconstrucción del alminar y ordeno edificar la ciudad más bella del mundo envuelta en una bella historia de amor, Madinat Al Zarha.

Cuentan que para alimentar a toda la gente que vivía en la Madinat Al Zahra se necesitaban trece mil libras de carne diarias, además de aves, pescados, cereales, hortalizas, frutas, que llegaban a la Madinat en hileras de animales de carga que medían varios kilómetros.
Se calcula que el número de intelectuales protegidos por el Califa estuvo entre cinco mil y ocho mil...
El harén del Califa llegó a albergar seis mil trescientas mujeres y que por alguna de ellas, sintió tal ardor que "Abandonaba la batalla para correr a sus brazos".
Así sucedió con la primera, Fátima al-Qurasiyya, hija de su tío abuelo el Emir al-Mundir. La cual, debido a su rango llevaba el título de al-Sayyida al-Kubra, "La Gran Señora". Hasta una noche en que la solicitó y Maryam le compró la visita a la Sayyida y fue ella en su lugar a las estancias del Califa...
Apareció bajo los velos, procurándole tal agrado a Abderramán, que cuando descubrió el engaño en lugar de castigarle, la convirtió en su favorita durante años.
Luego llegó Mustaq, que fue la favorita del Califa en los últimos años de su vida y le dio el último de sus hijos, al-Mughira.

Apasionado por el lujo y la pompa, fue censurado públicamente por el Cadí porque dejó de cumplir sus deberes religiosos en la Mezquita Aljama tres viernes seguidos cuando dirigía con entusiasmo las obras del "Gran Salón del Califa" en Madinat Al Zahra.
No fue la única vez que fue censurado por el Cadí:
Una vez, quiso comprar un terreno para una de sus favoritas... Paseando, le gustó la casa que habían heredado unos niños huérfanos, que como tales estaban bajo la tutoria del Cadí.
Abderramán ordenó al albacea que se la valorase a la baja.
Cuando se enteró el Cadí, contestó al Califa que la venta de los bienes de los huérfanos sólo era posible por tres motivos:
- Por necesidad
- Por ruina grave
- O para obtener un beneficio para los niños.
Como ninguna de estas tres condiciones se cumplían y conociendo como conocía al Califa, ordenó derribar la casa y obtuvo por el material de derribo más de lo que ofrecía el Omeya



La corte de Abderraman III


Tenía Abderramán muchos hijos, pero de todos solo dos eran los que brillaban, uno se llamaba Abdalá y el otro Alhaken.
Abdalá era poeta, astrólogo y filósofo e incluso había escrito una historia de los Abbasidas,; y a pesar de que el Califa sabía que estaba bien preparado para reinar,  Abderramán al que más amaba era a su hijo Alhaken que lo educó con esmero proporcionándole los mejores maestros de todo el reino.
Su padre lo había declarado "Wali alahdi" príncipe heredero, ante todos las personalidades del reino...
Abdalá que sufrió como un desprecio hacía él que su padre escogiera a su hermano para sucederle el día que muriera y aconsejado por su entorno pensó en rebelarse contra su padre para arrebatarle el poder, posiblemente mal aconsejado por su entorno, guiados tal vez por su propia ambición, le decían que todos los cordobeses estaban resentidos de la preferencia de su padre por su hermano.
Así que tomó partidarios para su causa y estando en el intento de la conjura, el Califa se enteró del movimiento que quería hacer su propio hijo.
Mandó apresarlo y enviarlo al palacio de Al Zahra donde lo tuvo encerrado en una mazmorra durante más de una semana sin comida ni comunicación alguna.
Al cabo de estos días Abdalá fue presentado frente a su padre que le preguntó:
-¿Te tienes por ofendido porque no reinas?
Abdalá solo tuvo lágrimas por repuesta...
Abderramán III lo sentenció a muerte el día de las Pascua de las victimas, el señalado para estallar la conspiración.
Cuentan que Alhaken pidió a su padre el perdón de su hermano y que Abderramán le respondió: 
Bien está de tu parte interceder por tu hermano y si yo fuera un hombre privado y pudiera escuchar solo los sentimientos de mi corazón desde luego que accedería tus súplicas... 
Pero soy Califa así pues, ni tu desconsuelo ni las lágrimas de toda nuestra casa, pueden librar a mi desgraciado hijo a la pena debida a su crimen... 
Durante la Fiesta de los Sacrificios, Abdalá fue llevado a la musallá, oratorio al aire libre, donde fue degollado delante de la multitud...
Cuentan que esa vez fue la única que vieron llorar al Califa. 

Durante sus últimos años Abderramán, había dejado en manos de su hijo Alhakem la gestión del Califato, permaneciendo recluido en su ciudad dorada de Madinat al-Zahra.
En su estancia favorita, aquella con el suelo cubierto de arena en que tuvo lugar la novelesca audiencia a la embajada franca... Allí permanecía la mayor parte del día y sólo un contado número de personas tenían libre acceso.
Entre los escasos privilegiados estaba Hasday Ibn Saprut, su médico personal, quizá el único hombre que jamás le tuvo miedo, posiblemente porque conocía su más profundo y bien guardado secreto:
El obsesivo terror que sentía a morir envenenado a causa de la mordedura de una serpiente...

En la primavera de 961, el frío de la sierra cordobesa en Madinat al-Zahra hizo enfermar al Califa... Se temió que fuera una pulmonía, pero una vez más Hasday consiguió una curación sorprendente, llegó el verano y con el buen tiempo el régimen de vida y audiencias de Abd al-Rahman volvieron a su ritmo normal.
Sin embargo, con el retorno de los frescos otoñales la salud de anciano monarca empeoró nuevamente y en esta ocasión el judío sabía que, ni su depurada ciencia podía hacer nada por él... Y un martes del mes de octubre del año 961, tras cincuenta años en el poder y a los setenta de edad, dejando en el mundo once hijos, dieciséis hijas, la ciudad más hermosa y rica del mundo, Abd al-Rahman III murió pasando con todo merecimiento a figurar en las inmortales páginas de la Historia.


El día que fue enterrado el Califa, el patio exterior del Alcázar de Zahra presentaba un aspecto deslumbrador y armonioso, los guardias vestidos con los más vistosos y magníficos trajes se hallaban simétricamente colocados en la avenida de Palacio detrás de ellos una filas de esclavos negros de África, cubiertos con trajes blancos.
El salón Rico estaba rodeado con filas de guardias eslavos que tenían en una de sus manos las cimitarras desnudas y en la otra sus escudos... Los cadíes vestidos de blanco en señal de luto, los capitanes de la guardia y finalmente todos los destinatarios se encontraban frente al trono erigido en el centro del grandioso y bello salón.
En él, se encontraba sentado su hijo, que si no resultaba tan majestuoso como su padre si de presencia regia, y rodeado de sus hermanos y primos recibió el juramento de fidelidad el nuevo Califa Al Hakem II.

Pero eso, déjame que te lo cuente otro día.



Fuentes consultadas: 
Por qué  Abd Al-Rahman III sucedió a si abuelo el Emir Abd Allah  de Maribel Fierro Instituto de Filología, CSIC. Madrid - Abderraman III engrandeció la Mezquita por Juan Domingo Sanchez Diario de Córdoba 17/04/1960- Semblanza de Abderraman III por En-nuguairi Diario de Córdoba 14/10/1961- Recuerdos y Bellezas de España de P. de Madrazo- Historia de los musulmanes en España de Reinhart Dozy - Saladino por Julio Reyes Rubio- Breve historia de Andalucia de Manuel Peña Diaz- Wikipedia- El Islam y Al Andalus- Crónicas de la provincia de Córdoba de Manuel Gonzales Llana- La otra Córdoba de Galisteo Roger- Foto recogida de internet Retrato Abderramán de Juan Cantabrana